5.6.2015

Casa Narigua

La casa Narigua se localiza en El Jonuco, una región con 360º de vistas espectaculares. Este lugar encerrado entre montañas nos recuerda a numerosas poblaciones mexicanas, donde altos cerros delimitan el valle donde se asientan sus habitantes.

Aquí los colonos conviven con la vegetación y fauna típica del noreste mexicano. El terreno se puebla de enormes árboles que plantean un serio problema de diseño: Una casa que disfrute de la vista de las montañas a la vez que respeta la vegetación.

La horizontalidad de los cedros que condicionan las visuales hacen inviable un «bosque de columnas». La única opción posible es que la casa vuele y se ubique en una cota más alta que los árboles del solar. Una ligera pendiente salva las copas a 10m por encima del acceso, desde donde la «planta noble» los espacios esenciales de la casa, libres de barreras y obstáculos.

Respondiendo a su entorno, la casa se zonifica y conserva los grupos de cedros que existen en el sitio desde hace décadas. Cada nivel responde a distintas condicionantes. Cada planta, en sí misma simple, es diferente a las demás.

El edificio se divide en tres prismas. En el primero se localiza el estacionamiento y las zonas de servicio. En el segundo se ubica el vestíbulo, la habitación principal y las comunicaciones hacia el nivel inferior. En el tercero encontramos la cocina, los servicios y el área social. Al oeste una serie de terrazas concentran la vida al aire libre y miran el choque de montañas que sirve de foco de atención a la casa.

La planta inferior sirve de basamento a las terrazas de la planta noble y contiene varias piezas «reciclables», con mobiliario pensado para transformarlas en las habitaciones de visitas. El semisótano contiene también zonas técnicas soterradas que liberan la azotea para que una  terraza-mirador nos envuelva del paisaje circundante.

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En contraste con su masiva imagen exterior, dentro de la casa la transparencia convierte al paisaje en parte de la vida cotidiana. El vidrio dialoga con los grandes muros, techos planos y estructuras de madera tradicionales de la arquitectura mexicana.

La combinación de materiales otorga al proyecto una rusticidad atemporal que sirve de escenario para objetos de muy distinta procedencia. Antigüedades conviven con piezas contemporáneas mientras los mundos paralelos en cuadros, máscaras y esculturas reclaman su atención. Los objetos le dan a nuestra mirada razones para quedarse dentro de los espacios antes de escapar a la naturaleza del otro lado del cristal.

Las piezas del programa, ordenadas en un juego de volúmenes superpuestos, definen su aspecto y le otorgan la complejidad que nace de su sencilla distribución.

Apoyada por los enormes ventanales que a la vez que miran reflejan el paisaje; a lo lejos es dificil notar que más que un accidente geológico Narigua es una casa más. La textura de sus extiende la piedra del lugar, su forma es contraste para montañas y valles.  Como Narigua, la casa es escultura en piedra implantada con humildad en un entorno admirable.

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