9.3.2011

Centro Polivalente del Cabildo de Fuerteventura y Biblioteca Comarcal de Gran Tarajal, España

Victor Hugo dictaminó hace casi dos siglos que el libro mataría la arquitectura, porque el primero es un mucho mejor elemento para la comunicación que el segundo. Se refería, evidentemente a la arquitectura monumental y simbólica  como instrumento del poder. Sin decidir si su vaticinio se ha hecho ya realidad, podemos imaginar que, si viviera hoy, podría decir lo mismo de internet y el libro. Nuestra postura de emparentar libro y edificio para el Centro Polivalente del Cabildo de Fuerteventura y Biblioteca Comarcal del Gran Tarajal proviene de nuestra creencia en la condición física de ambos y en el tejido social ligado a su materialidad. El libro y el edificio no son sólo instrumentos de comunicación. Son también objetos que conforman nuestro entorno físico, sobre o dentro de los cuales construimos nuestra sociedad.  Aunque algunas de sus funciones hayan sido sustituidas por tecnologías o sistemas indudablemente más eficientes, su corporeidad es irremplazable.

De ahí que explorar las posibilidades de convertir la abstracción de un libro que es esta propuesta en un edificio para una biblioteca no sólo es un idóneo y sofisticado ejercicio de diseño arquitectónico, sino una oportuna postura cuyas implicaciones se nos antojan necesarias en esta primera década del nuevo siglo.

Emparentar el libro y la biblioteca es precisamente una reflexión sobre la necesidad de ambos.

El edificio se conforma como una estructura densa de láminas plegadas y horadadas que, enlazadas, conforman un sólido poroso de múltiples secuencias interiores y paisajes exteriores. Por fuera, el volumen organiza una transición entre la edificación de cuatro plantas circundante y el espacio abierto del parque de Félix López, liberando espacio para una plaza hacia la que la arquitectura se presenta como un interfaz abierto y legible. El paisaje de láminas plegadas es elocuente sobre su uso de forma sofisticada, pero también quiere ser una arquitectura decididamente urbana, pública y accesible.

En el interior, la matriz radial de las láminas combina la racionalidad, orden y capacidad de industrialización de las estructuras cartesianas con una lectura indudablemente posmoderna. Si la organización radial permite una máxima eficiencia en los espacios servidores, de circulación y control, las láminas no sólo tamizan la intensa luz de Fuerteventura para los espacios horadados en la matriz, sino que se convierten en estanterías, elementos de mobiliario e interfaces para la comunicación y orientación en el interior.

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