5.3.2009

Edificio de Oficinas y Estudio Fotográfico en Belgrano

Este pequeño edificio de oficinas y estudio-galería comenzó su vida con la misión principal de cambiarle el destino al solar donde se construyó, -previsto por el Código para un edificio de 9 plantas-, que dejaría una inmensa medianera como vista principal de la casa de planta romana de doble frente que para el mismo comitente proyectó y construyó nuestro estudio en el año 2000.

Se trataba entonces de proyectar un edificio con 3 fachadas, que preservara el asoleamiento y la vegetación, y que contuviera su programa en la menor altura posible: un estudio profesional en la planta baja, y oficinas más un estudio-galería de producción fotográfica en los pisos superiores.

El nuevo edificio tuvo que ir encontrando un equilibrio razonable entre la autonomía programática y material, y su condición de parte indiscutible de un conjunto arquitectónico.

El patio longitudinal de 2 metros de ancho entre el courtain wall y la medianera, -que jamás hubiera existido porque el código sólo lo permitió merced a un contrato de servidumbre de vistas a perpetuidad-, opera en uno y otro sentido. Permite la entrada del sol hasta el mismo corazón de la planta, propone para la casa una fachada de alta calidad en primer plano, y sobre todo conserva inalterado el nacimiento de los troncos de las frondosas especies vegetales que tapizan la pared medianera existente.
Los vínculos se siguen descubriendo en la porción de jardín anexada al de la casa, en la pequeña puerta de comunicación interna entre la oficina directiva y la terraza, en el giro de la malla sobre el retiro de frente.

El cuerpo transparente de oficinas asciende desde el medio nivel soterrado despegado de la medianera, y termina en un contenedor de doble altura revestido en chapa blanca, que responde desde sus proporciones hasta su materialidad a un conjunto de necesidades provenientes del programa de producción fotográfica y de la muestra permanente de una obra artística de relevancia.

Por encima, se ubican la terraza y la huerta, donde la cubierta de madera, la escalera de acceso exterior y la baranda, hacen un guiño a la fantasía náutica propia de la arquitectura moderna.

Los interiores blancos, -pisos de hormigón, conductos de aire, bandejas de iluminación, etc.-, dejan el protagonismo a la obra de fotografía.
La estructura portante de hormigón pintado sin reparar, las columnas que mantienen el espiralado de sus encofrados, la iluminación general de tubos y bandejas, contrastan con el esfuerzo tecnológico y económico desplegado en otros temas como instalaciones, cerramientos, barandas, herrajes, iluminación, etc.

Las fachadas interiores, al contrafrente y al patio son de cristal pegado a la mínima estructura imprescindible, en paños verticales de piso a techo, que dejan al desnudo el canto del vidrio.

La fachada hacia la calle, condicionada a priori por la seguridad, aprovechó esa circunstancia para disponer en forma de piel continua una malla metálica de módulos prefabricados que tamiza la delicada relación entre interior y exterior. Que cambia de opaca a transparente, de maciza a etérea, en función de los ángulos de visión y la fuente de iluminación.

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