17.3.2008

Cener

La gente sabe que el "bochorno" es un viento traidor, inconstante, turbio, movedizo y turbulento, de poco fiar. Por contra, el "cierzo" es un aire cabal, energético, fresco, constante y noble, que sopla de frente. Así pues, si se trata de separar la paja del grano, conviene aventar el cierzo. Que es lo que hacían y decían en la tarde del 15 de septiembre del año 2001, los miembros de la familia Ibargüen, últimos vecinos del abandonado casco de Sarriguren, mientras procuraban sacar provecho para el gasto de la casa de su parca cosecha de alubias blancas.

Ya el día 15 empezaron a fraguarse las primeras ideas sobre el edificio. El viento iba a tener desde luego, prioridad, tanto en el diseño como en el fluido energético más interesante para resolver ciertos problemas de confort climático.
Cualquier volumen compacto, con un coeficiente de forma reducido sabemos que optimiza su comportamiento energético. Sin embargo la complejidad y tamaño del programa hubiera obligado a subir en altura, lo que nos parecía erróneo en aquel paisaje. Igualmente preferimos obtener áreas de trabajo y estudio muy relacionadas directamente con el jardín.
Así las cosas planteamos un edificio modulado en pequeñas piezas de dos alturas entorno a jardines donde cada pieza iba a albergar el programa de cada una de las áreas de investigación -Eólica, Solar, Fotovoltaica y Biomasa- de los que conformaba el programa.

Organización del Edificio

La arquitectura da razón del programa que la informa y de su comprensión del entorno físico. La disposición espacial adoptada en la última alternativa estructura su funcionamiento mediante el diseño de una «calle peatonal», de dirección norte sur que lo articula. Esta «calle», regula el ensamblaje de todos los espacios comunes y de servicios, los de las áreas de trabajo, el aparcamiento subterráneo, el campo fotovoltaico… y permite un crecimiento lógico de la actividad futura es, de hecho, el elemento arquitectónico clave de la construcción. En su contra cabe argumentar que penaliza la superficie destinada a circulaciones, es lógico: a mayor superficie, mayor independencia en el trabajo, mayor accesibilidad y movilidad.
La fragmentación se modula alrededor de patios que diversifican y secuencian las capacidades bioclimáticas de la construcción. Así mismo, ofrecía la posibilidad de «hundir» parte del edificio, de controlar y cualificar el impacto paisajístico, de interiorizar los espacios y de evitar un exceso de dispersión construyendo dos plantas visualizables sólo desde dentro. En este sentido, la disposición de los patios secuenciales aseguran las mejores condiciones para investigar con tranquilidad y abaratan la construcción. Se ha buscado la integración de todos los sistemas y mecanismos que deben procurar el aprovechamiento de la energía solar y, por tanto, la reducción del consumo energético y las instalaciones convencionales, de forma que el discurso forma-materia-energía se exprese sin soluciones de continuidad tanto en la construcción del edificio, como en su funcionamiento y en su presencia física.

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