10.2.2026
Bajo sospecha
La arquitectura sigue siendo, aunque contaminada de una gran cantidad de temas menores, un asunto constructivo.

La profesión entiende que la complejidad del proceso constructivo ha ido en aumento y por tanto el carácter heroico de aquellos que aún realizando la aceptada y muy manoseada triple actividad (docente, investigadora, proyectual-constructiva) siguen en la brecha de la obra y la responsabilidad civil, es aún mayor y la distancia que los separa de los puramente teóricos es insalvable excepto en casos muy puntuales.
Siendo así, la vivienda de baja densidad aparece como un asunto menor donde validar la actividad del arquitecto, teniendo en cuenta que de algún modo, la baja densidad sigue bajo sospecha.
Veamos por qué. En primer lugar, la maldita crisis pasó por alto la proliferación del modelo de ciudad-jardín de Ebenezer Howard en su versión más infantil. Se produjeron sólo dos situaciones posibles:
– Allí donde el suelo era abundante y barato, pueblos de todo el territorio y localidades de la periferia de las grandes ciudades, el modelo se utilizaba para crecer en tamaño (también en costosas e inútiles infraestructuras) y recaudación municipal vía impuestos, validado por infames planes y normativas que daban crédito a la idea de que los pequeños núcleos deben crecer en la baja densidad, traducida de forma simple a una limitación en altura (dos o tres) de chaletones y adosados con mini-patio vallado.
– La otra situación, de vuelta a la gran ciudad, se repitió más o menos de la misma forma angustiosa excepto en seleccionadas urbanizaciones cerradas donde las parcelas crecían hasta tamaños indecentes que sus dueños podían pagar, convirtiendo lo que podían haber sido interesantes espacios de descompresión de la trama urbana en un gran espacio vallado y vigilado que en su interior alojaba una urbanización de lujo.
Huelga decir el nulo valor para la ciudad de ambas situaciones.
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