10.12.2019

Casa Eucaliptus

La plástica del hormigón nos sirve para moldear una casa, que responde al programa funcional, a los condicionantes del lugar y a las expectativas de habitarla de sus propietarios.

Una parcela rectangular, insertada en una zona residencial-jardín, discreta y ofreciendo su lado corto a la calle, con una pendiente definidora, orientada a mediodía y a unas vistas que se escapan más allá del entramado urbano inmediato.

La casa se estructura en tres niveles. El plano inferior es el de acceso y contiene el garaje, la escalera y unas salas en semisótano. El nivel primero es global y se estira desde el jardín posterior, entra en la casa y articula todos los espacios principales y vuelve a salir en una terraza que sobrevuela la visión de la calle y que se proyecta más allá, hacia el contraluz y hacia el paisaje. Este nivel contiene dormitorios, el patio de acceso, una zona central de cocina y sala, el porche, la terraza y la piscina. La segunda planta contiene el resto de dormitorios y se sitúa en la parte posterior de la casa.

La geometría del hormigón enmarca planes transparentes y opacos, de vidrio y de madera, tanto en planta como en vertical, que estructuran los espacios de la casa, vacíos o llenos, exteriores o interiores, de arriba o de abajo, en una propuesta sorprendente de relaciones entre unos y otros. Los espacios se funden en planta y en sección. El punto central de la casa es atravesado de atrás a delante por el eje que dispone el programa funcional, de un lado a otro por la luz que mezcla el interior y el patio central, y de arriba a abajo por el doble espacio de la escalera. Y «desde aquí lo vemos todo», «es el lugar de la casa donde pasamos más tiempo», «en el mostrador de la cocina lo hacemos casi todo»…

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Al final cuando estás, se percibe la casa como un oasis que tiene suficiente energía para generar sus propios referentes. Para los espacios interiores o exteriores que dialogan. Para las visiones cruzadas que intuyes. Para las luces siempre cambiantes. Por contraluz del mediodía. Por la magia de la noche. Por los reflejos sorprendentes. Para la textura áspera de la madera. Porque ofrece en sus dimensiones máximas, de un extremo al otro. Porque al mismo tiempo también te acota cada uso y te reencuentra la escalera doméstica. Porque te invita a un jardín y unos paisajes propios que apenas despuntan pero que ya intuyen su lija. Porque se propone como un gran tablero de juegos que se extiende sin unas reglas prefijadas, infinitamente modulable por la transparencia del vidrio, por la calidez de los cortinajes, por la sombra etérea que proyecta un hormigón rotundo, por la música y los colores que refleja el agua primera. Porque enmarca el entorno inmediato y el paisaje final. Porque se percibe como una arquitectura humana y cercana. Por la vida que propone…

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