7.5.2010
Ataria, Centro de Interpretación de la Naturaleza de Salburúa
Cuatro puntos de partida: un lugar sorprendente, el antiguo humedal drenado para campos de cultivo que, cien años después, renace; un programa sugerente, umbral entre los mundos urbano y natural; un intenso aroma a madera, como elemento de mediación con la naturaleza; y ganas de jugar con la gravedad.
A partir de ahí, surge la voluntad de lanzar al edificio más allá de sus límites, volando sobre una balsa imaginada que permite situar al visitador en un lugar privilegiado: metido de lleno en el Parque de Salburúa, sobre el agua y olvidando la ciudad que deja a sus espaldas. Voluntad que convive con el deseo de no enmascarar la estructura durante el proceso constructivo. La gran dificultad del proyecto estribó, por tanto, en tantear cuáles eran las leyes posibles y coherentes con un principio de construcción arriesgado. Después, construir fue un placer.