19.8.2025
Del icono al objeto encontrado: la estrategia serena de las palmeras
A punto de comenzar la segunda década del siglo XXI, parece razonable ir echando un vistazo atrás y quizá afirmar que la arquitectura ya no es siempre “el juego sabio y preciso de volúmenes bajo la luz” del que hablaba Le Corbusier.
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Mirador del Palmeral de Elche (España), Beatriz Ramo, 2009 | Fuente: archilovers.com
Absorbidas las enseñanzas racionalistas e incorporadas las imposiciones funcionalistas sin las cuales cualquier edificio fracasaría en el contexto actual, la arquitectura del espectáculo de fin de siglo da sus últimos coletazos en Oriente Medio y, en general, en países con economías pujantes y derechos sociales por adquirir, mientras sociedades más desarrolladas como la nuestra y sus arquitectos, al menos aquellos con más responsabilidad que ego, asumimos al fin que las respuestas a las necesidades públicas no siempre coinciden con nuestras obsesiones privadas.
La arquitectura se ocupa de otros asuntos, por ejemplo éste en el que nos encontramos con que una noria, con imágenes en los paneles del concurso rescatadas sin rubor del London Eye de la capital inglesa, resulta ganadora en una competición internacional que contó con estrellas invitadas (sic) y un jurado internacional solvente.
En contra, surgen voces desinformadas -no diremos malintencionadas- que sólo reconocen un objeto circense que escapa de la feria de las vanidades personales.
Nosotros encontramos, por el contrario, que el interés que ha despertado este proyecto que ha trascendido lo local y ha sido objeto de debate en foros de arquitectura internacionales, por desgracia escapa al conocimiento superficial de la ciudadanía que, al abrigo de “para gustos, colores” se muestra muchas veces incapaz de ver más allá del mero objeto y su reconocible geometría. Es necesario comprender, no ya el contexto físico, que existe y al que el proyecto responde con suficiencia y acierto en cuanto a su situación (cerrando un antiguo eje visual que permanecía incompleto), programa y presupuesto, si no también el social, embarcados como estamos en un capitalismo de ficción donde el placer por lo inmediato ha sido relevado por lo privado, efímero e instantáneo, que ahoga lo colectivo y elimina el escaso sentimiento de comunidad.
En el libro Quédense dentro y cierren las ventanas. La sociedad de consumo y el apocalipsis zombi, un texto del filósofo Jaime Cuenca Amigo sostiene que
“la sociedad de consumo se justifica en la promesa de satisfacer los deseos humanos, pero sólo puede mantenerse gracias a que nunca los satisface del todo”.
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