25.6.2025
La imposibilidad de una arquitectura normal
Vivimos saturados de imágenes extraordinarias o mejor dicho de imágenes que codifican lo extraordinario. Estas se cuelan en nuestra cotidianeidad constantemente. Mientras nuestras vidas se desenvuelven con normalidad, lo extraordinario es un reclamo que por extensivo, contante y habitual, paradójicamente, se acaba convirtiendo en algo normal.

Una página del catálogo Super Normal, Sensations of the Ordinary.
Instalada esa paradoja entre cualquier ciudadano medio urbanita de cualquier democracia occidental y por extensión, cualquier país con un cierto nivel de desarrollo, lo extraordinario se ha vuelto normal. Por tanto, ¿qué es lo normal? ¿Es lo extraordinario? O acaso, ¿no hay una cierta poética de la normalidad, en aquello que socialmente asumimos con normal? ¿Es normal que la normalidad no exista?
Estas preguntas agazapadas en nuestra sociedad dislocada y en muchos sentidos absurda, son claves para entender nuestra arquitectura.
Como Daniel Kiss introduce en Normal Architecture,
«Mientras el discurso contemporáneo de la arquitectura parece estar intrínsecamente ligado a lo extraordinario, sea esto algo ligado a lo tecnológico, lo social, lo financiero o de cualquier otro tipo, es todavía crucial que los profesionales exploren, entiendan e influyan en los procesos orgánicos de la normalidad en la arquitectura. En tanto que este fenómeno es el responsable de la calidad dominante de nuestro entorno construido, no podemos dejar de intervenir en la manera como se materializa el reino de la media y lo ordinario».
Hay una manera evidente de entender lo normal. A saber, aquello no especialmente significado, y que sin pena ni gloria pasa totalmente como aceptado por la sociedad. Es aquello en lo que no reparamos, no prestamos atención, no es ni tan siquiera mínimamente llamativo, y no provoca en nosotros ningún tipo toque de atención particular. La extraordinaria dificultad de codificar de forma adecuada lo normal proviene de la formación del sujeto que categoriza como normal aquello que juzga. Una obra de arte puede parecer extraordinaria a ojos de alguien poco formado en la historia del arte, y completamente vulgar a manos de un experto.
Algo muy parecido nos ocurre cuando juzgamos ciertas arquitectura
Cuando vemos como ciertos analfabetos funcionales prefieren a golpe de cheque quedar fascinados por los chalets de A-cero, mientras que para prácticamente cualquier arquitecto decente, esa arquitectura es la sublimación de la vulgaridad, llegamos a comprender la dificultad inherente del concepto de normalidad.
Hay además otras normalidades que provienen de un uso ordinario y habitual de buenos diseños. En Super Normal,2 el catálogo de la exposición de la Triennale di Milano del 2007, Naoto Fukasawa escribe,
«Super Normal no es una teoría. Yo creo que consiste en volver a comprender algo que uno ya sabía. Re-aprender aquello que naturalmente pensabas que era bueno de un objeto. Es cierto que el diseño es mejorar algo que ya existe, pero también existe el peligro de que objetos que ya eran buenos acaben cambiando. Se espera del diseño que proponga algo nuevo o bello o especial. Cuando miramos a las cosas que nos rodean con esta prefiguración en la cabeza, por contraste, esos objetos “no diseñados” son percibidos como algo normal o incluso feo.
Super normal concierne a esas cosas que pasamos por alto cuando estamos demasiado focalizados en el diseño. Creo que Super Normal es la forma inevitable que resulta del uso prolongado de un objeto. El diseño refina poco a poco esta existencia normalizada y lo introduce en nuestras vidas hoy. Esto excede de la normalidad y se transforma en Super Normal. En definitiva, Super Normal indica nuestra comprensión de lo bueno de la normalidad».
En estas reflexiones sobre lo Super Normal, parece inevitable que el uso cotidiano dota de supernormalidad a un objeto bien diseñado. Pero ¿es eso realmente así? Es decir, ¿se puede llegar a diseñar algo con el objetivo de que se convierta de inmediato en Supernormal?
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