11.11.2005

Palacio de Congresos y Hotel de Palma

La solución para el nuevo Palacio de Congresos y Hotel de Palma puede interpretarse en términos de dos grandes trazos que discurren según los límites norte y sur de la parcela enfrentada al mar. Dos trazos de muralla desposeídos de su densidad física pero dotados de intensidad funcional y significación arquitectónica.

Uno, el orientado al norte, contiene todos los servicios de apoyo a los usos principales, también los accesos de suministro y personal. Pero el más importante, el orientado al sur y al mar, será una fachada profunda, fachada-espacio constituida por un denso entramado vertical que rememora la densidad de las murallas, de cuatro metros de profundidad, evita la iluminación directa del interior, pero permite sin embargo ubicar escaleras, algunas mecánicas, que conforme se suben o bajan dejan ver el horizonte marítimo. Estos elementos de comunicación se manifiestan al exterior, como grandes pantallas de vidrio incrustadas en el conjunto de la trama.

En las plantas bajas la profundidad de la fachada permite ubicar los accesos marcando la transición entre el interior y el exterior, así como locales comerciales que, situados junto a las zonas de exposiciones, quedan orientados hacia lo que será el nuevo boulevard costero.

La distribución lineal del programa permite que las áreas del edificio puedan funcionar y explotarse de una manera relativamente independiente. Los accesos públicos se localizan básicamente en la fachada situada en continuidad con la calle Manuel Azaña, subrayando la importancia de la misma, y en el paseo marítimo en el caso de los auditorios, y a lo largo de este último para área de exposiciones. La planta baja, más retranqueada, crea un espacio de recogida y accesos, sombreado y al abrigo de la gran fachada resolviendo así la estrechez e inmediatez de la parcela con sus límites urbanos.

La materialización de todo el conjunto pretende por un lado utilizar la luz de Palma y crear un sistema de reflejos y sombras marcadas. Por otro se idea configurar un ?gran pez? yaciente, varado a la orilla del mar, de formas y geometrías definidas pero de tránsito suave, que viene a explicar la geometría continua de la propia cubierta, sólo vaciada en el jardín colgante del restaurante que aparece como un gran mirador con vistas directas al mar y sobre el boulevard costero.

En la fachada sur las escaleras se proyectan en el exterior en forma de cajas de vidrio reflectante obtenidos a partir de las superficies de cristal tratado con proyección de zinc que dibujan grandes ?caballitos de mar? que se ven desde la distancia. Son estas superficies las que asumirán un valor de referencia permitiendo acercarse hacia la línea exterior del edificio, proyectarse hacia afuera según se asciende y mirar el horizonte sin sufrir los efectos de la radiación solar.

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