7.8.2012

Estudio de danza y música, Barcelona

Un pequeño local en el barrio de Sant Gervasi a las faldas del Putxet, es el espacio escogido por los clientes -una pareja- para habilitarlo como estudio de danza y música. El local, en un edificio de principios del siglo XX, es un cubo encajonado entre inmuebles, con dos planos libres: la fachada a la calle Ballester y la cubierta. Esta última es a la vez la terraza de las viviendas del mismo edificio.

A lo largo de los años, este espacio ha sido ocupado sucesivamente por talleres artesanales, pequeñas industrias y comercios, sufriendo intervenciones muy agresivas que escondieron totalmente su estado original. Después de eliminar todo lo superfluo, nos encontramos con una caja diáfana, de doble altura, con entrada de luz en dos extremos, una cenital y otra en fachada, y  con un único elemento que preside el espacio: un pilar de dos fustes de madera que recoge las jácenas de la cubierta.

La incorporación de un altillo responde al programa (que requería más superficie): salas de tamaños y calidades diversas para danza o música y de uso flexible, así como anexos. Sin renunciar a la posibilidad de poder seguir teniendo la lectura global del espacio, decidimos colocar esta pieza buscando que el volumen y la luz fluyeran de un lado a otro.

El altillo se entiende como un elemento individual y autoportante en si mismo. Su estructura, exenta del resto del edificio, tiene su origen de partida en el doble pilar de madera y desde este punto se expande de manera isotrópica creando una cuadrícula estructural de tres crujías iguales. Se sube a la planta superior a través de un mueble de madera que tiene la doble función de  contenedor y escalera.

Se entra al local por un primer espacio de doble altura y después de pasar por debajo de la zona comprimida por el altillo, el espació vuelve a ganar altura y se expande hacia el lucernario. El altillo se envuelve por dos espacios de doble altura, los espacios por donde entra la luz llenando todos los rincones. Las distintas divisiones acristaladas permiten también una continuidad visual del espacio tanto en el nivel inferior como en el superior, al igual que una colocación precisa de unos espejos-pared que multiplican el volumen creando geometrías inesperadas.

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El local es un espacio encerrado en si mismo, las aberturas en fachada, muy altas, y el lucernario apenas permiten vistas al exterior. Sin embargo, al ser aberturas de gran tamaño y buena orientación (a sureste en fachada), hace que el ciclo de la luz natural se viva intensamente en el interior y se vaya fundiendo poco a poco con la luz artificial a lo largo del día.

Los pocos materiales utilizados han sido escogidos con mucho rigor e intención. En el nivel de entrada encontramos pavimento continuo de microcemento en las zonas de paso y tarima de pino en la sala grande. Arrancando ya en la escalera y en toda la planta altillo el pavimento de linóleo, de un color saturado, nos va llevando por las estancias de este nivel. Tanto en la sala grande en planta baja, como en las dos de tamaño más pequeño del nivel superior, el acabado del techo es de heraklith para conseguir confort acústico y ambiental.

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