15.7.2025
Templo del agua
Un ojo de agua que viene del río alimenta un apantle que conduce el agua hasta una pieza de cobre donde gira, se limpia y oxigena. De ahí pasa a una poza rodeada de unos círculos concéntricos para sentarse y gozarla. El agua rebosa y regresa nuevamente al río.
Su trayecto permite que se infiltre lentamente y rehidrate la tierra. Al mismo tiempo provee de acceso al agua a la fauna y flora local.
El diseño se inspira en los principios expresados por Viktor Schauberger: El cobre tiene propiedades bactericidas y fungicidas. Además ayuda a reducir ciertos contaminantes como sulfatos y nitratos que al reaccionar con ellos forma compuestos insolubles.
El agua se mueve en espiral en la naturaleza. Los vortices ayudan a aumentar el área de contacto entre el aire y el agua por lo que facilita la transferencia de gases como oxígeno y dióxido de carbono. El aumento de oxígeno favorece la vida acuática y ayuda a descomponer materia orgánica mediante microorganismos aeróbicos.
Este movimiento genera un tipo de flujo llamado flujo laminar helicoidal, que ayuda a separar partículas sólidas por acción centrifuga, lo que ayuda a su separación o sedimentación. Esto rompe aglomerados de contaminantes o materia orgánica. Además, evita la formación de biofilms (películas de bacterias).




