16.10.2013

La casa enTera, en Soria, España

Lugar, programa y la construcción determinan la forma de esta casa diseñada mano a mano con el cliente. Un sencillo volumen rectangular de hormigón, con cubierta a un agua, contiene los distintos espacios de esta vivienda.

La estrategia de la vivienda consiste en generar un contenedor, cuyo interior está presidido por la chimenea, el hogar, y en el que los principales espacios se abren a través de agua, reflejo de la luz, al exterior. Por el gran hueco a sur, separado por una piscina larga y estrecha para nadar, cuatro robles centenarios se recortan en el cielo soriano.

A través de un porche que atraviesa todo el volumen, se accede a un espacio que funciona de garaje y de vestíbulo. A continuación un gran espacio contiene los usos de salón, comedor y cocina, con chimenea, y que queda a doble altura. La planta baja se completa con el dormitorio principal, baños y galería-vestidor. La planta alta contiene la biblioteca, y dos dormitorios baño. La cáscara de hormigón dura y fría protege un interior cálido, sereno y luminoso. Un lugar para vivir abierto a la naturaleza.

Investigación en el espacio doméstico, aproximación al habitar en un entorno natural, sin más pretensión que el confort de la casa, la precisión de la luz y el agua. Que el sol entre y caliente la estancia por las mañanas de los fríos pero soleados inviernos sorianos. Que el agua de la alberca, piscina que en invierno se convierte en espejo de hielo y en verano es una calle para nadar refleje la luz de su movimiento en el techo interior.

Arquitectura sin más pretensión de construir sencillamente con eficacia y coherencia. Aprovechar la cascara de hormigón para permitir una luz de veinte metros en la fachada sur. Y dejar que el hormigón envejezca y se haga del color de las rocas del entorno. Optimizar las condiciones del lugar y responder a ellas con sensatez. Frente al frío 20 centímetros de aislamiento térmico. En el centro de la casa una chimenea central payla que calienta el aire y el agua de un serpentín que la rodea y la almacena en un deposito térmico. Un espacio entre el dentro y el fuera para llegar y dejar el coche. Una cubierta inclinada para evacuar las nieves. Los menos huecos posibles. Poco más, nada más, los robles en el jardín ya estaban y nos indicaron dónde y cómo nos habíamos de colocar.

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