7.3.2012

Primer Plan Visual de Buenos Aires

Ronald asegura que “Las señales son una promesa (…) El único problema concreto que debe resolver un sistema de señales es que las ancianitas encuentren su destino rápidamente. Si van a parar al lugar equivocado, hubo un error, la promesa fue incumplida”.

La mayoría, por no decir todos, los diseñadores conocemos al increíble estudio Diseño Shakespear. Y digo increíble porque hasta quienes no están familiarizados con el ámbito del diseño y la comunicación conocen el trabajo de este estudio argentino. Trabajos como el de la identidad y señalización para Temaiken, Subte, Banelco, Recoleta Mall, Dot Baires, entre otros cientos pasaron por la mano de Ronald Shakespear, su hijo Juan, su otro hijo Lorenzo (quién recientemente comenzó su estudio particular) y un equipo de profesionales que saben como desarrollar megaproyectos, manteniendo la constancia y simpleza en todas y cada una de las piezas desarrolladas.

En este caso voy a comentar un caso, sino el primero, que constituye un hito en la historia de los megaproyectos desarrollados por este estudio: el Primer Plan visual de Buenos Aires. Ronald Shakespear junto a su hermano Raúl y su socio en ese entonces, el arquitecto Guillermo González Ruiz, desarrollaron en 1971 un sistema de señales de tránsito que aparecía para guiar al transeúnte hasta su destino (sin la necesidad de recurrir a otros para despejar dudas) informarle donde se encontraba y señalizar paradas de colectivo y taxis ente otras tantas señales. Este trabajo señalético abarcó señales peatonales, vehiculares y reglamentarias de la ciudad. Hasta ese momento la Dirección General de Tránsito de la Municipalidad hacía las señales, que eran chapas enlozadas azules, que se pegaban en las paredes de la calle. “Eran ilegibles, ridículamente chicas, y estaban compuestas con distintas familias tipográficas. En una misma señal había mayúsculas, minúsculas, negras, blancas, bastadillas, etcétera.” sostiene Ronald en esta nota, hecho que lo llevó a proponerle el rediseño al municipio. De esa manera la Dirección de Mantenimiento, con la ayuda de la Secretaría de Obras Públicas, fabricó miles de señales desarrolladas por Shakespear.

Sobre el Primer Plan Visual de Buenos Aires, Ronald sostiene en esta nota del diario Clarín “Fuimos precursores en América latina (…) Era la primera vez que una ciudad se repensaba a sí misma”. La señalización urbana que diseñó para Buenos Aires fue copiada en muchas provincias e incluso en otros países latinoamericanos. “Y bueno, Cortázar decía que una vez que llegaba el paquete de libros impresos a su casa, se daba cuenta de que ya no le pertenecían. Y tenía razón. Cuando las cosas toman estado público, ya son públicas”. Así, el fundador del estudio Shakespear construyó su vida profesional muy cerca del diseño de señalética, otorgándole una importancia crucial para el ordenamiento en ciudades y ambientes específicos, donde el fin más importante es conducir flujos masivos de personas. Ronald asegura que “Las señales son una promesa (…) El único problema concreto que debe resolver un sistema de señales es que las ancianitas encuentren su destino rápidamente. Si van a parar al lugar equivocado, hubo un error, la promesa fue incumplida”.

El desarrollo de este Plan Visual fue unos de los hitos del estudio Diseño Shakespeare, ya que representó uno de los megaproyectos más importantes, populares y visibles realizados por su estudio. En su libro Señal de Diseño: Memorias de la Práctica señala que no fue nada fácil la aceptación de este nuevo desarrollo, ya que “las mayores resistencias no provienen de la gente, sino de los burócratas”. Sostiene que no alcanzó con el diseño de la señal de nomenclatura ubicada en cada esquina de la ciudad. Si bien se resolvieron los requerimientos como el nombre de la arteria, nombre transversal, altura y direccionalidad de ambas, autonomía, identidad, valor señal y separación del frente de edificación, demandó tiempo, esfuerzo y crítica feroz alcanzar conceso y aceptación pública. “Ahora, pasados los años, ya implementadas las señales en todo el país e imitadas en casi toda América Latina, están incorporadas en la memoria colectiva. En fin, nada es fácil.”

La importante tarea de hacer la ciudad legible implica, en palabras de Ronald Shakespear, descifrar sus códigos. Si bien existen innumerables factores de reconocimiento urbano, la complejidad se acrecienta por la diversidad icónica, la heterogeneidad edilicia, la mutación constante del paisaje y el ruido semiótico. Con respecto a esto último Ronald comenta en la nota de Clarín que “El ruido semiótico de la ciudad es dramático. La polución visual arrasa el paisaje urbano. El caos de carteleras, ménsulas, voladizos, marquesinas, cables, nos ataca alevosamente”. Frente a esta situación, los sistemas de comunicación buscan establecer una gramática fehaciente, permanente y confiable que colabore con la decodificación. Para que esto se cumpla, los sistemas de comunicación deben tener en cuenta tres polos fundamentales: secuencialidad, previsibilidad y estructura. Los tres polos actúan al unísono en la percepción del mensaje. El primero cobra importancia por la reiteración constante y secuenciada en el paisaje. El segundo, a través del emplazamiento sistemático, que hace previsible su localización. Y el tercero por su conformación estructural (dimensión, forma, color, contenidos y aspectos visuales del signo). Siguiendo esta estructuración segmentada en 3 polos complementarios se conformó en Plan Visual, en donde la señal de nomenclatura de Buenos Aires, al ser de emplazamiento sistemático y previsible, conforma un ícono de alto grado señal.

Con el paso del tiempo, más allá del deterioro, el vandalismo y la erosión de los materiales, se produjeron ciertos cambios de los cuales Ronald Shakespear se preocupa en aclarar que no está de acuerdo. Por un lado, en la nota publicada en Clarín sostiene que el hecho de incluir en la parte superior de las señales de nomenclatura una faja publicitaria, genera que está entre en competencia con la señal y dificulte su percepción. Por otro lado en su libro dedica un apartado al análisis de este hecho. El acto de corrupción que constituye incluir el estimulo publicitario en el área de información pública es no solo inadmisible desde la perspectiva ergonómica –dos estímulos superpuestos con notorio privilegio del mensaje publicitario superior- sino además de la ética del usuario quien debe consumir publicidad para tener acceso a la información publica. (Shakespear, 2009, p.166)

Las señales de nomenclaturas de calles representan un instrumento recorrible en sus 360 grados lo que los lleva a tener una alta percepción peatonal y vehicular. Más allá de las intervenciones que resultan necesarias con el paso del tiempo, estas señales tienen más de 40 años y lograron convertirse en patrimonio urbano y pertenecer a la memoria colectiva de los ciudadanos. Lo mismo sucede con las señales de paradas de colectivos que están ubicadas en forma transversal al flujo del tránsito y conformadas por dos grupos de placas (una por línea) separadas por la columna de sostén, formándose de esta manera un diedro. Las placas paralelas a la calle tienen el número de cada línea y flechas indicadoras de formación de fila de espera. Las placas perpendiculares a la calzada muestran el número y recorrido de cada línea.

El diseño de la señal de parada de taxis, que se materializó siguiendo el mismo criterio constructivo que el resto del programa de señales, se encaró con mayor libertad. Para el diseño de su morfología se apeló retóricamente al acto común de llamar al taxi, y se utilizó una paleta cromática propia en alusión a los taxis porteños. Las señales de nomenclatura de plazas y parques se diseñaron para emplazarse en sectores de circulación multidireccional. Para alcanzar su óptima visibilidad se crearon con dos caños de sección circular de una pulgada y media de diámetro que, si bien nacen juntos en la base de la señal, luego se abren a los 190 cm del suelo para bordear y sostener la placa informativa de aluminio de 100 cm de lado.

Como resultado de este megaproyecto urbano, Ronald Shakespear concluye que “las señales, como instrumento de información y conducción de flujos de público, han tenido un rendimiento eficaz, de alto valor señal, y una multiprestación de servicio importante”. Las señales de nomenclatura emplazadas en forma independiente y autoportante no solo representaron un significado de tipo comunicacional e informativo, sino también, como comenté anteriormente, pasaron a formar parte del patrimonio urbano, siendo elementos clave formadoras del paisaje público y de la identidad de la ciudad.

Desde este primer proyecto llevado a cabo con éxito, comenzó un sinfín de trabajos con el fin de ordenar a la gente en tránsito, a identificar visualmente lugares, a generar señalizaciones y señalética aplicada tanto en ámbitos abiertos como cerrados. Como sostiene Marina Gambier, periodista especializada en sociedad, cultura e interés general en el diario LA NACIÓN, en su nota publicada en dicho diario “… se puede decir sin exageraciones que las calles de Buenos Aires son tal como las vemos por obra de Shakespear. ” y es que no sólo las calles en sus señales tienen la marca de este estudio de diseño, sino que también la señalética del zoológico de Temaikén, del Subte de Buenos Aires y de los Hospitales Municipales, entre otros.

Fuente > http://particulagrafica.wordpress.com/2012/02/27/primer-plan-visual-de-buenos-aires-senaletica/

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