12.2.2021

Frente Marítimo de Las Palmas de Gran Canaria

El nuevo espacio público del Parque Marítimo de Las Palmas de Gran Canaria se construye subrayando la horizontalidad del terreno, mediante una gran plataforma suspendida que transforma el lugar.

El horizonte se nos muestra como el rostro de la tierra, aquel contorno que identifica un lugar y lo diferencia de otro. Horizonte y horizontal se hacen próximos pero la realidad nos permite reconocer matices que los hacen diversos. Nuestra mirada se alza y busca puntos de referencia, en ese momento el horizonte nos sirve de pauta, lanza coordenadas que nos sitúan. La experiencia del espacio es fundamentalmente en movimiento. Cuando recorremos un lugar desconocido, nos hemos movido con cuidado al caminar, observando el lugar donde ponemos nuestros pies. De repente, nos asalta un sentido de desorientación y buscamos algo que nos indique una referencia, miramos al horizonte y reconocemos el lugar. El náufrago añora encontrar tierra, una línea en el horizonte que lo oriente, nosotros caminamos de la mano de los horizontes, con la creencia de no habernos perdido.

El mar nos ofrece una sucesión de secciones diversas en sus encuentros con la tierra. Un mismo elemento, el agua, establece distintas maneras de manifestarse a una materia, la tierra, a través de su forma. La orilla, la línea intersección del agua con la isla ofrece variaciones a una cuestión de geometría descriptiva: una costa rocosa, un plano suspendido, un puerto… La silueta de una costa ofrece un perfil no estable, atento a las mareas, al oleaje que la altera, pero que como el trazo dubitativo de un boceto permite definir la silueta definitiva, la del valor absoluto, aquella que corresponde a la forma que el lugar le aporta, adaptándose a la topografía. El nuevo espacio público del Parque Marítimo de Las Palmas de Gran Canaria se construye subrayando la horizontalidad del terreno, mediante una gran plataforma suspendida que transforma el lugar, descubriendo una superficie con unas características inéditas ya que, junto al mar, elevarse unos metros supone alargar nuestro horizonte una gran distancia.

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Hoy en día en Gran Canaria las regatas son ampliamente seguidas y cuentan con una fuerte tradición. En homenaje a esta tradición se extrae para este proyecto la geometría básica de la Vela Latina. La geometría triangular vibra y se desplaza para reaccionar ante los condicionantes del entorno. Dichos factores marcan las direcciones que son dominantes en el diseño del paseo y de las marquesinas reflectantes; son, entre otros: la visión directa desde el nuevo paseo al Muelle de Santa Catalina y la protección de las nuevas zonas de estancia de los vientos dominantes y del movimiento solar. El espacio bajo las marquesinas se convierte en un juego de espejos, donde las relaciones se dan entre lo real y lo virtual. El hecho de romper el suelo, de enmarcarlo bajo la marquesina de manera precisa, refuerza esa idea de virtualidad, donde el viandante se introduce en un mundo de lo imaginario. La percepción del conjunto se caracteriza por la levedad desprendida del juego formal de las marquesinas con su entrada de luz compartida, reforzada por la ligereza visual que aporta el nuevo material de revestimiento, así como la textura inclinada de los jardines halófilos costeros, que muestran una dimensión cambiante según el lugar por donde te aproximes.

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