15.5.2005

Edificio en el Paseo de Gracia, BCN

Barcelona real
La constitución, en términos de forma urbana, de lo que hoy se entiende por ‘Barcelona’ reside, indiscutiblemente, en el desarrollo -durante más de 150 años- de una idea feliz: la trama del ensanche barcelonés concebida por el ingeniero Cerdà. Una idea que se ha visto favorecida, resuelta, por el tiempo, por la relación que ha supuesto con los elementos naturales periféricos de la ciudad -Collçerola, Montjüic, el Mediterráneo-, y con los elementos artificales urbanos que estructura y unifica -antiguas poblaciones de Gràcia, Sant Martí, etc- y, especialmente, por las aportaciones de sucesivas generaciones de arquitectos que han entendido y aplicado sus posibilidades. Carlos Ferrater se suma a este linaje de hechos, proyectos, realizaciones y personas, con su proyecto para un edificio en el Paseo de Gracia.

El proyecto nace de una investigación profunda sobre el modo en que Ferrater entiende la ciudad de Barcelona y también su propio papel como arquitecto que influye en la realidad desde el conocimiento y el ejercicio profesional. Y,
simultáneamente a este nacer, cierra un ciclo que de algún modo se inició a finales de los ochenta con el proyecto de las tres manzanas próximas a la villa olímpica. En este proyecto resuenan con profundidad los ecos de la ciudad, de su historia y sus gentes, y también los de los trabajos anteriores del arquitecto catalán. Una oportuna convergencia en una Barcelona real, de hoy, puesta al día de un modo mucho más natural y honesto en proyectos como este que no tanto en los de iconografías ajenas o enajenadas, decorativas de intereses comerciales o representativas de las diferentes formas actuales del poder. Un ejemplo, un modelo -también- real.

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Memoria
El nuevo edificio para el Paseo de Gracia plantea la búsqueda de una nueva expresión formal. Una nueva situación de un edificio privado, residencial y al tiempo con espacios públicos en el ensanche de Barcelona se entiende como continuación de la línea de investigación desarrollada en los últimos años por nuestro estudio.

La organización en mallas que se inició en el proyecto del Jardín Botánico y que continuó en el hall del Juan Carlos I o en la búsqueda de los tridimensional del paseo Marítimo de Benidorm, entre otros proyectos, culmina en la propuesta para el paseo de Gracia con una fachada de gran profundidad obtenida en base a superficies regladas provocadas por los movimientos del plano horizontal y el vertical. Grandes ‘costillas’ de extrema delgadez y de forma variable construyen la fachada estructural creando espacios intermedios de relación interior-exterior, a veces íntimos, y vinculados al programa interior y en ocasiones volcados hacia el exterior. Esta capacidad de generar espacialidad en la fachada se reproduce en el interior a través de espacios intermedios que articulan las diferentes salas y habitaciones. Un gran patio, conformado en torno a dos secciones elípticas estructurales dotan de iluminación a las distancias interiores. De esta forma se elimina cualquier otro tipo de estructura adicional.
Los espacios de la planta baja, mezzanino y menos uno adquieren un carácter público. Asimismo lo hacen los remates y terrazas del coronamiento del edificio.
El juego de las aberturas, siguiendo unas reglas matemáticas de repetición de dos elementos, acaba de estructurar el volumen, la profundidad y la piel del edificio.

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