26.2.2015

Museo de las Colecciones Reales

El Museo de Colecciones Reales continua el basamento del Palacio Real, construyendo un espacio lineal que sigue las trazas del propio palacio.

Ícono
Un edificio sencillo y compacto, una construcción consciente de que la máxima flexibilidad y posibilidad sólo es posible dentro de un orden riguroso, que toma los materiales del Palacio Real y su digna construcción como carácter, con una disposición contemporánea a la vez pesada y ligera, opaca y transparente. Los tres niveles de exposición, iguales y diferentes, albergan tres colecciones diferenciadas. Cada uno de estos espacios se organiza como una nave de ciento veinte metros de longitud y dieciséis metros de ancho, flanqueada por los restos arqueológicos de la muralla árabe en su lado este y una celosía monumental, formada por un conjunto de bandas horizontales de grandes pilares de granito, abierta al oeste sobre los jardines del campo del Moro. Las vistas hacia los jardines son el espacio entre la estructura, como los pilares son los llenos entre huecos; el espacio es el ritmo de las vigas, y las instalaciones son los intersticios entre aquello que soporta el edificio; estructura, iluminación, vistas, espacio, instalaciones, desdibujan sus fronteras e intercambian sus atributos. El Museo de las Colecciones Reales es un basamento para el palacio desde el exterior, un marco para ver jardines y piezas al interior. Lo más importante ya existía, la labor de la arquitectura era hacerlo visible.

Contexto
Desde el punto de vista urbano, el Museo de las Colecciones Reales ha pasado a formar parte del paisaje natural-artificial de la cornisa poniente de Madrid, preservando el carácter público de la plaza de la Almudena y el paso natural de carruajes y vehículos oficiales al Palacio Real. La presencia del Palacio Real, y sus grandes muros de contención, establecen un orden en la cornisa poniente que todos los ciudadanos reconocen y aprecian. La presencia del Palacio sobre un basamento pesado es una de las constantes en la percepción colectiva de esta parte de la ciudad, que habla del límite urbano en la memoria de la ciudad como parte del inconsciente colectivo. El Museo de las Colecciones Reales toma su carácter de la condición de límite urbano, de la condición de muro de contención masivo de gran escala, integrado, formal y constructivamente, con el basamento del Palacio. La presencia del Museo, haciendo gala de su condición serena, cede el protagonismo al Palacio.

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Investigación
El Museo de las Colecciones Reales se basa en la investigación práctica de los mecanismos que permiten desdibujar los límites entre la tipología del edificio y su propio sistema estructural. La peculiar ubicación del Museo de Colecciones Reales, y su carácter de basamento habitado, condicionan una tipología de museo que está profundamente imbricada con la propia estructura constructiva; Así en el Museo de Colecciones Reales se ha ensayado un “museo lineal descendente invertido” que está directamente vinculado, en este caso, con una estructura que funciona como un muro de contención habitado. Este sistema tipológico, y estructural, establece una organización de salas, conectadas a través de recorrido descendente, a través de las colecciones, que permite la salida directa al campo del Moro, en su nivel inferior, vinculando, a través de su recorrido, la Plaza del Palacio Real y su jardín histórico, por el interior de una estructura de contención, similar a la histórica que el propio Sachetti construyó para el palacio original.

Materia
La materialidad del Museo de las Colecciones Reales es absolutamente transparente, «sin trampa ni cartón», de tal modo que cada elemento constructivo funcione naturalmente de acuerdo a su propia condición material. La poderosa estructura portante está formada por un conjunto de grandes pórticos, de dieciséis metros de luz, repetidos cada dos metros, que construyen los espacios de forma autónoma. Cada pórtico, construido en hormigón blanco, está integrado por pilares y vigas de sección cuadrada, de un metro por un metro, y la sucesión de pórticos formaliza un conjunto de naves continuas de ciento veinte metros de largo por dieciséis metros de ancho, en las que la materialidad de la estructura cualifican el espacio. Por otra parte, la construcción de la fachada se ha llevado a cabo con grandes piezas de granito, idéntico al del Palacio Real, que se alterna con bandas horizontales, a modo de impostas, de hormigón blanco de carácter similar a las impostas de piedra caliza del propio Palacio.

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Sistema
La arquitectura del Museo de las Colecciones Reales es una arquitectura sobria y estable, en la que su cualidad espacial está intimamente ligada a la precisa construcción de un sistema estructural. Un sistema estructural que genera unos espacios de gran dimensión, que conceden dignidad a la arquitectura por la estricta construcción y la generosa escala, sin tener que recurrir a sofisticadas decoraciones, que desvirtúen la comprensión de las colecciones o enturbien el nítido perfil del basamento del Palacio Real, y la cornisa de poniente. Las grandes alturas requeridas para la exhibición de las colecciones, así como las grandes dimensiones de las diferentes áreas, establecen un sistema estructural, y constructivo, más próximo a la de las grandes obras civiles de este siglo, que a la de una arquitectura plegada al ornamento y la decoración, De este modo la «estética de los ingenieros» cualifica la propia construcción y la lleva a un realismo pragmático que evita exageraciones formales allí donde no son necesarias.

Vínculos
Históricamente, el principal vínculo del Museo de Las Colecciones Reales se debe establecer con el “Decreto de fundación del museo de Armas y Carruajes” emitido, en 1936, por el gobierno de la Segunda República, que recogía explícitamente la voluntad del gobierno de España de hacer participes a los ciudadanos de las colecciones, que habían pertenecído historicamente a la Corona de España. Tipológicamente el Museo establece vínculos formales con el Palacio Real, al acomodarse a las trazas de las posibles ampliaciones del Palacio hacia el sur, dibujadas por los arquitectos del Palacio Real, Giovanni Battista Sachetti en 1757, y Francesco Sabatini en 1790. Y urbanísticamente, la ubicación de la propuesta en el lado poniente del solar, concentrando todo el programa en una única edificación, vincula la implantación en planta a la actual alineación del muro de contención oeste del solar, y la conservación de los restos de la antigua muralla islámica.

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Esta obra fue presentada en Realizaciones de invitados internacionales dentro de la categoría Técnica, artesanía e industria BIA-AR 2014

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