21.10.2019

Primer Premio Concurso Idea Raíz Hospital Británico

La propuesta  incorpora el concepto de jardín terapéutico con el fin de recrear un entorno humanizado, incorporando las necesidades, físicas, psicológicas, sociales y espirituales  que favorezca la recuperación del enfermo y el bienestar de los usuarios en su conjunto.

Jardín de los encuentros

Su diseño valoriza elementos significativos del  jardín: como la tipa el aguaribay, el cedro, el roble y el reloj de sol.

Morfológicamente se advierten dos espacios diferenciados: un jardín amplio verde horizontal con cuatro árboles puntuales y un espacio fuertemente enmarcado por el contorno del hospital vertical, agudizado por el núcleo de ascensores y la tipa.

Ambos espacios quedarán unificados por un solado de idéntica materialidad que irá variando su direccionalidad, dimensión y forma según la función a cumplir, sendero, circulación pública, técnica, etc.

Pulmón verde excelentemente  conservado por la institución, establece un contrapunto adecuado con la superficie construida del hospital. Dicho espacio abierto, útil para funciones de recepción mantiene sus dimensiones. Se interviene en forma perimetral  creando un paseo terapéutico  a través de dos caminos que se entrelazan con plantas autóctonas en convivencia con las suaves curvas que representan el reconocido estilo del jardín inglés.

Las especies seleccionadas en su mayoría autóctonas acompañan este criterio de unión, sumando un valor agregado relacionado con los conceptos de sustentabilidad, biodiversidad y bajo mantenimiento. Especies nativas que traen consigo, las aves, los pintorescos colibríes, las orugas y las mariposas, todos ellos como símbolos del ciclo de la vida.

Este espacio central amplio enmarcado por el cielo, los edificios, los árboles, y el césped visualizado  tanto desde el interior como desde el exterior, se articula con espacios de dimensiones reducidas de distinta calidad ambiental, semi-cubiertos a escala del paciente protegido de múltiples miradas. Espacios imbricados, saludables, resultan apropiados  para la contemplación de la naturaleza, la reminiscencia, la activación de los sentidos, etc.

En el  ángulo este se podrá ubicar un espacio para juegos de niños protegidos por la sombra del añejo Aguaribay. Luego, se suceden distintos espacios de recogimiento, de conciencia del paso del tiempo, de conciencia del cuerpo y de la naturaleza.

Un camino principal para pacientes con movilidad reducida se materializa con un solado drenante de estructura abierta y amigable con el medio ambiente, otro con chips de madera invita a recorrer el jardín a familiares, médicos y personal del hospital, introduciéndonos en la naturaleza.

El perfume de los jazmines tan propio de nuestra historia, se impregna en nuestra memoria. Conviven el pasado y el presente en el jardín como en nuestras vidas. Nos marcan el paso del tiempo, el nuevo jardín nace hoy y se entremezcla con lo existente, no lo oculta, lo vitaliza y lo resalta.

Especial relevancia se concede al reloj de sol, su presencia como energía y fuente de vida y símbolo del paso del tiempo. Un leve desnivel circular permite revalorizar su localización. Se propone incorporar un mástil muy liviano que arroje sombra sobre el césped y posibilite su visualización desde las aberturas del hospital, juegos de sombras acompañadas de las sombras de los árboles sobre los muros permiten abstraerse de la situación particular de cada usuario. Un camino de pasos perdidos permite acercarse para su visualización.

Se imprime un fuerte carácter identitario al espacio de los eventos enmarcado por el núcleo vertical, la tipa y el jacarandá.

Un nuevo trazado  regulariza las circulaciones facilitando la conexión entre los distintos accesos y acompaña la simetría del sitio. Permite, asimismo, diferentes configuraciones según los eventos que allí sucedan: graduación de enfermeras, eventos musicales, festejos.

Una alineación de Lagestroemias de floración blanca enmarca las circulaciones y nos conduce a los distintos puntos del jardín; de porte reducido, de floración estival nos acerca la escala humana entre el hospital y el jardín. Por debajo, una primavera de azares de los Pittosporum nana nos guiará hacia los senderos del jardín terapéutico. Lo regular ordena y organiza, lo orgánico nos estimula y acompaña en la circulación y contemplación.

La incorporación de un ejemplar de Jacarandá realza el núcleo vertical, de follaje etéreo todo el año, nos dejará descubrir el jardín en cada estación, desde las alturas, desde el interior, desde cada sector. Su explosiva floración a poco de iniciar la primavera nos remite a la urbanidad de Buenos Aires, al color del cielo, fuente de inspiración e identidad.

Junto con la tipa crean el escenario convocante para las distintas actividades de la plaza.

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