15.12.2025
Casa LPC
Ubicada en las afueras de Quito, Casa LPC se asienta sobre un terreno con pendiente suave y vistas abiertas hacia la cordillera de los Andes.
Desde su implantación, el proyecto busca dialogar con el entorno natural y aprovechar la topografía como punto de partida para la distribución espacial. El diseño responde a la orientación solar, los vientos predominantes y la necesidad de crear un entorno natural que rodea la casa.
La vivienda se concibe como un sistema de dos volúmenes superpuestos que diferencian la estructura y el uso. La planta baja, de carácter masivo, está construida íntegramente en hormigón armado visto. Este nivel ancla la casa al terreno y concentra la relación entre espacios sociales y privados. mientras que la planta alta, más liviana, se resuelve con una estructura metálica que alberga los espacios de trabajo y reflexión. Esta dualidad entre peso y ligereza se convierte en la estrategia principal tectónica, articulando un lenguaje contemporáneo que combina racionalidad estructural con sensibilidad material.
La inspiración proviene de la arquitectura japonesa, reinterpretada en un contexto andino. Se busca la claridad formal y la honestidad constructiva. Cada elemento —desde la estructura hasta el mobiliario— se diseña para expresar su función. En contraste con la sobriedad arquitectónica, el diseño interior adopta una mirada más expresiva, influenciada por el maximalismo y la personalidad de los habitantes. Este equilibrio entre contención y vitalidad define la identidad de la casa.
La relación entre ambos estudios permitió una continuidad estética desde la arquitectura hasta el detalle más pequeño del mobiliario. Cada pieza fue pensada para integrarse al espacio y mantener coherencia entre materialidad, escala y uso. Casa LPC está rodeada y habitada por más de 2.000 plantas, incorporadas como parte esencial de la propuesta. La vegetación no solo cumple un rol paisajístico, sino que regula la temperatura y genera un microclima propio. Este entorno verde envuelve la vivienda y la transforma en un sistema vivo, donde la naturaleza y la arquitectura coexisten en equilibrio.
LPC busca ser una obra precisa y contenida, donde cada decisión formal responde a una lógica constructiva y ambiental. La combinación de hormigón, madera y metal se traduce en una atmósfera sobria, pero cálida. Más que una casa, es un ejercicio de coherencia: una arquitectura que se adapta al paisaje y a la vida cotidiana, sin exceso y sin concesiones.















