21.12.2009

Concurso Centro Cultural de Córdoba – UNC, participante

Se entiende por plaza al lugar ancho y espacioso dentro de un poblado, al que suelen afluir varias calles. Aquel donde se venden los mantenimientos y se tiene el trato común de los vecinos, y donde se celebran las ferias, los mercados y fiestas públicas. Tal lo expresa la definición, una plaza es la síntesis concreta de este edificio, que rescata las huellas enterradas del pasado, generando necesaria y saludable espacialidad en el corazón mismo del recorrido histórico entre las manzanas originarias de la ciudad, devolviendo generosa escala a la impronta del Colegio Monserrat y su torre, acentuando el carácter público y peatonal de toda el área.

El vacío que produce esta plaza, se transforma en arquitectura accionando positivamente sobre el entorno inmediato, y la materialización de la obra se constituye en el elemento necesario que nos permite descubrir nuevos valores de la historia sobre la que se asienta y de la construida que lo rodea; desde diversas perspectivas, recorridos dinámicos, espacios de permanencia destinados al intercambio socio cultural de los usuarios y el cobijo que el mismo volumen genera, a modo de espacio semicubierto. Es la misma UNC, la que a través de los años, renace y físicamente continúa delineando el perfil y el uso urbano del centro de la ciudad, rescatando lo hecho en el pasado a partir de lo nuevo.

La totalidad de la esquina es liberada, sustituyendo la vivienda que existe en la actualidad por esta plaza pública que se extiende desde la calle Obispo Trejo hasta prácticamente la medianera con el ingreso al Teatro del Libertador. Esta plaza perpetúa en su tratamiento de piso, la existencia de los vestigios originales de lo que fuera parte del Colegio Monserrat, materializándose en un nivel +0,40cm y cubriendo estas «huellas» con placas de vidrio por las que se puede transitar. Se estandariza el nivel actual de calles y veredas, y el tratamiento de sus solados para concretar la continuidad de toda la esquina. El nuevo edificio surge a partir de la continuación de la línea medianera del Comedor Universitario, cual es conservado y puesto en valor, constituyendo el ingreso principal al mismo a través de un lobby enteramente vidriado y de 6 metros de altura que enfatiza la ingravidez del volumen del auditorio, que es un prisma puro, contundente y geométrico que vuela enteramente por sobre este lobby hasta la línea municipal sobre la calle Duarte Quirós. La tensión entre el vacío absoluto y el peso de lo macizo converge en este espacio semicubierto de doble altura, flanqueado en su totalidad por la editorial de la universidad, que desde el interior atraviesa los cristales del acceso para extenderse a todo lo ancho de esta plaza, llegando a la vereda y constituyéndose en el límite de la misma.
En la primera etapa, el proyecto se desarrolla por entero como una pieza perimetral a la nueva plaza, constituimos los bordes y desde allí la propuesta avanza hasta llegar a las «huellas». Superados los 6 metros de altura, el volumen que contiene al auditorio vuela por entero hasta llegar a la línea municipal: esta «caja» maciza, se abre en un balcón urbano desde el que se aprecia una nueva postal de la esquina del Monserrat, inédita, impactante, justo antes de ingresar al auditorio. Este compromiso urbano del nuevo edificio, comienza en una emblemática rampa de desarrollo circular por la que accedemos a este balcón, el dinámico y vital recorrido ascendente de la misma, descubre visuales y sensaciones diversas conforme vamos caminando la nueva arquitectura, un elemento que vincula desde su esencia el espacio público exterior con la arquitectura a partir de este recorrido sensible por el cual el espectador se transforma en protagonista y el usuario es parte viva de la obra.
En la segunda etapa, la totalidad del programa previsto para cumplimentar con la misma, se aloja en un edificio que, respetando el ancho actual del comedor universitario, se eleva por sobre la cubierta del mismo a modo de un objeto puro, no solo cumpliendo con un rol funcional sino que también, transformándose en una nueva fachada que paralela a la calle Duarte Quirós se abre frontal sobre «la plaza» y de cara al edificio del Monserrat. Ya no hay medianeras ciegas en este maravilloso y particular cónclave del micro centro cordobés, la arquitectura delimita con espacios vitales a los vacíos que la misma propone y a partir de un estratégico manejo de las escalas, se aleja suavemente desde la altura del peatón hasta superar los 21 metros en coronamiento del edificio.
Respecto de la fachada del Comedor sobre la calle Obispo Trejo, la misma se conserva al detalle, no así el interior del edifico que se libera por completo para poder servir efectivamente a sus funciones. Esta fachada anticipa el arribo a la nueva plaza, en una escala saludable para el peatón y conservando su imagen histórica. Lo que modificamos es el ingreso al comedor, al cual trasladamos hacia la plaza nueva, abriendo la actual medianera ciega para ingresar a un patio semi público desde el que finalmente entramos al Comedor. Esta situación intermedia plantea una reorganización del acceso al inmueble por parte de los usuarios, descomprimiendo el frente e incrementando considerablemente las condiciones bioclimática en el interior del mismo, a partir de la generación de una fachada enteramente vidriada que se abre a este patio. El sitio de reunión ahora es la nueva plaza y no el frente de la casa sobre el que los flujos de circulación son mayores.
La generación de este patio, marca el retiro necesario a partir del cual se eleva el nuevo edificio sobre el Comedor, alejándolo considerablemente de la línea municipal sobre la calle y reforzando de esta manera la apertura espacial que la nueva plaza le brinda a la esquina. Todo el edificio elevado, tiene su facha norte enteramente vidriada pero protegida por una maya metálica que le confiere al volumen un aspecto austero y sólido durante el día, pero que se desmaterializa de noche, conforme se enciende la iluminación interior que el mismo posee.
Generar vacíos para reforzar los llenos, quitar para poder conservar y de esta forma revalorizar, ser concretos y claros en el mensaje urbano que la obra de arquitectura transmite a los habitantes de la ciudad; crear vivencias sensoriales a partir de un edificio que a su vez responde con acierto a los requerimientos devenidos del programa y contribuir con el hacer cotidiano de la historia viva de esta ciudad, en su corazón histórico son las premisas fundamentales y primeras que finalmente se materializan en esta obra de arquitectura que conjuga el lleno y el vacío; el exterior, el interior, el entorno inmediato y sus usuarios, en un solo hecho.

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