16.11.2010

Filmoteca de Catalunya, en progreso

El edificio se construirá en el Raval, una de las partes más degradadas del centro histórico de Barcelona, actualmente sometida a una enérgica política de derribos y de nuevas construcciones vulgares.

Es un edificio público que construye la plaza a la que limita. Ha sido pensado para que, desde la diferencia, se relacione cariñosamente con sus vetustos y destartalados vecinos queriendo desmarcarse también de las presencias de sus contemporáneos.
El edificio para la nueva sede de la Filmoteca de Catalunya se ha concebido como algo entre nave industrial y edificio en construcción, técnica pura casi sin acabados. A fin de respetar la escala del barrio, se ha soterrado parte del programa, en concreto las salas de proyecciones.

En Construcción
Extracto del encuentro entre Encuentro entre Josep Lluís Mateo y José Luis Guerín, director de la película En construcción, sobre el Raval de Barcelona. Referente de Josep Lluís Mateo durante el proceso de conceptualización de la nueva Filmoteca; aparecido en el libro Ocasiones ed. Actar (2009).

Guerín: Yo soy muy espectador, por lo que ésta será mi casa, la casa del cine, la Maison du Cinéma. Lo digo en francés porque Langlois fue quien inventó la filmoteca. La primera filmoteca del mundo fue la propia bañera de Henri Langlois, y también Langlois se implicó mucho en la manera de habilitar Trocadero. (…)
Si Josep Lluís me hubiera llamado antes, le hubiera dicho que tenía que haber visitado la filmoteca de Trocadero. (…)
La que hay ahora en Barcelona es tristona, antipática. La gente ya no discute sobre las películas, es el signo de los tiempos, pero tampoco hay un lugar que invite a ello. La cafetería es un espacio esencial a este respecto.

Mateo: Hay imágenes de los terrenos para la nueva filmoteca en las que aparecen las máquinas que hacen los pilotes y también los arqueólogos. Hubo un momento maravilloso en que tenían tolditos tipo excavaciones egipcias. Los toldos, y al lado unas máquinas enormes moviendo tierra. Han encontrado unos trozos de hacha, de la Edad de Bronce, algunas piezas muy pequeñitas. Han encontrado también muchísima cerámica y un esqueleto. Se han metido a fondo, con gran desesperación por mi parte.


Foto de Auding (Fran Godoy y David Barrassa)


Foto de Pedro Pegenaute

Guerín: ¿Y qué van a hacer con los restos? Lo que suelen hacer es meterlos en unas bolsas tristísimas en un almacén, están ahí con un numerito entre pasillos y pasillos. (…).Estaría bien pues que esa vasija estuviera en el museo del edificio. La filmoteca es un espacio de patrimonio y memoria, y, por tanto, esos restos deben tener su lugar ahí.(…)

Guerín: En el nuevo proyecto, ¿cuántos metros habrá que bajar para llegar a la sala de cine?

Mateo: Seis metros. En la filmoteca habrá una sala de cine grande y otra más pequeña.

Guerín: ¿Y no hay riesgo de que se esté proyectando en las dos salas y escuchemos el sonido? Porque hay salas en las que pasa.

Mateo: No, debajo de la mezanine hay un cierre acústico con las cortinas que hace de tampón entre una y otra.

El problema será que sea como un descenso a los infiernos. Que notes que estás bajo tierra, hormigón, todo pintado de negro, es como que caes abajo.

Guerín: De entrada me choca que la sala esté casi escondida. Es subterránea, oscura, y así, sin decirme nada, de buenas a primeras, no es muy lógico, pero parece que lo que para mí es el espacio central, más importante, está como en las alcantarillas.
Los espectadores ocupamos un espacio marginal respecto a los trabajadores y demás espacios de la filmoteca.

Mateo: Aquella de Trocadero también estaba abajo. Creo recordar que estaba todo metido para abajo.

Guerín: Sí, es verdad. Sí, porque los que íbamos al cine estábamos en la época de las catacumbas, me parece a mí, porque es una cosa arqueológica.

Mateo: Para animar la situación está, por ejemplo, la caída de luz que viene de arriba. Habrá un museo, salas para el tratamiento de películas, la biblioteca, etc. Los burócratas están arriba del todo.

Guerín: Hice una reflexión acerca de los espacios del cine: los primeros eran arquitecturas frágiles de las ferias, el cine nace en ellas. Después, cuando se quiere legitimar culturalmente, los productores de cine empiezan a pensar: ¿qué podemos hacer para que la burguesía vaya al cine? Y ahí es cuando empiezan a aparecer nombres de iconografía…

Mateo: Los edificios para el cine empiezan como una especie de remedo de los teatros.

Guerín: Aparecen nombres de las salas de cine como Capitol, Capitel, Capitolium, Arcade en Francia, Arcadia (para mí es el título más bonito), Olimpia, Coliseo, Coliseum…
Vayas a la ciudad que vayas, la cartelera y los nombres son muy parecidos. Luego los nombres de las salas de cine se vincularán a una noción de glamour. (…) Además el cine, en los años cincuenta y sesenta, se encuentra con el problema de la televisión, ¿qué podemos pensar para rivalizar con ella? Entonces se enfatiza la tipología, muchas salas cambian su fisonomía para tener pantallas rectangulares muy largas. La pantalla cuadrada cambia, y cambia también la manera de los cines. (…)

Mateo: (…) Hubo una época, durante los años cincuenta, en que todos estos cines que decías estaban bien, o sea, los cines Astoria, los de Balañá, por ejemplo, muchos los hacía Antonio Bonet que era un buen arquitecto. (…)


Foto de Adrià Goula

Guerín: Una cosa que me gusta mucho del barrio son los rincones, las irregularidades. Yo pienso que hay una cierta condición humana que hace que los personajes populares no puedan vivir en las ciudades sin rincones. (…). Muchas veces la intrusión de un nuevo bloque o un nuevo edificio me llama la atención y me parece agresivo, que viene por imposición de un búnker que rompe esta idea más sinuosa o de rincones que para mí caracterizan mucho la memoria popular, estos barrios que se han ido haciendo de una manera desordenada y que crean rincones.

Mateo: A mí me interesaban mucho los bordes, las esquinas. El edificio es un volumen aproximadamente paralelepípedo. Las dos fachadas longitudinales (a la calle, a la plaza) eran claras, pero donde estaba el tema era en las otras dos. Una provoca la cuarta esquina con la calle Sant Pau. La otra aparece al final de la calle Josep Oriol.
Esta cuarta esquina cubre la calle con un enorme voladizo, es como una habitación cubierta. El volumen está deshecho en sus bordes.

Guerín: O sea, que eso sería un rincón nuevo dentro del conjunto. La gente puede entrar por ahí.

Mateo: Sí, es como una especie de soportal abierto a la calle y abierto a la plaza. El bar y la cafetería también se supone que se abren a la plaza.
Es una cafetería de barrio. Abierta todo el día, o toda la noche, con el horario que sea. Puedes acceder a ella desde fuera, no tienes por qué entrar desde dentro.
La estructura permite que todo esto sea un edificio que esté flotando. Entonces, puedes o pasar a la plaza o bajar abajo, donde están los cines, o subir.


Foto de Adrià Goula

Mateo: La parte de la biblioteca es un espacio maravilloso, con una ventana enorme que da a la plaza y a la calle. Es muy bonita la transparencia del espacio de la biblioteca, un espacio sin pilares y que tiene las dos ventanas a lado y lado, o sea, que está como flotante y rodeado de libros. En la parte de arriba, que es la que está cerrada, están las mesas de trabajo más aisladas y con la terraza. Pero es un espacio sin límites, con libros y sin límites en sus dos fachadas.

Guerín: ¿Pondrán cortinas?

Mateo: Fuera hay una gran celosía metálica, que matiza la luz y las vistas. Una celosía que tenía la idea de que fuera como árabe, que tuviera ese tipo de dibujo. Se podría mover y tener el espacio más o menos cerrado. O sea, que tendría una cierta opacidad. Podrías controlar la visión. Quiero hacerlo bastante in situ, porque esto es muy difícil. Hay un momento dado en que es muy difícil tener los detalles antes. Por lo menos cinco años antes.

Guerín: ¿Es un motivo uniforme?

Mateo: No, tendría que tener un ritmo, que no fuera una cosa única…

Guerín: Las placas fotográficas descomponiendo un movimiento podrían ser un motivo, como en los orígenes del cine. Un paso, para bajar una escalera, o el movimiento de los pájaros, se analizaba con muchas sucesiones fotográficas. Ahí se veía la gestación de un movimiento.

Mateo: Desde fuera se ve una gran pantalla de hormigón con una gran ventana, que es donde está la biblioteca. Está cubierta con esta especie de celosía de bronce, metálica, que hace como de cortina. Desde la calle ves un edificio que está así como flotando, y que te permite conectarte, pasar, hace de filtro pero abierto hacia la plaza.
Es bastante complicado que todo sea hormigón visto, materiales, tubos, etc. Que no haya nada oculto. Hay unas vigas que se sostienen con tensores, la estructura es muy curiosa, básicamente para estar en un espacio sin pilares. Es un espacio como una nave industrial, como un puente. (…)


Foto de Adrià Goula

Mateo: Mi madre era de un pueblo al que traían la película. Ibas al cine y te llevabas la silla, era algo muy interactivo. Lo mismo sucederá aquí..
La cuarta esquina crea una especie de «cabeza». Aquí es donde proponíamos proyectar en verano, para que sirviera de pantalla desde la plaza.

Guerín: Creo que es muy importante.

Mateo: Eso sería maravilloso porque, primero, daría sentido a la plaza también. La plaza tendrá gente que entra y sale, el bar…

Guerín: A mi juicio, esta idea de la pantalla, incluso en el caso de que no se utilizara, es muy importante, porque creo que expresa el cine hacia fuera, esa vocación popular de cine y de comunicación con el espacio público, con el barrio y con la gente. Porque en caso contrario, corre el riesgo de ser endogámico, de ser algo demasiado cerrado.

Mateo: La proyección de la película en la plaza se haría sobre una superficie gris claro, de hormigón. Se juega con dos tipos de colores. El hormigón un poco más oscuro es el que toca con el suelo, que será todo gris, como es normal, y el otro vamos a intentar hacerlo de cemento blanco, con lo cual va a ser un poco más reflectante.

Guerín: Todo lo que evoque la pantalla en blanco está muy bien.

Mateo: El hormigón es un material que es muy difícil dejarlo muy bien acabado. Entonces ya cuento con que quede con una forma un tanto rugosa, de forma natural e inacabada. (…)

Mateo: Yo creo que le va de maravilla a la plaza que se genere todo ese mundillo. Porque aquí está más cerca de la calle.

Guerín: Es muy importante, sería el reverso del subterráneo. En el subterráneo estamos los cinéfilos. Está bien crear un espacio que recuerde que el cine fue un gran arte popular del siglo XX, y que establezca esta relación con la sociedad, con el barrio, el cine de barrio. (…)

Guerín: La luz, ¿la controlas tú? ¿Cómo será la iluminación cuando no haya luz del día? Ten en cuenta que los espectadores rara vez vemos la luz del día.

Mateo: Claro, esto es fundamental.
En la planta de arriba es donde estará la parte de la administración. Tendrán un patio interior, y en esa misma planta es donde estarán las máquinas, como las de tratamiento del aire. Es decir, que este es un edificio que no tiene máquinas en el terrado, sino que están dentro del edificio, para que no alteren su volumen y para que de alguna manera no se moleste a los vecinos. Este patio es el que luego también me va a dar luz en la biblioteca. El lucernario va a dar luz cenital en medio de la biblioteca. Es un espacio muy grande.
La luz realmente es mágica. Nosotros estamos acostumbrados a trabajar con cosas más duras, muros y paredes, pero la luz te define un espacio sin materia.

Guerín: La luz es el alma de la escena, incluso antes los cines tenían juegos de luz que verdaderamente ritualizaban el hecho de ver una película, como cuando apagaban las luces y quedaban las cortinas, la última cosa arqueológica. Se buscaba la similitud con el teatro, incluso con algo que no necesita nunca el cine, que son las cortinas… (…)


Foto de Adrià Goula

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