5.1.2026
Casa Bahía de Banderas: habitar mirando al mar
Desde el primer gesto —tomar con ambas manos las puertas principales y abrirlas hacia dentro—, el mar se impone como protagonista absoluto en la casa. Esa fue la petición clara de los propietarios: que el paisaje se revelara en un solo movimiento.
El proyecto, firmado por o.d.e. (Oficina Documental de Espacio) y desarrollado en conjunto con BT DEV y construido a detalle por TUCA, toma esta intención como punto de partida para el diseño de una residencia donde el acto de habitar se construye en torno a la contemplación.
Ubicada en Bahía de Banderas, México, esta casa para una pareja de extranjeros retirados se despliega sobre un terreno de 2,350 m2. El enfoque conceptual del proyecto toma como inspiración la obra Plaza de Italia con fuente (1969) de Giorgio de Chirico. Las referencias al pintor italiano se traducen en una arquitectura simétrica, serena y metafísica, donde la geometría, el silencio y la proporción son vehículos de contemplación.
La disposición de la casa está definida por un eje central: un pórtico que estructura y conecta. Este gesto organiza los espacios —habitaciones a los extremos, zonas sociales al fondo y enmarca la vista hacia la bahía y potencia la ventilación cruzada natural.
Así, el mar se vuelve una presencia constante en la experiencia cotidiana. Las áreas sociales —sala, comedor y cocina— se abren completamente al paisaje, mientras que las habitaciones, orientadas al norte y con vistas controladas hacia patios laterales, ofrecen privacidad sin renunciar al confort climático.
La normativa de techos inclinados por parte del fraccionamiento fue interpretado como una oportunidad. Los techos a dos aguas de madera se utilizan al interior de la casa, como un gesto de la arquitectura tradicional mexicana reinterpretado mediante un lenguaje contemporáneo, sobrio y atemporal.
Los pórticos y pasillos que conectan el interior con el exterior funcionan como transiciones fluidas, creando un diálogo constante entre los espacios cerrados y el jardín. Ofrecen una secuencia rítmica de columnas delgadas de madera y techos ligeros, con una estructura elegante que enfatiza la conexión visual con los jardines y la bahía.
En el interiorismo, el trabajo de Adriana Olmedo junto con la propietaria apuesta por materiales que dialogan con el entorno y refuerzan la atmósfera cálida y local. La cantera, la madera y el mármol crean una paleta armónica, pensada tanto desde la estética como desde el confort térmico. El mobiliario, diseñado a medida, consolida la unidad entre espacio y habitante.
El ecosistema local motivó una estrategia de paisajismo consciente, realizada en colaboración con Estufa Forestal. Se eligieron especies nativas, adaptadas al clima costero, con el objetivo de crear un jardín resiliente, estable y coherente con su contexto.
“Su deseo era abrir con ambas manos las puertas principales hacia adentro y encontrarse de inmediato con el mar”, recuerdan los arquitectos Andrés Guzmán, Alejandro Gutiérrez y Rafael Barbato, de o.d.e. Casa Bahía de Banderas es una residencia donde el mar deja de ser paisaje para convertirse en una presencia cotidiana, esencial en la experiencia de habitar.











































