12.6.2008

Edificio de laboratorios e investigación de la Universidad Miguel Hernández en Orihuela

Determinar algunas consideraciones formales del proyecto a través de la bondad o la crudeza del clima podría plantearse como un argumento extremo. Pero parte de los proyectos que más nos interesan son los que de un modo muy consciente apuestan por situaciones en las que entienden las condiciones climáticas como un factor de realidad determinante para desarrollar propuestas especificas sobre arquitectura sostenible.

En experiencias anteriores, trabajos de otros arquitectos o en otras proyectadas en distintos momentos sobre el uso del espacio exterior como parte activa de las relaciones espaciales y organizativas del programa, esta cuestión había sido ya un vector de trabajo muy importante.
El edificio Departamental para Orihuela se presentaba como una nueva y especial oportunidad de desarrollar hasta que punto ese espacio exterior formaba parte de un modo real de la actividad organizativa del proyecto como un espacio más y no como un espacio auxiliar de otro programa principal. Para lograr que este lugar exterior tenga un valor real se define el criterio de confort necesario desde la usabilidad que comporta una climatización pasiva. Es esa medida lo que va a permitir que él funcione como una parte esencial del programa generando usos múltiples y complejos, sociales, profesionales y medioambientales.

Pero para que esto suceda como una experiencia, debe darse una modificación sustancial de los contenidos tradicionales. Esa modificación debe hacerse desde registros exteriores a la arquitectura misma, debe hacerse desde contextos culturales avanzados. Y uno de ellos, tal vez el muy importante, es el de la sostenibilidad. Es esta variación sustancial lo que puede permitir ir más allá de lo específicamente funcional y, registrando el dato de la sostenibilidad de esa parte del proyecto, elevar el rango de ese «patio» al de un comunicador arquitectónico y cultural, y al de un organizador de relaciones en el que las otras partes del proyecto adquieren a través de él un sentido que antes era indeterminado y neutro. Es a través de él que la estructura de organización lineal del programa habitual de estos edificios (series repetidas de pequeños departamentos, despachos y laboratorios con una clásica organización generalmente dispuestos en torno a una estructura de paso lineal) deriva hacia una solución especifica y precisa, inversa de la habitual, y es también a través de él que se genera esa «figuración débil» del proyecto, próxima a los estados arquitectónicos de transición que tanto me interesan. La repetición por tres veces en tres condiciones distintas de ese espacio verde cubierto, en p. baja, en una entreplanta, y en una planta en altura, organiza en sección la repetición necesaria para experimentar el patio como una propuesta y no como un hallazgo casual.

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Una malla de fibra plástica-textil como las utilizadas en los invernaderos climatiza y cubre el patio y lo convierte en una parte del proyecto que es más que un exterior-visible, a la par que modifica su luz. Teresa Lanceta ha hablado de la ecología de la luz, de la deriva tecnológica de la luz natural y de cómo usarla en situaciones próximas en arquitectura a las utilizadas en el mundo del arte.

Lo que se logra en esta propuesta tecnológica, es modificación de la atmosfera y no el espacio mediante la modificación de luz y temperatura de espacio exterior. Es una extrañeza pequeña de un cambio en «algo», sutil pero real, y que uno percibe cuando accede dentro. Y es esa modificación de la percepción y uso de ese patio lo que obliga a hablar de otra manera acerca de la condición cúbica en la que el programa está contenido. Esa ambigüedad de la cubierta del patio que el textil proporciona y que borra los límites entre interior y exterior es la misma indefinición que esa ambigüedad de lo textil aporta a la última de las tres franjas que fijan la figuración y la imagen del proyecto. Los interiores son plateados. Los exteriores tres variaciones de blancos horizontales superpuestos de distintas espesuras y de distinta reflectividad. La de abajo una franja semitransparente, la de en medio muy opaca, la última muy difusa. Como una nube. Como una nube cuadrada.

José María Torres Nadal
Doctor Arquitecto
Alicante, mayo 2008

[/info]Autores: José María Torres Nadal + Subarquitectura
Promotor: Universidad Miguel Hernández[info]

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