30.9.2008

Proyecto: Agujas – Concurso Internacional de Ideas e Imágenes: Argentina 2010

El ícono del Bicentenario, nuestro nuevo símbolo, que cambiará el perfil de la ciudad. En los últimos años, el mundo, y por ende nuestra sociedad, ha atravesado cambios radicales, profundos, irreversibles.

Hoy, una niña de cinco años no sabe qué cosa es una máquina de escribir. Pero una máquina de escribir había estado vigente, transformaciones mediante, durante un centenar de años. Erik Satie la había utilizado, allá por 1910, incorporándola por primera vez a una orquesta sinfónica.¿Qué representa un ícono? ¿Qué es un símbolo que habla de otro símbolo?
¿Cómo mostrar, cómo construir la identidad de una cultura, de una región, de un lugar en el mundo?
La Identidad es un punto de llegada, no un punto de partida. Los iconos más reconocidos, los más exitosos, los más representativos de tantas ciudades del mundo, han comenzado sus días siendo rechazados, criticados, aborrecidos como monstruos malformes.

Cuenta Roland Barthes que Maupassant desayunaba a menudo en el restaurante de la Torre Eiffel, pero la torre no le gustaba: «Es -decía- el único lugar de París desde donde no la veo».
(…)
«La inutilidad de la Torre siempre se ha percibido oscuramente como un escándalo, es decir, como una verdad, valiosa e inconfesable. Antes incluso de que se construyera, se le reprochaba que fuese inútil, lo cual se pensaba que bastaba para condenarla; no pertenecía al espíritu de una época de ordinario consagrada a la racionalidad y al empirismo de las grandes empresas burguesas el soportar la idea de un objeto inútil.»
(…)
«Y es que en este caso las razones utilitarias, por mucho que el mito de la Ciencia las ennoblezca, no son nada en comparación con la gran función imaginaria, que a los hombres les sirve para ser propiamente humanos.»

Al igual que la Torre Eiffel, muchos íconos urbanos tuvieron dificultades para ser aceptados como parte del paisaje cultural.
La inutilidad funcional, la falta de racionalidad, el carácter simbólico, representativo, emocional de estas obras se construye sobre la base de una propuesta atrevida, audaz, empresarialmente ambiciosa, y un debate que, generación tras generación, va densificando conceptualmente la obra.

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No es una plaza, sino un gran jardín
Un jardín es distinto de una plaza institucional. Un jardín necesita ser cuidado, esta sujeto a las fuerzas de la naturaleza, es dinámico . «Hasta un jardín de piedra es lo contrario a la estaticidad» Yolanda Capriglione, profesora de la Universidad de Nápoles.
El jardín es un desafío a la naturaleza. «El jardín es un concentrado de los miedos del hombre por no poder controlar a la naturaleza, el viento, el sol, el calor».
El jardín no es un apéndice. Permite estar a cielo abierto, proyectar una ocasión. El jardín tiene esa dimensión ética.

Un Icono Interactivo
Ciento cuarenta y cuatro agujas se elevan hacia el cielo.
Se mecen con el viento como juncos crecidos al borde del río, como los cabellos de las esculturas de Lola Mora.
Se agitan con la sudestada.
En sus bases, en contacto con el agua del río, un paseo costero se ofrece al visitante. A este paseo se puede llegar tanto por tierra como por agua, desde los veleritos que suelen frecuentar los fines de semana nuestro río.
De noche, crean un paisaje nuevo en el cielo. Las agujas poseen en su parte superior, un sistema de iluminación (leds), que formarán imágenes autoorganizadas, nubes, figuras geométricas, siluetas. Podrán ser activadas desde los teléfonos celulares por los visitantes al parque. Y formar una nueva constelación en el cielo de Buenos Aires para los porteños, los bonaerenses, los argentinos, los extranjeros, los navegantes…

Una postal para Buenos Aires
Miles de leds blancos forman constelaciones aleatorias sobre el cielo de Buenos Aires. Podemos transformarlos por medio de nuestros teléfonos celulares. Podemos jugar con las nuevas constelaciones del sur, mientras desde los aviones Buenos Aires regala a los pasajeros una visión inolvidable.
El icono presenta elementos luminosos para ser vistos, más que para iluminar un objeto.
Miles de pequeños movimientos acompasados; una danza perfecta, un mecerse de juncos brillantes, en la noche de Buenos Aires.
Mirarlos, solo como se mira las nubes; contarlos es imposible. Moverse alrededor, sin abandonar nuestra condición de pequeños peatones.
Asombrarse a cada momento por cada nueva conformación.
Llueve en Buenos Aires. Pero la lluvia no llega al paseante que visita este bosque de capilares altísimos. La lluvia regresa al río, a través de estas columnas flexibles, antes de tocarnos.
Miles de perspectivas impensadas. Miles de visiones nuevas, sorpresivas, inesperadas. Desde Caballito, desde Barrio Norte, desde Avellaneda, desde San Isidro, se ve la nube de luces en la noche, la cadencia de los cientos de rebotes, sus sonidos. Debajo, los músicos registran el sonido de la sudestada entre las agujas del nuevo símbolo de la ciudad.
En ese mismo día de verano, al parque se llega también en barcos pequeños. La plaza de encuentro entre los navegantes, los paseantes y los turistas produce multiplicidad de recorridos.

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El Parque-Jardín
La ocupación del área de Intervención consta de tres segmentos bien caracterizados.
Al norte, un área cultural, con un teatro interactivo digital. Las nuevas tecnologías para la representación y las actividades performáticas. La decisión de utilizar plantaciones industriales en lugar de ornamentales responde a una voluntad de integración. Que los visitantes paseemos entre jardines de lino, girasoles, yerba mate, menta, trigo, albahaca. Que nuestros niños aprecien sus perfumes, sus colores, sus ciclos desde que son pequeños.
Los verdes del laurel, de la citronella, de la menta, de la soja, hierbas aromáticas, gramíneas.
En el extremo sur, frente al río, una plaza cuadrada y blanca refleja la luz plateada de la luna. Cubierta por completo de sal, esta plaza nocturna presenta en el centro un cantero plantado con flores. Son Damas de la Noche, que florecen durante la noche y mueren con la luz del sol. Para llegar a ellas, atravesamos un pequeño desierto, metáfora del despojo. Al llegar al centro, una perfumada visión nos recompensa.

Un parque didáctico y sensorial.
Una metáfora de la Argentina.
Un encuentro cultural, rural, urbano, tecnológico, poético.
Una posibilidad de intercambiar, de reemprender caminos.

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