20.7.2015

Uruguayos en New York

El pasado 29 de marzo se abrió al público la muestra Latin America in Construction: Architecture 1955-1980 en el Museum of Modern Art de Nueva York.

Installation view of Latin America in Construction: Architecture 1955-1980 at The Museum of Modern Art, New York (March 29-July 19, 2015). Photo by Thomas Griesel.

La muestra fue organizada por los curadores del MoMA Barry Bergdoll y Patricio del Real, el brasileño Carlos Eduardo Comas y el argentino Jorge Francisco Liernur. El catálogo presenta ensayos críticos de Bergdoll, Comas y Liernur, así como textos introductorios a los aportes de cada país. En el caso uruguayo, Gustavo Scheps aportó una visión que hace énfasis en una praxis silenciosa, poco afecta a la verbalización[1]. Los colaboradores locales de cada país, además, hemos aportado bibliografías que completan un trabajo que se percibe extraordinariamente colectivo.

Es posible afirmar, a la vista de la muestra y su catálogo, así como de las actividades que organizó el MoMA, que estamos lejos de aquel paternalismo que presidía las muestras anteriores, sobre todo el explícito precedente de Henry-Russell Hitchcock, Latin American architecture since 1945, organizada también por el MoMA en 1955, construido a partir de las recorridas del curador por el continente.

Si bien el catálogo está organizado como una sucesión alfabética de los países, la muestra propone un paseo en torno a núcleos temáticos que se expresarían en los debates del Scholars’ Day: introducción, universidades, Brasilia, ciudades y urbanización, escuelas, vivienda y PREVI, arquitectura sacra, metrópolis y SESC Pompeia, y utopía.

Arquitectos uruguayos en el MoMA

El aporte uruguayo fue abundante y de extraordinaria calidad, con piezas que son inéditas aún en nuestro medio. La que abre la exposición es, de hecho, uruguaya: la “Ecuación del Desarrollo” (1960) elaborada en el ITU bajo la dirección de Carlos Gómez Gavazzo, que junto a una maqueta del puerto del rio Tietê (1980) de Paulo Mendes da Rocha dan las pautas interpretativas de la curaduría, en el sentido de identificar este periodo latinoamericano como de impulso a las transformaciones y el desarrollo, y a la mejora de la calidad de vida de los pueblos. Producción, desarrollo, ciudad, territorio, vivienda, son los tópicos mayormente desarrollados en la exposición respetando el “espíritu de la época”.

En la sección de introducción (Prelude gallery) se exhibe la arquitectura que precede al periodo. En ella se pueden ver dibujos de Julio Vilamajó –dos pequeños croquis de la Sala de asambleas de Naciones Unidas (1947)-, otra vez Carlos Gómez Gavazzo –dos piezas del proyecto para Punta del Este (1935)-, y Carlos Surraco –la primera imagen del Hospital de Clínicas (1929)-. En la misma galería se proyectan audiovisuales de siete ciudades latinoamericanas, entre las que se incluyó a Montevideo, coordinados de manera que señalan sus coincidencias, sus temas comunes, sus apuestas culturales.

En el resto de las galerías se pueden ver sobre todo dibujos originales y fotografías, así como maquetas, algunas especialmente construidas para la ocasión, como la del Urnario Municipal de Nelson Bayardo en el Cementerio del Norte.

A pesar del ya obvio reconocimiento al ingeniero Dieste, la selección curatorial uruguaya pone el acento en valores más amplios de la arquitectura del periodo, tanto en sus vertientes modernas más tecnológicas y “transparentistas”, como a las tendencias sociologistas que culminan en torno a la aprobación de la Ley Nacional de Vivienda en 1968, una experiencia extraordinaria de vivienda popular, así como a los continuadores de Le Corbusier y ensayos más personales y heterodoxos.

También debe destacarse de esta selección la aparición de autores hasta ahora injustamente olvidados, como Mario Payssé Reyes, Enrique Monestier, Nelson Bayardo, Francisco Villegas y Guillermo Jones Odriozola, Justino Serralta, Rodolfo López Rey, Samuel Flores Flores, Milton Pinto, Leonardo Turovlin y Enrique Besuievsky, Ramiro Bascans, Thomas Sprechmann, Hector Vigliecca y Arturo Villamil, Mario Spallanzani, Luis Livni y Rafael Lorente Mourelle, que con los más divulgados Dieste, García Pardo, Sichero, Gómez Platero, terminan por construir un paisaje de la arquitectura uruguaya diverso y rico, potente en su heterogeneidad de tendencias. No están todos los que se pretendía enviar, y hay que tener presente que fue necesario un esfuerzo enorme para descartar obras y nombres que hubiesen representado al Uruguay con igual solvencia.

Esta selección la hizo el equipo curatorial del MoMA, desde una más larga lista propuesta desde el grupo local. Influyó mucho en esta selección final la disponibilidad de material original, croquis, maquetas, fotografías de época. En este sentido, el esfuerzo en mostrar el trabajo de los protagonistas llevó a trasladar material extraordinario: las maquetas exploratorias de las superficies regladas para la iglesia de Atlántida de Dieste, así como borradores del diseño de su estructura, que nunca habían sido exhibidos ni publicados; la perspectiva del Seminario de Toledo de Payssé y un borrador de la fachada a grafito y lápiz de color; un croquis exploratorio del Complejo Bulevar de la mano de Vigliecca y el original de la perspectiva aérea “oficial”, de Sprechmann, que muestran las evoluciones del trabajo del equipo de arquitectos; un hermoso dibujo a tinta del proyecto para el concurso de la Peugeot de Monestier; los rarísimos croquis de Vilamajó para la sala de sesiones de las Naciones Unidas en dos tarjetas personales; una de las perspectivas del proyecto original del Hospital de Clínicas de Carlos Surraco, todavía en un estilo art decó abandonado después. Y por supuesto, el aparato de la “Ecuación del desarrollo” de Gómez Gavazzo y el equipo del ITU, que no sólo preside la muestra, sino que también inicia el artículo de Liernur en el catálogo.

Las únicas piezas hechas especialmente para la ocasión fueron algunas maquetas de edificios destacados, entre los cuales está el Urnario de Bayardo, decretado recientemente Monumento Histórico Nacional.

El dibujo hecho a mano

Se nota una predilección por los dibujos hechos a mano por sobre otras técnicas. También el énfasis en el relato: varias de las piezas expuestas son cuadernos de trabajo o extensas viñetas donde se analiza la arquitectura y su relación con las personas. Antes y después, se describen cómo han de usarse (o cómo se usan después de construidas) las arquitecturas imaginadas. Cuadernos donde se han pegado fotografías profusamente comentadas, o largas tiras de papel en las que se reconstruyen las percepciones y vivencias a lo largo del día y en movimiento, como el chileno Francisco Méndez Labbé para el concurso de la Escuela Naval de Valparaíso, las anotaciones de viaje del también chileno Alberto Cruz Covarrubias, los dibujos de Carlos Raúl Villanueva para el pabellón de Venezuela en Montreal, y aun los ya mencionados dibujos de Vilamajó en las pequeñas tarjetas de presentación. Pareciera que el interés máximo es reflexionar cómo se piensa la arquitectura, y en qué se piensa cuando se piensa “arquitectura”. Parece evidente que no se está pensando solo en la arquitectura como forma; hay un discurrir sobre los motivos, los por qué y para qué, que le dan a esta muestra un interés suplementario: su enorme sensibilidad para el ser latinoamericano y sus formas de pensarse y representarse a sí mismos.

El día de los académicos, Scholar’s Day

Previamente a la apertura de la muestra, el 26 de marzo, se reunieron todos los que de alguna manera trabajaron para la muestra, y una serie de historiadores y críticos prestigiosos como Keneth Frampton, Mary McLeod y Stanislaus von Moos –por mencionar los más conocidos- y aún algunos protagonistas como el colombiano Germán Samper, compañero de Justino Serralta y Carlos Clémot en el estudio de Le Corbusier en los momentos de euforia de la Unité d’habitation de Marsella. En el comienzo del recorrido tuvimos que explicar la “Ecuación del desarrollo”, desafío del que los académicos uruguayos salimos airosos. En esta fermental reunión -bautizada como Scholars’ Day: “Día de los académicos”- Mary Méndez y quien escribe tuvimos la responsabilidad de la presentación y moderación del debate en la sección “Sacred architecture”, donde se presentaban las iglesias de Dieste, el Urnario de Bayardo y el Seminario de Payssé, junto a la Iglesia del monasterio benedictino de la Santísima Trinidad de Las Condes en Chile, del Hermano Martín Correa. Se pusieron en evidencia algunas paradojas, como que un país oficialmente laico como Uruguay haya construido una enorme cantidad de iglesias en esos años (tópicos desarrollados por Mary Méndez en su tesis de maestría[2]) o el carácter sacro de una construcción laica como el Urnario. Es de destacar, aunque sea anecdótico, que el documento de presentación del Scholars’ Day tenía en su carátula una fotografía de Eladio Dieste en la obra de Atlántida, sacada por el ingeniero Marcelo Sassón.

La fecha de culminación del periodo (1980) no es arbitraria. Para toda Latinoamérica se cerraban perspectivas de desarrollo y liberación social con dictaduras y procesos violentos de represión. En el campo de las teorías arquitectónicas se procesó en Europa y Estados Unidos un debate crítico que terminaría por imponer un heterogéneo y disolvente mote, el “posmodernismo”. En el sur el debate fue apreciado parcialmente. Debido a la censura, muchos aspectos políticos de los movimientos anti-modernos fueron pasados por alto, o incomprendidos[3]. De hecho, en la exposición del MoMA hay muy pocos ejemplos donde pueda apreciarse esa tendencia en los proyectos más cercanos al fin del periodo.

En este sentido, el proyecto curatorial es transparente: se trata de mostrar las ideas y las arquitecturas, las preocupaciones fundamentales y los procedimientos. Los objetos, las casas y las ciudades, y el pensamiento. Una cronología en un muro amarillo nos sitúa en el tiempo: son hechos políticos, de la política en América Latina.

Lista sintética de los autores y obras uruguayos incluida en la muestra
• Mario Payssé Reyes: casa propia en Carrasco y Seminario Arquidiocesano en Toledo.
• Eladio Dieste: Iglesia de Cristo Obrero en Atlántida y de San Pedro en Durazno.
• Nelson Bayardo: Urnario Municipal del Cementerio del Norte.
• Raúl Sichero: edificio Panamericano.
• Luis García Pardo y Adolfo Sommer: edificio El Pilar y edifico Positano.
• Guillermo Jones Odriozola y Francisco Villegas Berro: el Arcobaleno en Maldonado.
• Ramiro Bascans, Thomas Sprechmann, Hector Vigliecca y Arturo Villamil: el Complejo Bulevar.
• Mario Spallanzani, Luis Livni y Rafael Lorente Mourelle: Cooperativa Nuevo Amanecer, Mesa 1.
• Manteola, Sanchez Gómez, Santos, Solsona, Viñoly: Terrazas de Manantiales en Maldonado.
• Casas de Guillermo Gómez Platero y Rodolfo López Rey, y de Samuel Flores Flores.

Del concurso para la sede de la Peugeot en Buenos Aires, las únicas piezas originales expuestas son la maqueta de la propuesta de Estudio 5 y la perspectiva de Enrique Monestier. Entre las fotografías del resto de las maquetas del concurso podemos apreciar además la propuesta de García Pardo, una torre de base triangular que se eleva torciéndose sobre su eje vertical, y el quinto premio de Pinto, Turovlin y Besuievsky.

Un ejemplar original de la edición numerada de L’Unitor de Justino Serralta fue donado al Museo por la familia, así como algunos dibujos del Complejo Bulevar que, gracias a la generosidad de sus autores, también quedarán en el acervo del MoMA.

[1] Gustavo Scheps: Apuntes acerca de una arquitectura de pocas palabras > http://www.farq.edu.uy/patio/wp-content/uploads/2015/04/moma-scheps_13-post_esp.pdf
[2] Mary Méndez: Divinas Piedras. Arquitectura y religión católica en Uruguay, 1950-1965. Tesis de maestría, Universidad Torcuato Di Tella, Buenos Aires, marzo 2013. Inédita.
[3] Ver  el artículo de Emilio Nisivoccia, “Heraldos”, en La aldea feliz, Montevideo: Facultad de Arquitectura, Universidad de la República, 2014.

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