22.10.2018

Casa Rodríguez

Casa Rodríguez se ubica en el barrio cerrado La Esperanza, a mitad de camino entre Pilar y General Rodríguez. Esta urbanización campestre de grandes lotes se encuentra rodeada de clubes de polo.

El trazado de sus calles, de tosca compacta y piedra partida, se configura en función de sus añosas plantaciones.

La casa ocupa un lote en esquina de aproximadamente 29 por  80 metros cuyo ancho se reduce hacia el fondo. De topografía plana, las calles que lo rodean lo cercan mediante hileras de sauces llorones.

Fue el encargo de una joven pareja sin hijos que quería construir su casa de vivienda permanente. Pretendían que su imagen exterior fuese simple y su  distribución interior sencilla. En una sola planta debían articularse una suite y un segundo dormitorio con baño compartido con el área social, esta última completamente unificada. Pidieron, a su vez, el  proyecto para una futura ampliación que contemplase la incorporación de un tercer dormitorio.

Querían una amplia galería que les permitiese estar en estrecho contacto con la naturaleza y también una piscina. Luego de ver otras casas hechas por el Estudio, manifestaron su gusto por los espejos de agua y los patios internos y plantearon la posibilidad de incorporarlos.

La casa se proyectó como un volumen puro. Respetando los retiros y contemplando el proyecto de ampliación su pisada toma todo el ancho del lote. Una plataforma de hormigón permite saltear el espejo de agua que anticipa la fachada hasta alcanzar un hall de recepción semicubierto. Tras abrir la puerta de acceso lo primero que acontece a la vista es un patio verde detrás de un cristal. Este patio suscita una apertura sensorial del espacio permitiendo visuales hasta el fondo del lote.

La línea que une el acceso, este patio y la piscina establece una doble crujía en relación a la organización interior dentro de la caja. Los espacios principales se orientan al norte mirando –galería mediante- hacia el espacio exterior abierto, mientras que los de servicio se suceden alineados haciéndose parte de la fachada. En el otro sentido,  el patio interior independiza los espacios privados respecto del área social.

En cuanto al cierre del volumen construido: frente, lateral y contrafrente fueron abordados de manera particular, constituyendo así tres sistemas diferenciados.

El sistema de cierre de la fachada principal es protagonizado por una serie de tablones de madera de lapacho colgantes dispuestos de forma vertical a lo largo de todo el frente. Detrás de este quiebravistas un sistema de muros bajos y colgantes combinados con cerramientos de vidrio translucido configuran la piel interior de los locales de servicio. El sistema de tablas que lo cubre homogeneiza estos abiertos y cerrados conformando una fachada rítmica y ordenada que permite mirar desde dentro sin ser visto desde la calle.

Estos tablones no llegan a tocar el suelo. Un muro bajo revestido de piedra laja negra  se asoma desde abajo. Siendo que los colores oscuros generan el efecto de aparentar mayor profundidad se pretendió, mediante este recurso, traer visualmente hacia el frente al sistema de tablas,  quitándole presencia al muro bajo y generando así la sensación de “flotación” del entramado de madera. Se intentó que la fachada aparentase sensorialmente estar  suspendida, posada sobre el agua.

A diferencia del sistema de cierre frontal, el sistema de cierre posterior es completamente vidriado y transparente. La apertura de sus carpinterías –que toman toda la altura de piso a techo- permite la completa integración interior-exterior. La amplia galería semicubierta funciona como un espacio de transición hacia el patio y protege a los espacios domésticos de la incidencia solar directa.

Los cierres laterales consisten en tapas prácticamente ciegas que apoyan en el piso. A diferencia de los otros dos sistemas, en los laterales se evidencia el apoyo de la masa.

El cierre orientado hacia la calle lateral hace uso –en menor escala- de uno de los recursos empleados en el cierre frontal. Con el propósito de permitir el ingreso de luz y de proveer al área social de vistas a la calle, una serie de lamas verticales de madera se disponen colgantes frente a la piel de vidrio. De esta manera, considerando la apertura hacia el patio interior, el estar-comedor queda iluminado y abierto por tres de sus lados. El otro cierre lateral es más ocluso. Un muro de hormigón y paños de vidrio de dimensiones controladas envuelven el extremo más íntimo de la casa.

La iluminación destaca la proporción horizontal del volumen construido. En el interior, dos sistemas de rieles suspendidos de las losas recorren el frente y el contrafrente de punta a punta. Así mismo, una hilera de luminarias fue embutida en todo el largo del cielorraso y el piso de la galería.

Por pedido del cliente los muros interiores del área privada debían ser blancos, por lo que estos se construyeron de mampostería de ladrillo revocado.

La casa se estructura mediante un sistema de tabiques de hormigón y vigas invertidas que, al tomar la altura de las cargas, esconden el sistema a la vista exterior.

La cubierta se arma mediante un sistema tradicional de techo plano: contrapiso alivianado con pendiente sobre las losas, carpeta y membrana geotextil.

En el interior, las losas desnudas ofician de cielorrasos. Las superficies de hormigón visto delatan sus encofrados artesanales. Para los tabiques se emplearon tablas horizontales de pino, mientras que en los cielorrasos se perciben las juntas dejadas por  las placas de fenólico.

Mientras que el austero hormigón armado buscó garantizar la perdurabilidad de la construcción en el tiempo, la naturaleza del conjunto de los materiales de la casa aspiró a hacerse parte del rústico escenario que la envuelve. La simpleza de la organización funcional, reflejada en la planta, se sintetiza en la morfología de su contendor: un gran cañón de aristas rectas de predominio horizontal.

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