11.4.2011

El paraíso artificial

Jornadas de trabajo de 12 horas durante 6 días a la semana, percibiendo menos del tercio del salario acordado en el contrato. Durante dos años, casi todo ese salario se destina a pagar por sus servicios al individuo a través del cual se consiguió el contrato y a devolver los 2.500€ que supuestamente costó el billete de avión entre el lugar de origen y Dubai (a una tasa de interés anual por el préstamo del 36%). El pasaporte y el permiso de trabajo son confiscados y como vivienda se ofrecen insalubres habitáculos compartidos.


La reciente reacción de más de un centenar de artistas (muchos de ellos procedentes de Oriente Medio) llamando a boicotear el futuro Guggenheim Abu Dhabi como repulsa por esas abusivas condiciones bajo las que están trabajando en su construcción hombres procedentes de India, Pakistán, Bangladesh y otros países del sur asiático no representa un descubrimiento de esta situación, pero sería deseable que sirviera para mantener delante los ojos del mundo global la evidencia de que los templos del principio del siglo XXI se están levantando a costa de una vergonzosa explotación de seres humanos.

Con su documental ‘The Dubai in me’ , Christian von Borries denuncia esta situación y planteando un enfrentamiento a la realidad de estos supuestos ‘paraísos’ en el Golfo Pérsico desde una mirada que se esfuerza en mostrar desde una visión objetiva y que se logra desde la situación del ojo de la cámara directamente a ras de suelo y no desde las alturas desde la que especuladores y arquitectos (las grandes estrellas –desde la propaganda de Koolhaas a los delirios de ciudades en el desierto de Foster, pasando por los íconos de Gehry, Nouvel y Hadid- y otros de menor lustre, todos ellos herramientas en absoluto inocentes en este escenario y que exaltaron este modelo) que vieron su oportunidad de negocio en esta tierra hecha con la ley del dinero los han contemplado.

Von Borries denuncia que un emprendimiento a la faraónica escala que es Dubai sólo es posible mediante la explotación de esa mano de obra que es atraída hasta allí con promesas fraudulentas, pero su denuncia es asimismo la construcción de una definición de Dubai y un análisis de su razón de ser: “Dubai es una pantalla de proyección con una fascinante peculiaridad: de un lado, es una economía de paraísos artificiales y reales; por otro, es un plato giratorio de capital internacional – disfrazado y oculto tras el velo de un mundo de un lujoso mundo de ocio, un destino de vacaciones para los super-ricos”. Pero Dubai, como afirma von Borries, ‘está dentro de todos nosotros’: es una materialización de la fantasía de una edad de oro cuyo primer territorio ha sido seguramente el espacio virtual de Second Life. “Second Life es el Dubai de una juventud global con acceso a banda ancha. Pero el exotismo de Dubai y de Second Life no debería engañarnos. La planificación espacial y sus ideas inherentes de sociedad son vistas como no-negociables en muchas partes del mundo. La forma más sostenible de política consiste en negar a los ciudadanos vivir una experiencia coherente de espacio”.

En este documental vemos corroborada  la creación de una distópica hipótesis de futuro en la que muchos quisieron creer y cuyo desarrollo (no sólo material, sino también el de su oscura fantasía) auspiciaron.  Von Borries paraleliza y aproxima hasta la fusión imágenes de los escenarios de Second Life y las imágenes digitales elaboradas por Dubai Holding (la empresa propiedad de la familia gobernante en Dubai: ‘el modelo de gobierno es más parecido al de una multinacional que al de una monarquía árabe tradicional’) para mostrar el esplendor arquitectónico y urbano de ese paraíso, de manera que recalca cómo el artificio de esa realidad construida por técnicos expertos en animación digital ha sido para los emprendedores inmobiliarios más importante que la realidad material construida.

Pero esa realidad física tiene en realidad otro aspecto, y lo comprobamos viendo por un lado, cómo el complejo de islas artificiales ‘The World’, que fuera promocionado como una sofisticadísima proeza constructiva sin precedentes (lograda gracias a esa mano de obra sobreexplotada) y destinado sólo para el consumo y disfrute de multimillonarios, han caído en decadencia incluso antes de haber sido colonizadas; y, por otro, a través del efecto del sobrecogedor y angustiante travelling que se prolonga durante más de diez minutos por idénticas calles vacías hechas de edificios que parecen inhabitados.

Dubai, el paraíso en la tierra para el lujo, no ha sido más que un shopping mall, un insultante espejismo, un lugar que aspiraba a que Paris Hilton invirtiera en fundar allí un hotel o una isla con su nombre, la síntesis de un concepto de evolución material y conceptual que se ha hundido y se ha denigra en la volatilidad de su propio delirio. Al estado indigno en que las personas que han trabajado y siguen trabajando en la construcción de edificios en Dubai es a lo que conduce la ‘modernización post-industrial enloquecida del feudalismo absolutista’. Pero Dubai no es más que la cumbre del paroxismo de la codicia hipercapitalista que explota la mano de obra inmigrante en muchas otras partes del mundo donde hayan posado sus ojos la la especulación inmobiliaria y el lavado de dinero, también España, como concluye en su epílogo Von Borries.

Resulta ejemplar como este realizador ha logrado realizar este análisis crítico del mundo hipercapitalista y reflejar la situación extrema de los trabajadores inmigrantes, huyendo a toda costa de una exhibición sensacionalista de compromiso humanitario –evitando disponer para su propio provecho el testimonio de esas personas-.  ‘The Dubai in me’ posee asimismo una cercanía visual evidente a las publicaciones arquitectónicas que han exaltado el modelo de Dubai, pero replantea esa misma estética, datos y referencias para inducir a un proceso de autocrítica que aniquila la fascinación que éste suscitó, desvelando su falso progreso y su inhumanidad.

por Fredy Massad y Alicia Guerrero Yeste
http://www.btbwarch.com
Publicado el sábado 9 de abril de 2011 en el suplemento cultural de ABC, Madrid – Número 992

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