7.4.2026

Arquitectura arraigada en la tradición de los asentamientos del río Vístula

En la desembocadura del río Drwęca en el Vístula, en el lugar de los antiguos asentamientos pesqueros y de Olender, donde las tradiciones artesanales y arquitectónicas locales evolucionaron a lo largo de los siglos, se ha construido una casa que no busca dominar el paisaje, sino sumergirse en él.

Diseñada por Kasper Łobocki del estudio Gaspard Łobocki, la casa es una interpretación contemporánea de la arquitectura ribereña del Vístula, que conserva la sencillez constructiva, la autenticidad de los materiales y una fuerte conexión con el paisaje: cualidades que se convirtieron en puntos de referencia clave para el proyecto.

La parcela se ubica al borde de un bosque, en una suave pendiente que desciende hacia el Vístula. El edificio se integra en el terreno natural: la planta baja se asienta parcialmente en el suelo, mientras que la planta superior se abre hacia el valle del Vístula y el bosque circundante. Desde el nivel del suelo, la forma de la casa permanece casi invisible, convirtiéndose en un discreto telón de fondo para la vegetación y el paisaje. Esta integración permite que la arquitectura dialogue con su entorno, armonice con su ritmo y escala, y haga referencia a la historia del lugar.

El proyecto es un homenaje al patrimonio local. La inspiración provino de las históricas casas de pescadores y de Olender a lo largo del Vístula, tomando como referencia su construcción sencilla, la honestidad de sus materiales, sus formas prácticas y su profunda conexión con el paisaje. Durante años, el arquitecto ha estudiado la historia de la región y sus tradiciones artesanales, que también provienen de sus raíces familiares, incluyendo la cestería y la vida a orillas del río.

Arquitectura integrada en el paisaje

El volumen del edificio se adapta a la forma trapezoidal e irregular de la parcela. Es sencillo, compacto y parcialmente integrado en la pendiente. Un tejado a dos aguas con una pendiente de 35°, sin alero, está cubierto con tejas cerámicas negras. La fachada, realizada en madera de abeto carbonizada mediante la técnica shou sugi ban y protegida con cera WoodCream de Rubio Monocoat, evoca las históricas casas de pescadores ribereñas alquitranadas de la región del Vístula. El patrón de las tablas crea un juego de luces y sombras: las tablas superiores, más estrechas, captan la luz y proyectan sutiles sombras sobre las tablas inferiores, más anchas. Esta repetición rítmica a lo largo de toda la fachada confiere a la superficie variabilidad y dinamismo según la hora del día.

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El nivel inferior, parcialmente integrado en la ladera, adopta una forma trapezoidal adaptada al terreno, mientras que el volumen superior es rectangular. Los muros de contención del nivel inferior se integran armoniosamente en la fachada, conformando una compleja disposición de formas. En el lado oeste, un muro de contención funciona también como balaustrada, enmarcando las vistas del bosque y el valle del Vístula y creando un plano horizontal que se extiende hacia el paisaje.

Madera que respira

La fachada está hecha de madera de abeto, carbonizada y protegida con Rubio Monocoat WoodCream, lo que garantiza durabilidad y resistencia a la humedad, el moho y las plagas. Gracias a su acabado mate, la superficie de la madera responde a la luz, conservando su carácter auténtico y armonizando con el entorno natural. Esta solución se alinea completamente con la filosofía del proyecto.

“Para mí era importante que la madera conservara su carácter auténtico, que no se convirtiera en una superficie muerta, sino en un material vivo que evolucionara con el paisaje. La cera en crema Rubio Monocoat nos permitió preservar esta autenticidad y profundidad, protegiendo la madera de forma sutil y natural”, subraya el arquitecto Kasper Łobocki, del estudio Gaspard Łobocki.

Interior a un ritmo pausado

La casa en Kaszczorek fue diseñada con un espíritu de vida pausada, priorizando una experiencia del espacio tranquila y consciente. La luz fluye a través de los ventanales panorámicos, proyectando reflejos siempre cambiantes en las paredes. Los interiores se caracterizan por una paleta de colores naturales y sobrios, donde la madera, la piedra y los textiles naturales como el lino y el algodón conforman un conjunto coherente y auténtico.

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El punto central de la casa es una cocina azul con despensa, elaborada por carpinteros locales. El color de la madera cambia con la luz, creando un sutil paralelismo con los reflejos de las aguas del Vístula.

El poder del paisaje

La casa armoniza con su entorno: su integración parcial en la ladera y el tono oscuro de la madera permiten que el volumen se mimetice con el bosque. Desde el sur, se abre a una amplia vista del valle del Vístula; desde el norte, se mantiene compacta e íntima, inmersa en la vegetación. Una terraza sobre el garaje extiende de forma natural el espacio habitable al exterior, creando un puente entre el interior y el jardín, diseñado según los principios de la permacultura, con especies autóctonas de árboles, hierbas y pastos. Las frecuentes visitas de animales del bosque —alces, jabalíes, ardillas— enfatizan aún más la estrecha relación entre la casa y la naturaleza.

Leé la nota original en inglés > https://arqa.com/en/architecture/architecture-rooted-in-the-tradition-of-the-vistula-river-settlements.html

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