26.1.2022

Leña Marbella

Este nuevo espacio culinario, diseñado por el estudio Astet para el Grupo Dani García, atesora la esencia de lo primitivo, del fuego, de las brasas y de materias primarias como la piedra y la madera, que envuelven no sólo el proyecto de interiorismo, sino que también son las bases para la preparación de la propuesta gastronómica.

Refinar el primitivismo, volver a la tierra y al fuego

-Concepto de Proyecto de interiorismo-

Leña es un steakhouse donde la protagonista es la carne y donde los diferentes modos para cocinarla, como puede ser el ahumado y las brasas, dan el sabor y también el concepto para este espacio.

La madera, la leña. Sus texturas, sus huellas marcadas por el paso del tiempo y su relieve orgánico, crean el ideario de este proyecto. El uso de este material y su origen, el tronco, crean un entorno completamente diferente y una experiencia multisensorial.

Todo el espacio queda teñido de negro, un azabache intenso. El negro como color dominante, lo cubre todo, paredes, techos, suelos y mobiliario. Se crean matices desplegando una paleta que se aviva o se apaga según sea necesario. Texturas y contrastes permiten ver la inmensidad de variables que tiene el negro en Leña.

Este tono surge como testimonio de la madera quemada, carbonizada, mediante la técnica japonesa Yakisugi. El país nipón sirve también como referencia para el plato estrella de Leña, la ternera Wagyu. El negro es el mejor fondo para destacar los colores de la carne y de los platos del restaurante.

La naturaleza se hace presente en todo el espacio. Lo orgánico establece la pauta que da forma a los elementos que conforman el ambiente.
Esta organicidad se expone en el techo, que adquiere gran importancia, en todo el espacio. Líneas sinuosas, extruidas a diferentes alturas, de madera de fresno teñido, nos evoca a los anillos de un tronco cortado y conforman la escultura luminosa que cubre todo el restaurante. La luz tenue, crea la sensación de que cada anillo está en llamas y nos recuerda que el fuego es algo latente en la cocina y en el entorno. La sombra es un elemento que define los volúmenes y despierta la curiosidad para adentrarse en los diferentes rincones del interior.

Volver a la tierra, a las texturas crudas, es otro de los recursos que establece un diálogo con la experiencia interior. Las piedras que son usadas para generar el fuego, también son un elemento que dota de tacto visual a la atmósfera. Dos volúmenes rocosos que se suspenden y emergen, crean un contrapunto con el lienzo oscuro.

Ya desde la entrada se crea la percepción de que Leña es algo diferente, una fachada de formas redondeadas en metal negro nos remite al corte de los troncos. Se alterna el vidrio transparente con un vidrio diseñado exclusivamente por el estudio para el proyecto, de tono ámbar y textura piramidal, que entrecorta la visual y crea interesantes efectos ópticos.

En esta zona exterior, un suelo de tacos de madera, colocados meticulosamente separados entre sí por líneas de gravilla negra, crean el suelo independiente de la terraza. Muebles de madera y mesas metálicas, crean una zona dinámica de antesala al restaurante. Durante el verano dos puertas de la fachada se abaten para unificar interior y exterior en un único espacio.

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Ya traspasada la puerta de entrada, un vestíbulo completamente opaco, curvo y de madera, nos da la bienvenida a la nueva experiencia culinaria. Tanto el techo como el suelo de este pequeño ámbito, juegan con las texturas, refinando el primitivismo del fuego y la madera.

Esta opacidad en la entrada potencia aún más el efecto sorpresa al descubrir lo que se encuentra tras ella.

El espacio interior se distribuye en una planta abierta, que crea ambientes y percepciones diferentes, según donde el cliente se siente, cada rincón es una experiencia en sí misma, que muestra matices, colores y texturas diferentes.

El primer espacio es un whiskey bar, en el que la barra, un tronco de más de 5m de longitud troquelado por franjas de espejo, crean una percepción infinita de los cortes. El sobre de una piedra tropical negra veteada, da carácter a este elemento.
La zona de la trasbarra, que funciona como separador de la sala, es un escalonado expositor de las diferentes variedades de whiskey nacionales e internacionales. Esta estructura de madera texturizada y latón, crean un elemento casi escultórico para exponer e iluminar las botellas de esta bebida añeja.
Un copero suspendido de latón que funciona como luminaria acompaña la trasbarra y pone el contraste con el tono negro de la barra. El gran lucernario dota de iluminación natural al espacio y une en luminosidad este espacio a la terraza exterior.

Dos formas curvas de madera enmarcan la zona de recepción, donde una pieza esculpida conforma el mueble que da la bienvenida a los clientes. Esta textura volumétrica nos sugiere un claroscuro que dota de volumetría al elemento. Su tono arenisco, contrasta con el tono negro del suelo y techo. A su vez este color, enlaza con las otras dos zonas que ponen el contrapunto al azabache interior, la zona de los aseos y la bodega.

Ya en la sala, el techo escultórico nos guía por los volúmenes orgánicos que componen los asientos-escultura que articulan los espacios.
Dos grandes bancos conforman esta sala. El primero adosado al muro, en negro y con estructura torneada, destaca del fondo de humo retroiluminado, lo que crea un efecto etéreo en uno de los laterales del interior. El segundo, un volumen orgánico que se curva y se eleva en sí mismo, consigue componer microespacios donde adentrarse y degustar los platos del restaurante.
Este banco central, se conforma de una estructura de lamas de madera quemada, que coinciden, por un lado, con los gallones de piel negra de los bancos longitudinales y que contrastan con el tono caldero de los bancos curvos de los extremos.
Una línea extruida de latón potencia la forma natural de este elemento y nos enlaza con la sinuosidad del techo. En su centro plantas y troncos se mezclan, incluyendo la naturaleza en el interior.

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Butacas diseñadas por Astet, crean uniformidad cromática con los bancos y mantienen una paleta de tonos calderos y anaranjados que nos siguen recordando los matices del fuego. Sillas de estructura ligera y piel se alternan con las butacas más pesadas para dotar de equilibrio a las composiciones. Mesas con patas escultóricas, también diseñadas por el estudio, mantienen la idea de esculturas funcionales.

Grandes alfombras de materiales pétreos se alternan en el suelo, contrastando con el suelo de lamas longitudinales de granito negro zimbawe. Dos alfombras de piezas irregulares, con despiece a la palladiana de mármol negro Marquina, delimitan la zona del bar y de otra zona de sala. En la zona central un suelo de terrazo, con piedras marrones y ocres, crean la nota de color y se unen con los tonos del espacio.

El fondo de esta zona central, queda caracterizada, por una gran vitrina longitudinal, de madera de fresno, tintada en negro, que juega con texturas cinceladas con texturas sobre texturas, para crear un fondo táctil. Grandes paños de piedra brasileña retroiluminada simulan la sensación de estar sobre brasas. Estas piezas son el fondo para exponer los cuchillos de los clientes VIP, que quedan suspendidos, levitando sobre estas superficies pétreas. Junto a este mueble, una gran vitrina refrigerada sirve para exponer el producto que el chef crea para sus clientes, la base negra texturizada destaca los tonos del producto expuesto.

Contiguo a la vitrina se encuentra el aseo, un ámbito diferenciador en sí mismo.

Una gran piedra suspendida y encajada en un vidrio que muestra el efecto de humo in crescendo separa como hito la sala y el aseo. Este elemento funciona como contenedor de un lavamanos excavado en su interior. Una pieza escultórica de terrazo en tonos marrones y negros crea el lavamanos que queda integrado en esta piedra cortada por su cara interior y contrasta con el envolvente y asombroso pasillo de las cabinas.

La opulencia del latón, su superficie pulida, contrasta con la textura árida de la roca que contiene el lavamanos. Tras pasar el muro separador de vidrio, nos adentramos en un espacio longitudinal abovedado, en tono crema y latón, que nos transporta a otro lugar. Espejos dinámicos crean una suerte de perspectivas del espacio, texturas talladas en formas piramidales, crean muros y puertas para el interior de las cabinas. Este contraste luminoso, claro y pulido, nos lleva a un espacio industrial, oscuro, en el interior de las cabinas. Grandes fotografías artísticas de reses nos recuerdan que este espacio es para disfrutar de la carne.

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El espectáculo del fuego, de las brasas y de los cocineros está en la cocina. Como si de un teatro se tratara, la zona de la cocina se abre al restaurante a través de una piel de latón calada que se clava en la gran piedra volcánica que conforma la zona de la robata.
El interior de la cocina es plomizo, revestido por piezas cerámicas en antracita, diseñadas por el estudio, que juegan con las diferentes dimensiones y volúmenes, dotando de textura a los paramentos. La Iluminación casi teatral muestra las diferentes zonas de la cocina, como si de diferentes actos se tratara.

Junto al open kitchen se encuentra otro volumen orgánico a modo de banco que configura diferentes zonas de asiento. Este elemento queda separado mediante grandes tótems de madera labrada en negro y espejo que funcionan como muebles de servicio, expositores y elementos escultóricos en sí mismos. Este banco se queda adherido por el zócalo a uno de estos elementos, configurando una estructura en sí misma. Vegetación y luminarias, diseñadas por el estudio en alabastro y latón, dotan de un carácter sofisticado a este espacio. Como contraste un mueble de servicio, revestido completamente en latón, crea un objeto joya en esta otra zona del restaurante.

La bodega vuelca la colección de más de 1000 botellas del restaurante a la zona de sala y al espacio del reservado a través de un cerramiento acristalado de acero negro y latón. De nuevo el tono crema, de la piedra caliza, junto con la madera, crean la nota de claridad con el espacio más oscuro de la sala. Este espacio que contiene diferentes zonas aclimatadas para vinos tintos, blancos y espumosos, comunican con el otro restaurante del grupo, Bibo, creando mediante juegos de espejos un corredor infinito para deleite de los amantes del vino.

El reservado se crea como un espacio diferenciado del resto del restaurante.

Una cortina bicolor en tonos burdeos y ocres, a modo de elemento separador, crea la división con la sala. Una alfombra de terrazo de piedras marrones es la base para una gran mesa redonda con butacas de piel. El fondo, un paramento revestido con latón recortado por una ventana con formas curvas, nos deja ver el interior de la bodega y crea una textura visual mediante las botellas de champán. De nuevo las plantas crean el contraste natural a los materiales fríos como la madera quemada y el metal. Esta zona que puede ser vista o no desde el exterior, gracias al tamiz metálico exterior, presenta el fuego a toda la gente que pasa cerca del restaurante.

Gracias a una chimenea que se vuelca al exterior, el fuego, es el elemento protagonista que da forma, concepto y volumen a todo el ideario de Leña.

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