19.11.2013

Concurso Escuela Técnica de la UBA, Mención Honorífica

El terreno de media manzana, irregular, la preexistencia del Palacio Otamendi -construido en la década de 1880-, árboles a preservar, y la propia naturaleza del programa, suponían pensar la estrategia de implantación en una serie de edificios aislados.

Bajo esta premisa, la propuesta se centra en la creación de un basamento público de acceso restringido que articula todo el programa de la escuela. Distintos edificios albergan estos programas y configuran los bordes del lote que a su vez definen la espacialidad interior de la implantación.

Este gran lugar interior, al que podemos acceder desde diferentes puntos, funciona como espacio de interacción para los alumnos y también como un nuevo espacio para la comunidad; tiene características de espacio público. Al considerar los edificios como puntos de atracción, son los recorridos entre estos edificios los que crean la dinámica de los encuentros. Pensamos en esta clase de interacciones que ocurren en la vida cotidiana en un espacio colectivo.

Distribuir el programa en edificios separados, por un lado permite que la escuela sea construida en etapas sin afectar su funcionamiento general, factor que debería ser considerado en toda construcción de un edificio público; y por otro, posibilita definir técnicas proyectuales específicas: desde la organización de los espacios y la relación de los programas entre sí, hasta la propia elección de los sistemas constructivos.

Si en toda aparente restricción podemos encontrar respuestas a un problema, fue en la propia ubicación del palacio y de los árboles existentes, conservados en un ochenta por ciento, donde encontramos algunas de las directrices para la implantación de los edificios y la distribución del programa. Aunque sea el espacio público en planta baja el que comunica un edificio con otro, existe entre ellos una estructura circulatoria interna que los conecta entre sí por medio de puentes, uniendo todo el programa principal: ciclo básico, ciclo superior, biblioteca, administración, laboratorios, espacio para el arte y talleres; una vez que se accede a un edificio se puede ir a los otros sin necesidad de bajar al patio.

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El Palacio Otamendi, que alberga la administración y la biblioteca, establece diferentes relaciones de proximidad entre los distintos edificios que buscan tenerlo siempre de escenario para enfatizar su importancia en el conjunto como elemento integrador de la propuesta: al caminar, por ejemplo, por los espacios circulatorios de los nuevos edificios siempre lo tendremos a la vista.

Conectado a palacio, el edificio de laboratorios conforma la esquina de las calles Sarmiento y Lavalle, es ahí donde se encuentra en la planta baja la sala de exposiciones en una relación visual directa con la calle. Comparte núcleo de escaleras y ascensor con el edificio de talleres para maquinarias, al que también se conecta a través de un puente; este edificio, ubicado sobre la medianera de la calle Lavalle, oficia como telón de fondo al palacio y al mismo tiempo resguarda del ruido a las otras actividades de la escuela; por la naturaleza colectiva de programa fue planteado como un espacio común en lugar de aulas separadas.

Al reconocer la importancia institucional del proyecto, la cercanía con la estación de trenes y la relación con las construcciones en altura de los alrededores, se determinó la altura máxima del edificio de aulas -ubicado sobre la calle Sarmiento- en base a la altura de la torre del Palacio Otamendi. La marcada tensión entre estos dos edificios se resuelve por medio de una buña que los separa y al mismo tiempo los unifica.

El edificio de aulas alberga el ciclo básico y el ciclo superior, además del comedor con terraza en el cuarto nivel, que marca el quiebre volumétrico del edificio. La sala de exposiciones en planta baja completamente vidriada permite visuales hacia el exterior y hacia el interior enfatizando la idea de un espacio permeable y transparente. Desde los espacios de circulación en los demás niveles siempre se tiene el patio principal como escenario.

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El gimnasio/SUM completa la intervención sobre la calle Belgrano, y define los límites del patio central en conjunto con el edificio principal y el bar. Además de las actividades deportivas habituales, puede utilizarse como salón de actos o como espacio para actividades barriales; la abertura de las carpinterías duplica el tamaño del patio central.

Se optó por materiales simples y nobles que no requiriesen tecnologías constructivas complejas para así garantizar buenos estándares de calidad en la ejecución y facilitar la manutención a lo largo de la vida útil de los edificios. El afuera es una cáscara de ladrillo opaca y el adentro un corazón de vidrio en un permanente juego de transparencias y reflejos entre un edificio y otro; por momentos estar en el patio es casi como estar en un caleidoscopio.

Además de dar respuestas a problemas técnicos, estéticos y simbólicos, consideramos la propuesta también en su dimensión ética: creemos en la revalorización del rol del la enseñanza pública, así como creemos que debemos como profesionales asumir un compromiso intelectual en la creación de espacios que nos pertenezcan y que sean pertinentes para la educación pública.

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