15.5.2006

Arquitectura para la buena educación

Arquitectura para la buena educación
Un colegio sostenible La escuela de enseñanza primaria Gitanjali en Badalona es un buen ejemplo de objetivos compartidos entre un proyecto educativo y las características del edificio que le sirve de continente.

FREDY MASSAD | ALICIA GUERRERO YESTE – 02/03/2005

El edificio es referencia de relación sostenible con el entorno a la vez que ‘contenedor’al que se va a aprender.

La actual sede de la escuela de enseñanza primaria Gitanjali en Badalona (Barcelona), obra del estudio AIA -dirigido por los arquitectos Albert Salazar y Joan Carles Navarro- es un edificio que ofrece en sí mismo, a sus pequeños usuarios, un doble componente educativo: es el espacio contenedor del lugar adonde acuden a aprender y constituye para ellos una referencia directa de cómo plantear con el entorno una relación sostenible. Como una asignatura añadida, los alumnos y alumnas de la escuela Gitanjali aprenden, en su uso diario del cole, cómo mantener una relación respetuosa con el medio ambiente mediante el aprovechamiento de las energías alternativas. Ese concepto de edificio auto-abastecible diseñado por Salazar y Navarro se encuentra en absoluta sintonía con el concepto pedagógico de Gitanjali, una escuela que nació en 1962 comou na reacción al ambiente educativo, enrarecido y opresor, del franquismo en el que se educaron sus fundadoras Mercè Illana, Roser Padrós y Maria Teresa Giné, que tenían 24 años cuando decidieron crear una escuela donde los niños y niñas se sintiesen «libres y felices». Basándose en las teorías pedagógicas defensoras de la libertad infantil y con la motivación, de un progresismo revolucionario entonces, de potenciar en su nueva escuela la catalanidad, la coeducación y la laicidad, estas tres mujeres eligieron bautizar el centro con el título de un poema de Rabinadrath Tagore para expresar el carácter de su proyecto.

La escuela se halla hoy emplazada en el casco antiguo de Badalona. La construcción de Salazar y Navarro sustituye a una edificación en planta baja que acogía parte de la antigua escuela y conforma una extensión de las antiguas instalaciones, situadas en un edificio de estilo modernista, rehabilitado por estos mismos arquitectos, donde actualmente se encuentran las aulas de los alumnos de preescolar. La integración del viejo y el nuevo edificio se realiza a través de la diferencia que supone añadir al edificio modernista un volumen cúbico. En las tres plantas del nuevo edificio se distribuyen los equipamientos propios de todo colegio: aulas, oficinas administrativas, comedor, gimnasio, biblioteca, espacios para reunión y tutorías.

AIA no sólo están especializados en instalaciones sino que hacen hincapié en su diseño. Colaboradores en importantes obras de Dominique Perrault, éste arquitecto ha reconocido y elogiado el concepto moderno y dinámico de entender la profesión de este estudio, que combina arquitectura, ingeniería y diseño y que dedican fundamentalmente su trabajo a diseñar sistemas de instalaciones. En este proyecto, revistiendo conscientemente la acción arquitectónica de una motivación pedagógica, Salazar y Navarro se han esforzado por lograr que las placas destinadas a la captación de energía solar se incorporen a la estructura de manera que se ponga al servicio de la expresión del edificio, con objeto de que los niños y niñas perciban esos elementos con naturalidad. Esto se hace patente en la forma en que se incorpora una placa fotovoltaica en la fachada exterior, que contrasta con la interior por su austeridad -de manera que visualmente puede pasar totalmente desapercibida al quedar totalmente integrada en la piel del edificio- y en donde destaca, a la manera de un grafiti, el rótulo con el nombre de la escuela. Esta placa genera un producción eléctrica de 5 kw.En la azotea del edificio unos colectores solares cubren prácticamente el 100% de las necesidades de uso energéti-co de Gitanjali. El tratamiento de aire y la ventilación se producen mediante un climatizador que recoge aire exterior de la cámara formada por la fachada interior y la placa fotovoltaica que se introduce controladamente en el interior: en invierno, el aire caliente obtenido por la radiación solar es impulsado dentro de los diferentes espacios de la escuela, permitiendo la reducción del consumo de gas; cuando las temperaturas son cálidas, el interior recibe aire desde la cara norte del edificio, complementándose con un sistema de acondicionamiento del aire. El aire caliente entra por finas rajas hechas en el cielorraso y los radiadores son sustituidos con el diseño de un zócalo radiante. El edificio se ha dotado de un pequeño sistema de control centralizado que permite programar y visualizar el funcionamiento desde internet, recogiendo y almacenando los datos de mantenimiento y ahorro energético de dichos sistemas.

De la misma manera que el espíritu renovador con que se fundaba Gitanjali fue fruto de un deseo de invertir un concepto tradicional y anquilosado de escuela que partió de una reflexión sobre la propia experiencia como alumnas de Illana, Padrós y Giné, es como si el proceso de creación de este edificio por parte de Salazar y Navarro hubiese consistido también en llevar a cabo ese ejercicio de memoria, que suele ser habitualmente literario, de retroceso a los sentimientos de la infancia y de evocación de lo que suscitaba en nosotros el espacio y la dinámica del colegio: el concepto sobre el que los arquitectos han basado su proyecto gira en torno a la convicción de que el edificio de un colegio debe poseer el mismo espíritu que los niños y niñas: «tiene que ser vivo, alegre y cercano; no un simple contenedor frío y despersonalizado», sostienen. Evidencia de esa concepción es la sensibilidad en el tratamiento de la fachada interior, encarada al patio de recreo y por ello la fachada del colegio que los pequeños viven, llena de contrastes en colores vivos con la intención de desmitificar la trascendencia que representa para un niño el colegio.

El edificio de Gitanjali surge de la conjunción y el acuerdo sobre valores y objetivos compartidos: algunos, buscados y otros, surgidos con el azar. El encuentro de este estudio de arquitectos con un proyecto de escuela fundado en los valores de libertad y su determinación para realizar una escuela sostenible, racional y que en cuyo diseño primara el ahorro energético, logrando a la vez transmitir desde su misma estructura sensaciones de afecto, seguridad y respeto, hibrida, en un mismo compromiso, creatividad y ética. En este caso, también prolongando, poniendo al día y revitalizando aquellos ideales con los que nació Gitanjali hace 40 años.

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