23.7.2019

CMA – Escuela Secundaria en Ensenada

“La arquitectura, es un espacio de memoria, en cuanto al modo de representación o forma de escritura de las intenciones culturales que en ella misma subyacen, y como escenario que sirvió de soporte a las acciones formativas que en su seno albergaron.” Escolano Benito En esta ocasión donde nos toca actuar sobre la ampliación de espacios escolares en una institución de formación secundaria, nos parece fundamental profundizar sobre lo que significa re-pensar la escuela en los tiempos que nos toca vivir. Entendemos que formular nuevas propuestas para este tipo de espacios, repercute directamente en el entendimiento futuro de los espacios públicos, los espacios de encuentro, la ciudad.

La escuela de alguna manera es el primer lugar, donde la persona asimila un contacto con el espacio público, con el compartir, con la sociabilización de los lugares de transición donde uno desarrolla la vida.

“El espacio no es neutro, siempre educa” Antonio Viñao

La arquitectura de alguna manera limita, permite, obstaculiza o posibilita que el usuario desarrolle determinado desenvolvimiento u otro completamente opuesto, el espacio no es neutro como dice la cita más arriba. Esto largamente lo ha desarrollado Foucault en sus estudios por ejemplo sobre el panóptico.

Hay ejercicios teóricos muy interesantes en nuestro país, desarrollados en los últimos años que nos parece pertinente tomar como referencia y experiencias a resaltar a la hora de llevar adelante un proyecto de estas características. En el año 2007 el Ministerio de Educación de la Nación junto con el Ministerio de Infraestructura y la Secretaría de Políticas Universitarias de la Nación, convocaron la participación de todas las Facultades de Arquitectura del país tanto de Universidades Nacionales públicas como privadas mediante un concurso para re-pensar la escuela. Se llamaba a “…entender la necesidad de una escuela para la democracia, con chicos que formen pensamiento crítico y no para el control. El planteo es pensar la ‘zona escolar’, las áreas exteriores, promover la participación ciudadana y de la comunidad educativa, promover la utilización plena de las escuelas, incluso fuera de los horarios curriculares”.

Durante esa ocasión surgieron paralelismos disparadores como:

– ESCUELA/CIUDAD
– PATIO/PLAZA
– CONECTIVOS/CALLES
– AULAS/VIVIENDAS

Este tipo de planteos permitía pensar en la clara dialéctica que se plantea entre la escuela y la ciudad, la necesidad de una comprensión superadora de los espacios públicos, las distintas escalas de asociación, la formación de un ciudadano que desde pequeño asimile la idea del habitar.

Algunos de los ensayos que aparecían en la memoria inicial y explicativa del llamado a concurso hacían una convocatoria a pensar el espacio escolar advirtiendo la constatación que tanto pedagogos como arquitectos hacen sobre la resistencia del mismo a lo largo de los últimos tiempos históricos.

En su dimensión material, el espacio escolar resiste el paso del tiempo, en virtud de la media o larga duración de las estructuras edilicias escolares.
Pero el punto no es que el edificio (que deseablemente debe desarrollar una larga vida útil) resista, sino que junto con esto resiste también un modelo político de organización de la educación masiva y un modelo didáctico de organización de la enseñanza que presenta al menos cien años. Los edificios escolares de principios del siglo XX formalizaron arquitectónicamente los postulados de la época: el higienismo, la racionalidad panóptica (con sus principios de encierro, visibilidad y distribución fija de los cuerpos en el espacio), la educación simultánea (enseñar a todos lo mismo, de la misma manera y al mismo tiempo).

La combinación de estos principios, entre otros, desembocó en la generación de espacios especializados de segregación de la población infantil, en consonancia con los postulados del modernismo pedagógico.
Si en su momento aquello significó algo innovador, en la actualidad despliegan su fuerza conservadora.

“La arquitectura, como forma de escritura del espacio, expresaba e instituía un discurso innovador, pero al mismo tiempo hipotecaba también en parte los desarrollos ulteriores de la educación formal.” Escolano Benito

Es dentro de esas coordenadas que las últimas generaciones construyeron la experiencia de habitar por primera vez un espacio público, a leer como se materializan las posiciones de autoridad en el espacio. Los efectos culturales y subjetivos de esta ‘forma silenciosa de enseñanza’ (como denomina Agustín Escolano Benito) que vehiculiza la arquitectura escolar constituyen, quizás, la principal razón por la cual el espacio escolar se resiste a ser re-pensado.

Repensar entonces aquellos lugares es hoy un imperativo.

El proyecto

ESCUELA-CIUDAD | PATIO-PLAZA

Nuestra propuesta inicial de encarar un anteproyecto global de la ampliación del Colegio frente a la necesidad de nuevos espacios, tiene como una de las premisas fundantes: comprender al mismo como un pedacito de ciudad. Dentro de lo que significan hoy las manchas urbanas que conforman la complejidad de nuestras regiones metropolitanas, analizar a la ciudad en forma de fragmentos, nos permite comprender que una institución de estas características forma parte importante en la composición del enjambre que desencadena espacios públicos de asociación ciudadana, yendo desde lo privado a lo público y viceversa.

Por eso la propuesta de repensar el patio de la escuela secundaria, generando nuevos espacios de encuentro o rotondas forma parte indisoluble del planteo global, es lo que da base y justifica las intervenciones futuras. Potencia las cualidades de este patio-plaza donde se ven cualificados los encuentros potenciales que se pueden dar allí entre alumnos, maestros y comunidad educativa en su conjunto. Previendo también la posibilidad de utilizar estos espacios, no solo en los horarios curriculares, sino también por fuera de ellos, incluso los fines de semanas, para eventos como ferias, exposiciones, actos, etc.

CONECTIVOS-CALLES | AULAS-VIVIENDAS

La propuesta para el nuevo pasillo principal de la planta alta donde se materializa la mayor parte de la ampliación, es la de entender al mismo a modo de lugar de relación, espacio de transición. Deja de ser un simple elemento de paso para pasar a consolidarse como un apoyo explícito del espacio de enseñanza, que son las aulas. La tradicional situación de alumnos alineados mirando al maestro se rompa y nazcan diferentes formas de llevar adelante las actividades.

A estas acciones proyectuales deben acompañar el diseño específico del mobiliario que vaya a formar parte tanto del pasillo/pasaje y de las aulas, el mismo tiene que poder plegarse y guardarse en los armarios previstos para las aulas, de esta manera liberar el espacio de uso, y encontrar en el piso un nuevo lugar de acción para la comunidad educativa.

“Las puertas son: cierre, clausura, protección, rechazo a los otros. Las puertas son: apertura, estímulo al fluir de los espacios, diversidad, inclusión.”

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