12.6.2025

La Coacción del Yo

"Vivimos una fase histórica especial en la que la libertad misma da lugar a coacciones. (…) Hoy creemos que no somos un sujeto sometido, sino un proyecto libre que constantemente se replantea y se reinventa. Este tránsito del sujeto al proyecto va acompañado de la sensación de libertad. Pues bien, el propio proyecto se muestra como una figura de coacción, incluso como una forma eficiente de subjetivación y de sometimiento. El yo como proyecto, que cree haberse liberado de las coacciones externas y de las coerciones ajenas, se somete a coacciones internas y a coerciones propias en forma de una coacción al rendimiento y la optimización."


Una pieza de Robert Gober, Untitled (Leg), 1989-90, perteneciente a la retrospectiva The Heart is not a Metaphor, realizada en 2014 en el MOMA de Nueva York. Anteriormente se realizo una retrospectiva en el Reina Sofía en 1992 comisariada por Catherine David que comentaba: «Robert Gober destaca por la reivindicación de una subjetividad radical en un momento en el que las manifestaciones artísticas, en su mayoría, destilan las estrategias del pensamiento moderno o posmoderno sobre problemas formales o teóricos. Su obra, además de contener fuertes resonancias autobiográficas, privilegia la emoción frente al concepto. Su discurso artístico es crítico, sin adscribirse por ello, a la producción simulacionista neoyorquina llamada <<crítica>> sino que invita a una nueva lectura del arte, a reconsiderar el rechazo del formalismo».

De forma indirecta pero concisa, el filósofo Byung-Chul Han acaba de relatar como el desprendimiento ideológico de la arquitectura de la primera mitad del siglo XX, transformada a partir de los años 60 en una arquitectura del yo y la subjetivación, lejos de hacernos libres, de crear una arquitectura libre, crea una arquitectura llena de coacciones y coerciones, una arquitectura basada en la coacción del Yo.

Extraños tiempos, sí

Si hacemos un relato lineal, y por tanto me excusarán que sea incompleto, de la relación entre la libertad y la arquitectura, nos daremos cuenta de que en la base de nuestra disciplina, siempre hay una lógica de la optimización de la voluntad. Es decir, el lenguaje de la arquitectura tiene el poder enorme de catalizar los mensajes que se lanzan a la sociedad. Y ese alto rendimiento de lo simbólico de la arquitectura ha tenido siempre sometida, de una manera u otra, la idea de libertad individual. Es decir, el ejercicio de la buena arquitectura ha estado siempre lejos del ejercicio de la libertad subjetiva.

Hasta principios del siglo XX, imperaba la relación sometida entre arquitectura y estilo

Siempre me ha fascinado como el ejercicio de la arquitectura según los cánones del Beaux Arts, se reducía a una especie de corta y pega de una serie de láminas, maravillosamente dibujadas por cierto, con esplendidas fachadas y secciones, que según el caso se debían ir combinando hasta llegar a la adaptación de una imagen ideal inicial, al sometimiento negociado con la realidad. En otras palabras, el estilo, enardecido como un tótem en esa época, no permitía salirse ni un ápice de la ralla canónica de un ideal beauxartiano. La calidad de una arquitectura quedaba así circunscrita a la capacidad del arquitecto de mantenerse fiel a ese canon una vez había configurado la manera de adaptarse a la realidad.

Más tarde, la arquitectura se deshizo de la pesada y remilgada carga del estilo, y paso a producir una arquitectura abstracta e igualitaria. La expresión arquitectónica, de un blanco radiante, sin adornos ni guirnaldas, buscaba simbolizar la excelencia tecnológica, y provocó la deshumanización absoluta de lo arquitectónico. La arquitectura se ponía al servicio de un ideal social basado en la abolición de la lucha de clases y la confianza ciega en un futuro asépticamente tecnológico. No hace falta decir aquí que los resultados en términos de libertad fueron devastadores. La arquitectura quedaba totalmente sometida a la expresión de unos ideales políticos y tecnológicos, que con el paso del tiempo fueron construyendo sus propios tics, hasta degenerar de nuevo en un estilo.

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