26.8.2026

Casa Refugio

En los suburbios de Santiago de Querétaro, dentro de un contexto residencial cada vez más denso, Casa Refugio nace como una vivienda que prioriza la intimidad, la flexibilidad y la vida familiar.

Hacia el exterior, la vivienda se presenta como un volumen contenido, casi hermético, que resguarda en su interior vistas y construye una atmósfera de calma desde el primer acercamiento.

El acceso no revela la casa de inmediato, sino que el recorrido se descubre lentamente hasta llegar al área social—sala, comedor y cocina— donde un gran jardín posterior aparece como remate visual. En este espacio, la vegetación crece abrazando a los muros. No hay vistas lejanas, la mirada se contiene, se aproxima, se vuelve íntima. Las cortinas difuminan esta área y la transforman en una presencia permanente pero nunca completamente expuesta.

La escalera, contenida dentro de una bóveda de medio cañón, se convierte en la columna vertebral de la casa. Esta conecta los espacios, filtra la luz y acompaña el movimiento cotidiano entre los distintos niveles.

En el primer nivel, el estudio familiar se desarrolla junto a un jardín interior de doble altura. Un gran ventanal envuelve el espacio, manteniendo una relación constante entre el lugar, la vegetación y la luz cambiante a lo largo del día y del año. Hacia el atardecer, los vitrales ubicados en la cubierta proyectan reflejos de color sobre los muros del patio interior creando un espacio contemplativo. Por otro lado, ubicadas en el mismo nivel, las recámaras se extienden más allá del límite de la habitación hacia jardines que crean una atmósfera natural y personal.

En el segundo nivel, se encuentra la recámara principal, la cual se organiza alrededor de un gran volumen curvo de concreto aparente que oculta parcialmente el área de baño de manera sutil, evitando la rigidez de un muro ortogonal o de una división completamente cerrada. Este volumen define el espacio y acompaña la transición entre la recámara y el baño. Sobre la tina, un domo circular ilumina directamente el espacio, convirtiendo el baño en una pausa silenciosa dentro de la rutina cotidiana. En contraposición, un área de trabajo se abre hacia la doble altura de la estancia del primer nivel, conservando una conexión visual y sonora con esta. Más que aislar los espacios conforme se asciende, el proyecto busca conservar la cercanía habitual entre quienes la habitan y permitir que la vida siga ocurriendo entre los distintos niveles sin necesidad de bajar constantemente para encontrarse.

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En el roof garden, la casa cambia. Los volúmenes que llevan la luz hacia el interior —domos, lucernarios y formas curvas— emergen como piezas autónomas. Este nivel, pensado inicialmente como un espacio de contemplación, ha sido apropiado como un lugar de juego, donde la arquitectura deja de ser únicamente contenedor y se vuelve escenario.

Casa Refugio construye una manera de habitar sensible al paso del tiempo: una vivienda que cambia, responde y acompaña la vida dependiendo del momento del día o la estación del año. Esta misma sensibilidad se extiende a la relación con el paisaje, presente a lo largo de toda la vivienda mediante patios, jardines contenidos y vacíos que acercan la naturaleza. La casa busca que los niveles no se vuelvan mundos separados, sino espacios conectados por visuales, sonido y presencia cotidiana, permitiendo que la vida doméstica permanezca presente entre un espacio y otro.

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