29.5.2013

Recuperación del antiguo matadero en el campus de la Universidad de Roma

En los últimos diez años, el barrio de Testaccio, en Roma, se ha convertido en un taller de experimentación sobre transformaciones urbanas. Como se trata de un área estratégica significativa para el desarrollo urbano, plantea la difícil cuestión de reflexionar sobre la cultura y la arquitectura de la ciudad, sobre todo por la existencia de áreas y espacios que necesitan ser recuperados y reintegrados en el complejo nuevo modo de vida urbana postindustrial.

El ex matadero fue construido entre 1880 y 1890 siguiendo el proyecto del arquitecto e ingeniero Gioacchino Ersoch, en ese momento uno de los más avanzados en su tipo. Los pabellones muestran un sistema constructivo simple: volúmenes de planta rectangular, ladrillos y estructuras de toba con aberturas regulares, revestimientos de cubiertas inclinadas apoyadas en armaduras de hierro. Considerado uno de los mejores ejemplos de ingeniería civil de la arqueología industrial del siglo 19 en Roma, en los años setenta fue desafectado, pasando desde entonces por distintas reformas para adaptarlo a nuevos usos efímeros. Hoy en día la propiedad es compartida entre el Ayuntamiento y la Universidad Roma 3.

Teniendo en cuenta los temas extremadamente delicados de preservación de las construcciones del siglo 19 y obviamente de la arqueología romana entre 2001 y 2013, el estudio Insula coordinó la recalificación de todo el complejo, así como la intervención para la recuperación del campus universitario, la realización del estudio de viabilidad y el diseño del esquema de toda la zona y los pabellones. El proyecto fue concebido como un delicado equilibrio entre la intervención y la conservación, siguiendo diferentes enfoques: de restauración y conservación para aumentar las superficies internas, junto con el derribo de los pabellones recientes. La primera intervención fueron el Pabellón 6: baños y sala de máquinas; y el Pabellón 7: una gran sala cubierta de 85 x 15 x 10 metros con cuatro grandes lucernarios en la parte superior.

El objetivo del proyecto era disponer de tres aulas taller y un auditorio con 260 asientos. Los arquitectos optaron por exaltar el volumen industrial y crear espacios separados y acústicamente aislados a través de la inserción de tres tabiques de acero estructural con una membrana transversal parcialmente transparente y luminosa, de una selección de materiales básicos (acero, madera, vidrio) y de la elección de los colores (azul, blanco y gris). Grandes podios geométricos y largas tablas de pared suspendidas restablecen la escala humana y ponen de manifiesto la utilización didáctica del lugar.

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