25.7.2008

Parque Independencia de Rosario en sus 10 décadas

La idea de parque público urbano nace en el siglo XIX. La revolución industrial, la urbanización de la población y el consiguiente cambio de escala de las ciudades hizo necesario, tanto en Europa como en los EE.UU., intervenciones con obras que permitieran satisfacer las necesidades y paliar los problemas causados por duras condiciones de vida, signadas por la aglomeración y el hacinamiento. Distintos grupos comenzaron a pensar cómo se podían mejorar esas condiciones de vida.

En EE.UU. estas inquietudes se inspiraron en el pensamiento de Emerson, Thoreau, Whitman, Melville, el culto por la naturaleza y sus aspiraciones a crear en sintonía con ella una nueva sociedad. Se señala reiteradamente la influencia de los cementerios rurales, espacios públicos de diseño romántico, como el famoso Greenwood de Brooklyn. Situados cerca de las ciudades, se convirtieron en lugares de visita muy frecuentados y resultó un ejemplo para la creación de nuevos espacios de recreación. Tomó forma una nueva cultura que halló en el movimiento en pro de los parques urbanos, la ocasión para un enfrentamiento político que combatía la práctica despiadada del «laissez-faire».

En Nueva York, en 1853 se compraron terrenos destinados al Central Park y en 1857 se llamó a concurso para el proyecto. Ese movimiento en pro de los parques se extendió, después de la Guerra de Secesión, a todo EE.UU. y también a Canadá. Junto con los conservacionistas, propendió también a la formación de los parques nacionales, para preservar sectores de bosques y otros sitios cuyos paisajes eran altamente valorados.

En Europa, señalan Tafuri y Dal Co 3 , los utopistas tomaron como eje central el tema de la vivienda, (la penuria del hacinamiento, de los tugurios, de los «cuarteles» de alquiler inhumanos destinados a la clase obrera) preocupados por la propiedad de la tierra urbana. Entidades mutualistas elaboraron posturas contra la especulación de la tierra y en general tendientes a corregir los errores de la ciudad industrial. Se proyectaron los parques como partes de las ciudades-jardín, y de los suburbios-jardín. En las grandes ciudades, ya consolidadas, se asignaron parques- antes propiedad de nobles y de reyes- al uso popular. Además, pensando en la futura expansión, las municipalidades comenzaron una política de compra de tierras periurbanas con destino a parques 4, canchas de juego, instalaciones deportivas, bosques y huertas comunales.

También aparecieron en Inglaterra, parques y plazas verdes como ejes de desarrollos especulativos. Aunque tuvieron un carácter privado, sirvieron de modelo para reformar, plantando, las antiguas plazas públicas secas en todo el mundo.

El ejemplo más famoso de transformación fue el de París a mediados del siglo XIX, bajo el gobierno de Napoleón III. Un verdadero ejercicio de planeamiento que encaró la defensa, la política carcelaria, el tránsito, el saneamiento, la puesta en valor de edificios monumentales, la recreación y equipamiento urbano con obras, redes de servicio y nuevos trazados, todo conducido por un equipo técnico multidisciplinario. Este equipo definía la organización, los presupuestos, las etapas con un enfoque global y atento tanto a las necesidades del momento como a las por venir. Dominaba no sólo los recursos técnicos sino también los organizativos como para llevar a cabo estas grandes obras.

Queda claro entonces que, como señaláramos en otras oportunidades 5, el parque público en el plan de París, «trascendió los límites del parque en sí, trascendió los límites del quehacer jardineril y el enfoque puramente estético para ser una de las herramientas de transformación de la ciudad.»
Además, fue un intento de los mismos proyectistas hacer de París un modelo. En la mayor parte de los casos, ese modelo fue tomado en forma parcial.6 En la Argentina, se tomó la idea de parque público, la avenida alineada de árboles de gran desarrollo (aunque en algunas ciudades- Mendoza, Buenos Aires- hubo alamedas ya a principios del siglo XIX), la avenida con canteros centrales y varias hileras de árboles, el diseño de las plazas con vegetación incorporada.

Sitio

El Parque Independencia se imaginó a fines del siglo pasado como un sector de «naturaleza recreada» en la ciudad a futuro. La planta urbana consolidada era pequeña, dispuesta alrededor de la Plaza de Mayo. El parque quedaba a varias cuadras de distancia – por el momento «un algo inmerso en una nada» – pero todos estaban seguros de que más adelante la ciudad lo circundaría. Bien dentro de los límites del ejido, lindante con la primera ronda de bulevares y con el esbozo de parque de cuatro manzanas que se había dispuesto en la intersección de éstos en 1867. El terreno era una planicie fértil con leve declive hacia el NE, ocupado por quintas. Si vamos a creerle al Dr. José A. Olguín, que demanda a la Municipalidad por la reivindicación de terrenos que se expropiaron para la creación del parque, allí había frutales y viñedos, de los que no quedó ni rastro. Quizás algún olivo de los que actualmente encontramos. Puede que los ombúes (como el de calle Pueyrredon) marquen viejos sitios de residencia. El ecosistema ya estaba alterado y en aquellos días no había interés por recrearlo ni por registrar rastros culturales. (Por Ej. en París, uno de los últimos parques que se creo fue Bercy, donde antiguamente había viñedos: este fue uno de los temas desarrollados en un sector de ese parque)

Programa

Es interesante analizar el mensaje en el que el intendente Lamas presenta su proyecto al Concejo Deliberante, pues en él y en la parte del parque que se construye -o sea tanto en las palabras como en los hechos- se explicita su programa.

Higiene, salud pública, moralidad: institución igualadora, embellecimiento y desarrollo de la ciudad, diversiones, representación social, fomento de los deportes, puesta en valor de la producción regional, y, aunque no este escrito en la memoria, el parque como institución didáctica y laboratorio técnico.
Considero imperdible leer las reflexiones de Gorelik 17 y Pschepiurca 18 sobre la construcción del parque 3 de Febrero de Buenos Aires. Parece que en Rosario, veinticinco años después- y dejando de lado el tema de la quinta de Rosas, pues los terrenos elegidos no habían sido la residencia de ningún dictador- hay como una síntesis de los sucesivos momentos por los que aquel había pasado, que correspondieron a distintos elementos incorporados, a cuenta de diferentes concepciones. Los concejales rosarinos tienen presente, al decidir la aprobación de la ordenanza, los fundamentos desarrollados a nivel nacional en las extensas discusiones de diputados y senadores, pero no sé si en toda su dimensión ideológica. 19

Ante todo y como por sentado, la idea del parque público como institución igualadora. Dice Pschepiurca: «El paseo, donde en medio de una multitud desconocida parecen desaparecer las diferencias entre clases y entre los ambientes sociales, donde ilusoriamente la gente es protagonista, espectáculo y espectadora simultáneamente no debe ocultarnos el carácter instrumental que tienen los espacios de naturaleza dentro de la ciudad.» Y agrega citando a Martínez Estrada: «El lujo y la pobreza acuden juntos, miembros de una numerosa familia, sin enfrentarse ni contraponerse (…) La marcha peripatética nos avisa que estamos en una zona neutral de Buenos Aires». Entonces el parque tiene un objetivo de carácter moral. Dice Lamas 20 que este parque está situado equidistante de los extremos poblados de la ciudad y así permite que concurran a él todos los habitantes, no como el Parque Tres de Febrero, que, de acuerdo con su ubicación al decir del Dr. Rawson, «responde sólo a las necesidades de la aristocracia y del lujo, pero permanece mudo ante las exigencias de la población indigente».

Luego la idea del parque como elemento de higiene pública que remediaría los males del hacinamiento, antídoto de las condiciones degradantes de habitación y trabajo. Dice Lamas:»El remedio para evitar los males de la aglomeración de las personas en parajes limitados de una ciudad son los jardines, paseos y plazas públicas.» Dedica varias páginas del mensaje a desarrollar esa idea, citando estadísticas de ciudades europeas y norteamericanas sobre la evolución de la mortalidad. Pero, más allá de esas propuestas si se quiere ingenuas o gatopardistas, él plantea algo que concuerda con las propuestas de hoy:»…se levante un parque y se hagan plantaciones que purifiquen la atmósfera».
Se pregunta Gorelik «¿Puede acaso deslindarse fácilmente el reformismo del higienismo filantrópico del reformismo con que la elite apunta a la propia burguesía?»

La propuesta de Sarmiento es la construcción de un espacio abierto planificado y proyectado como lugar de la contemplación y el movimiento en libertad. Sarmiento conoció los rural cementeries, que programaban una arcadia fuera de la ciudad, a más de los parques urbanos como el Bois de Boulogne, el Hyde Park y el Central Park- la recreación de la naturaleza en la ciudad. Pero también conoció y se entusiasmó con los programas norteamericanos de desarrollo de la agricultura que ven como instrumento los parques públicos con sus zoológicos, jardines botánicos de propagación y pabellones de exposición de productos rurales. Esta idea de parque como laboratorio técnico es expresada por Lamas fundamentalmente en el programa que propone: zoológico, vivero, invernadero, escuela de aprendices jardineros y un sector dedicado a muestras de los productos agropecuarios. Esto complementado con una intención didáctica dirigida a toda la ciudadanía, con el establecimiento de horarios de visita al vivero para las escuelas y público en general. Se podría agregar la fiesta del árbol, realizada en 1901, que el intendente no solo concretó sino que preparó con dedicación y cuyo fin era esencialmente didáctico.21 Dícese en el decreto respectivo (11 de junio de 1901) «Siendo conveniente fomentar el culto por la plantación de árboles, estimulando a los niños en el amor a los mismos, por medio de la celebración de una fiesta que grabe en su memoria el día en que los colocaron (…) Y así, con ese acto, involucró a todos los chicos en la construcción del primer parque de la ciudad, que verían consolidarse a lo largo de sus vidas, considerándolo como propio.

Resume Lamas el proyecto: «Y he ahí por que se hace necesaria la adquisición de una zona de terreno donde se levante un Parque y se hagan plantaciones que purifiquen la atmósfera, donde se efectúen exposiciones periódicas de la producción ganadera, agrícola y fabril de la provincia, se fomente los ejercicios atléticos é hípicos que han sido aceptados como una manifestación de progreso y que causan la diversión de las sociedades modernas.»

El desarrollo del Parque Tres de Febrero pasó de la etapa pragmática a la representativa, dice Martínez Estrada (siempre en citas elegidas por Pschepiurca), «Pellegrini fundó el Hipódromo y Sarmiento el Jardín Zoológico» y todos los escritores describen al parque como espacio de representación, un paseo con preponderancia de la actitudcontemplativa, un salto del utilitarismo al consumo.

Aquí llegó todo junto, vivero con hipódromo, laboratorio y representación, reuniones de la sociedad y fiestas populares. Destaca Lamas la falta de un parque en Rosario, y justifica la necesidad de crearlo por los habitantes, por los futuros habitantes que lleguen y deseen quedarse y por la imagen de la ciudad ante los viajeros.»La ciudad de Rosario carece de ornato, paseos y diversiones. Su aspecto exterior no es de una impresión simpática para el viajero que la visita por su hermosísimo río y el que permanece en ella varios días y aún el que viene a habitarla, recibe la decepción de que está absorbida su vida tan sólo por el comercio y la producción.»

En cuanto a los deportes, la única zona que se dedica específicamente a eso es la del Club Veloz- no sé si se consideraría en esa época las carreras de caballos como algo deportivo- y además es posible que se contara con que en el área concedida al Jockey Club, se establecerían algunas canchas para juegos como en realidad ocurrió (por supuesto estas canchas eran sólo para los socios). Si pensamos el parque desde el punto de vista de la diversión, del juego 22, como lugar especial de recreación dentro de la ciudad, lo que se proponía era pasear a pie y en coche, también cabalgatas. Los paseos a pie son mas vale vagabundeo de improvisación a lo largo de senderos alternativos, goce de la naturaleza. Ocupación semimaquinal que deja la mente libre, presentándose diversas situaciones de pradera, bosquetes, junto al agua, o sobre ella en los puentes, con detenciones en los bancos, con relieve del terreno como la montañita. Los paseos en coche resultan mas para ver y ser visto 23. Las cabalgatas implican las destrezas de montar, la tensión y el talento de superarse no como rivalidad sino como deporte (en la designación que opone juego a deporte- sports and games) y también puede tener una cuota de vértigo al galopar. En cuanto al Club Veloz, parece que las carreras de bicicletas eran una actividad muy concurrida, no hemos podido entender si eran mas vale espectáculo o eran muy participativas.

¿Y el hipódromo? Se dice que fue Carlos Pellegrini quien propuso el Hipódromo para el parque 3 de febrero. El juego del hipódromo combina azar con representación (alea con mimicri) Si bien aparece el agon (esfuerzo por vencer, la competencia), esto es protagonizado por profesionales, hombres entrenados para el oficio y todo es una representación teatral, con trajes, rituales, etc. Los asistentes son espectadores y a la vez apostadores, que pueden contar con su propia experiencia como conocedores de los caballos y de los jockeys, pero que nunca van a estar seguros del resultado ni tampoco pueden contar con su propio esfuerzo para producirlo. Los hipódromos que se han tenido en cuenta como modelo, seguramente los europeos, tenían en esa época y en algunos casos tienen todavía una connotación de reunión de la nobleza y de la alta burguesía. En Rosario no había nobleza y los sociólogos dicen que tampoco burguesía, pero podríamos decir que el Jockey Club era el lugar de encuentro de la clase acomodada. Las actividades relacionadas, tales como la cría de caballos de carrera todavía hoy se consideran como medio de ascenso social- basta pensar en los sindicalistas enriquecidos. Entonces la creación de una pista hípica, junto con un ampro terreno que posibilitaba el establecimiento de canchas, todo rodeado de un parque mayor, accesible por una avenida ajardinada y flanqueada por las casas mas rumbosas de la ciudad establecía una situación privilegiada. Las carreras eran la oportunidad: «Extraordinario brillo promete alcanzar la reunión inaugural de la temporada hípica que se realizará esta tarde en el Parque Independencia. Todas las familias distinguidas han mandado a retirar palcos y los que han hecho sus pedidos demasiado tarde, han sido invitados a presenciar las carreras desde el palco oficial.» Se lee en La Capital del domingo 2 de marzo de 1902. Pero también había tribunas para otros – el negocio no despreciaba a nadie-, tribunas separadas. Para el pobre la carrera producía la fascinación de hacerse rico de golpe, burlándose del trabajo penoso y huyendo de la vida miserable. Se dice que el hipódromo es mal negocio para el apostador pero bueno para el dueño pero también para el estado porque cobra buenos impuestos. Será en otra parte, pues en Rosario no se cobraba impuestos sobre las carreras ordinarias.

Dediquemos un párrafo al tema de las concesiones 24. Aquí no se trata de un predio que se compró a medias entre particulares y municipalidad sino absolutamente a cargo de ésta última. Todos los habitantes de la ciudad pagaron- y los juicios de expropiación siguieron durante años y años- para que inmediatamente se concesionara el 47% 25. Hay unas palabras de Lamas que parecen esclarecedoras cuando aclara que ha consultado, sobre el proyecto de parque, a personas que le han expresado decidida aprobación y que… «el presidente de la Sociedad Rural Santafesina don Pelayo Ledesma (le ha mencionado) su más resuelta voluntad de cooperar a su realización con instalaciones para celebrar ferias y exposiciones agrícolas y ganaderas en el terreno que con tal objeto se destina…» Quizás este compromiso, y el del hipódromo, que es menos defendible ideológicamente y más comprometido en extensión y forma, y hasta condicionante del diseño del parque, haya sido una especie de pacto para la aprobación del proyecto, teniendo en cuenta que el del intendente Paz había naufragado sólo tres años antes. Nobleza obliga, Lamas acota: (estas concesiones serán) «(…) por un tiempo determinado y mientras las necesidades de la población no exijan la ampliación del Parque.» Ahora, si Lamas verdaderamente lo pensaba o era una broma cruel como la que se nos hizo en 1997 26 no hay modo de saberlo, pero nos inclinamos a pensar que Luis Lamas era una persona de bien y que esa era su intención. En el año 1931, (ya habían pasado y largos esos 20 años) El urbanista Werner Hegemann, al visitar Rosario hace un análisis de la escasez de espacios de recreación y critica esas concesiones y los precios viles que la municipalidad cobra por esos espacios.

Modelo

Como dijimos, en la década del sesenta, habían comenzado a aparecer propuestas que pretendían hacer más amena la vida cotidiana de los rosarinos, ofreciendo nuevas distracciones. Mencionamos que, además de la gran plaza, se planearon parques en el Arroyito (desembocadura del Arroyo Ludueña), en la avenida San Martín al sur, y el mencionado parque 27 de Febrero, proyecto del intendente Paz. ¿Se diseñaron alguna vez o simplemente fueron ideas escritas en forma de programa?
Es pertinente preguntarse cómo aparecieron en Rosario las influencias de las que habláramos en la introducción, que dieron nueva forma a las viejas plazas y que se plasmarán a la vuelta del siglo en el Parque Independencia. Seguramente por lecturas y vivencias de viaje de personajes de las esferas cercanas al poder nacional y local, en muchos casos vía Buenos Aires. Por influencia de algunos criollos que fueron a estudiar a Paris como Pridiliano Pueyrredon. Además, por las personas mismas de l os diseñadores franceses que vinieron temporariamente a estas tierras del sur, o que se quedaron para siempre.
En el caso que nos ocupa hablaremos del modelo de parque. Corresponde aquí hacer una profundización sobre el diseño del paisaje. Cuando se trata este tema, vienen a la mente del lego inmediatamente el jardín francés del siglo XVII regular, geométrico, formal, y el jardín inglés del siglo XVIII, irregular, libre, «natural», también denominado paisajístico, (con todo lo empobrecedora que sin duda resulta una definición tan apretada).

http://www.parkindependencia.com.ar/

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