23.11.2011

Restaurante «La Cuchara» en Madrid

El local escogido como soporte para un pequeño restaurante de comida casera se encuentra en una calle muy comercial y de intenso tráfico de Madrid. Como respuesta al entorno se trataba, por un lado, de captar desde el interior el movimiento exterior y, por otro, evitar una excesiva contaminación acústica. Conexión y aislamiento al mismo tiempo, conceptos que parecen contradictorios. Nuestro proyecto trata de dar respuesta a esta cuestión.

Una caja de acero y vidrio conecta interior y exterior. Esta caja hace las veces de cortavientos y diafragma acústico y se aprovecha para esconder algunos elementos de la estructura del edificio. Se ha respetado el pequeño saliente de la fachada original para ampliar al máximo el plano de vidrio exterior de manera que el local adquiera mayor presencia urbana. Al mismo tiempo, como mecanismo espacial, reduce su altura libre al mínimo para comprimir el espacio en una pequeña pero eficaz transición para descubrir un interior sereno y equilibrado.

Una vez en el interior, descubrimos un espacio limpio y claro, unitario, con una arquitectura sin protagonismo, donde las cosas se muestran como son y para lo que son. Los materiales empleados, madera, vidrio, paneles acústicos y vinilos serigrafiados, subrayan estos aspectos. La madera de roble se ha empleado en el suelo que, de forma continua, se pliega para convertirse en un banco que recorre toda la profundidad del local. El panel acústico reviste el plano vertical por detrás y por encima del banco y dobla, también, en horizontal para crear un falso techo suspendido que esconde las instalaciones. Esta disposición de los paneles acústicos garantiza un extraordinario comportamiento frente a las reverberaciones (fundamental en un espacio de tan pequeñas dimensiones y con una geometría tan estrecha y alargada), incluso cuando el local se encuentra ocupado al cien por cien. Los encuentros entre materiales, también limpios y sencillos, se resuelven con aire y luz, dos de los mejores “materiales” para resolver, a nuestro juicio, estas cuestiones en arquitectura. El aire y la luz se materializan en dos tiras continuas de iluminación fluorescente escondidas en sendos foseados rasgados longitudinalmente, que señalan con claridad los límites de los materiales, su uso y su función. Pocos y precisos elementos para revelar el carácter arquitectónico de un espacio de tan reducidas dimensiones.

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El plano vertical frente a las mesas es una de las claves y para ello se ha recubierto por completo con una serigrafía que incluye los ingredientes y las recetas de numerosos platos de cuchara de la variada y extensa gastronomía española (hay, al menos, un plato de cada comunidad autónoma), y que pueden prepararse y servirse en caso de que el cliente así lo solicite. Como un recorte preciso en dicha serigrafía se integra el mueble auxiliar de servicio para el comedor (vajillas, cuberterías, etc.) y el botellero, realizado todo ello en madera de DM lacada en blanco, así como la pequeña barra realizada en Silestone blanco, como elemento de conexión con la cocina.

La pared-espejo frente al acceso introduce el exterior en el restaurante y amplia visualmente el espacio del local, a la vez que permite controlar el acceso desde la barra, que se encuentra al fondo. Este frente se rasga con un panel de DM lacado en blanco que esconde la puerta de entrada a los aseos. Mediante esta operación da la impresión de encontrarse en un espacio pasante entre dos fachadas de la ciudad. Una relación ambigua que intensifica el pretendido diálogo o juego de equívocos entre interior y exterior, descritos al inicio de esta memoria.

Especial importancia se ha concedido al tratamiento del plano del suelo, donde los distintos materiales se emplean para delimitar espacios. Así, la madera se ha escogido para el espacio del comedor, más cálido, el gres para las zonas húmedas y almacén y un felpudo de coco cubre la superficie de la caja de acero y vidrio del acceso.

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La disposición de las mesas, en una tira continua a lo largo del banco, responde a un criterio de máxima flexibilidad en un espacio de dimensiones tan reducidas para acomodar de manera sencilla y rápida a cualquier grupo de comensales que se presente.

En definitiva, un espacio sencillo y funcional, fresco y divertido. Un marco neutro para desarrollar una parte de la vida urbana cotidiana, realizado con pocos materiales empleados con cierto carácter atemporal. Como un vagón de tren eficaz al que aportan un divertido movimiento pendular quienes lo habitan a diario, en una delicada y sugerente fusión de arquitectura contemporánea con los platos de cuchara de siempre.

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