18.6.2009

12 viviendas en Huércal-Overa, Almería

Se parte de la puesta en crisis de un esquema convencional de viviendas adosadas en hilera, teniendo en cuenta las dimensiones mínimas de un paso de vehículos y la anchura mínima estipulada por la ordenanza de edificación local. Estos espacios servidores, circulaciones estrictas, pueden dominar el conjunto o agregarse en núcleos optimizados.

Fotos: Pablo F. Díaz-Fierros, arquitecto / fotógrafo
www.pablodiazfierros.com

Si se lleva el proceso hasta sus últimas consecuencias, los accesos se abren hacia la calle en un espacio de convivencia, servidor y servido, de actividad social y circulación: el lugar común. Entendido en su doble sentido, como lo hacía Mario Benedetti con sus paisajes íntimos, como presencia cotidiana capaz de provocar experiencias poéticas.

La intención es superar el modelo convencional antiurbano de agrupación de vivienda unifamiliar, con todos sus resabios antiurbanos, para recuperar el espacio público de escala doméstica. Desde un punto de vista contemporáneo, extender la ciudad, en su dimensión social y física, hasta los límites posibles de la privacidad. Por otra parte, el conjunto de cuatro viviendas y su lugar común mantiene referencias explícitas al poblado de colonización: dimensiones de parcela, proporción de espacio libre e incluso características morfológicas.

En este sentido los volúmenes de la planta alta se fragmentan hasta llegar a la habitación mínima, no sólo para garantizar una composición orgánica sino también para conseguir espacios abiertos sombreados y con vistas lejanas.
Si la ciudad entra al conjunto de viviendas gracias a la escala intermedia de los lugares comunes, las viviendas se incorporan al territorio a través de su propio paisaje artificial. En una serie de interacciones que se cierra a través de los vínculos entre el territorio y la ciudad, la vivienda hace de clave simbólica de la experiencia espacial.

La disposición de la vivienda insiste en los criterios orgánicos, de modo que la planta alta ocupe un 40% del total construido, frente al 60% restante de la planta baja. En una organización volumétrica pura, las superficies de intercambio térmico se minimizan, provocando la concentración de calor. Aquí, en cambio se garantiza una sucesión en altura de espacios abiertos, con la consiguiente ventilación de habitaciones.

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La disposición del conjunto optimiza las sombras en las orientaciones más desfavorables, especialmente en la dirección suroeste. Los propios retranqueos y las combinaciones con los bloques contiguos evitan el soleamiento agresivo, frente a la dificultad de pararlo con mecanismos añadidos. El mismo criterio se sigue en planta baja, donde el dormitorio se asoma al porche y el salón al patio.

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