23.7.2025
Cueva Fotocatalítica MM
Ubicada bajo una casa construida hace medio siglo por el arquitecto Manuel Rocha Díaz —en colaboración con el escultor Ernesto Paulsen—, la Cueva Fotocatalítica es un espacio de 70 m² adaptado para convertirse en un refugio lúdico y multisensorial. Se encuentra en la ladera poniente de la Ciudad de México, en una zona donde, décadas atrás, se excavaron cuevas para la extracción de arena utilizada en la construcción.
Este proyecto transforma una cavidad natural en un espacio habitable único, sin perder el carácter primitivo y enigmático de su origen. Concebida como un lugar para la introspección, el entretenimiento y la convivencia, la cueva fue pensada para ser utilizada tanto en la intimidad como en celebraciones con decenas de personas. El diseño responde a esta dualidad con una distribución precisa, el uso de tecnologías avanzadas y una intervención sensible a la geología y al entorno.
Las primeras acciones del proyecto consistieron en asegurar estructuralmente el espacio, incorporando marcos metálicos como los que se usan en minas, y tallando los techos para generar cúpulas que distribuyen cargas y canalizan escurrimientos. Se implementaron soluciones pasivas y activas para mitigar la humedad —como ventilación cruzada, materiales resistentes, inyectores de aire, deshumidificadores y calefactores—, necesarias dada la presencia de tepetate, un suelo poroso que propicia la proliferación de bacterias y hongos.
Un elemento central del proyecto es el uso de Krion K-Life®, un material sólido, termoformable y fotocatalítico que, al entrar en contacto con la luz (natural o artificial), purifica el aire. Dos grandes piezas retroiluminadas de Krion, una en el vestíbulo de acceso y otra en el comedor, no solo definen la atmósfera del espacio, sino que también funcionan como fuentes de luz y símbolos escultóricos de transformación.
La cueva se organiza en cinco galerías funcionales:
Acceso, que incluye cocina, barra y parte del clóset.
Sala y área de TV, con un sofá curvo de concreto integrado al muro y mesas auxiliares móviles.
Galería de cava y fumador, con espacios íntimos para beber o fumar.
Comedor y mirador, coronado por la segunda pieza retroiluminada.
Sanitarios, en una galería independiente, con un lavabo de concreto moldeado in situ por Taller Tornel, cuya textura remite a la estratificación natural de la cueva.
El diseño interior combina elementos reciclados y artesanales con sistemas contemporáneos de confort y tecnología. Los materiales y acabados —madera sólida, concreto pigmentado, cobre, espejos, textiles— buscan conservar la sensación cavernaria, mientras refinan sus cualidades espaciales. El mobiliario, fabricado a medida, responde a la geometría irregular del espacio y a su vocación como lugar mutable y experimental.
Este proyecto establece un diálogo respetuoso con la casa original de Rocha y Paulsen, y con la historia ancestral de la cueva como primer refugio humano. Su belleza radica en esa convivencia entre lo natural y lo técnico, entre lo tectónico y lo tecnológico. Es un lugar que invita a reimaginar la forma de habitar, reconectando con la intuición, el silencio y los sentidos más primitivos del ser humano.



























