30.7.2005

Casa Diego Rivera

El espíritu del sitio se incorpora a las texturas y colores de un espacio interior emocional, rico en variaciones lumínicas, escalas, rincones y áreas de ilimitada expresividad.

Situada al fondo de la cerrada Diego Rivera y en un terreno con topografía irregular los componentes de la casa giran en torno a un patio-espejo de agua central que se suma a la tipología de los edificios históricos de San Ángel, en todos los casos la relación del interior con el exterior juega un papel importante al generar prolongaciones visuales y remates naturales captando el genius loci.
Concebida a través de patios, jardines y terrazas que proporcionan una iluminación generosa y una ventilación permanente para cada rincón. Esta tipología se consolida en materiales muy sencillos y francos, como piedra, mármol, madera y aplanados rústicos que producen espacios sobrios, limpiamente enfatizados por una cuidadosa carpintería, colorido en los muros en los que la vida cotidiana se encuentra acogida.
La concepción artesanal del conjunto imprime a la casa un carácter eminentemente humanizado: es la propia mano del hombre la que vibra en las texturas de los acabados; cada puerta -incluso el mobiliario- cuenta su propia historia, sólida y congruente con su ámbito.
Las secuencias espaciales que se generan con las dobles alturas, niveles lumínicos y remates visuales provocan sensaciones de confort y serenidad al habitante a lo largo de su recorrido arquitectónico que inicia cuando arriba a un patio / vacío urbano que entreteje la calle con la vivienda adyacente, lateralmente se ubica el acceso peatonal que remata con un patio a través del cual se prolongan las visuales a la calle colindante, una doble altura confinada por el patio y las escaleras recibe al habitante, el vestíbulo delimitado por el gran patio-espejo de agua -tema central del diseño alrededor del cual se desarrolla la vivienda- recibe para trasladarlo a la izquierda subiendo unos cuantos escalones a la sala familiar, comedor y servicios, a la derecha medio nivel arriba se encuentra la recámara principal; Subiendo un poco más se llega a la sala de TV, siempre con la presencia del patio y la doble altura rematada por un gran Cristo artesanal, a la izquierda se arriba a la recámara del hijo y a los servicios, a la derecha medio nivel más a la tercera recámara.
Mediante el manejo de grandes volúmenes, desniveles, dobles alturas, texturas y francos remates, la casa conquista un carácter nacionalista con un lenguaje rico en referencias a la tradición arquitectónica intimista de la escuela emocional, hasta apropiarse de la síntesis formal de la arquitectura contemporánea.
Así, se amalgama el espíritu del sitio con el colorido magnífico de la arquitectura vernácula.

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