Casa Gialla

gon architects
Se transforma un espacio abuhardillado con vigas de madera, oscuro y compartimentado, en un lugar luminoso, diáfano y flexible a partir de dos acciones sencillas y precisas como son demoler y equipar.
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Existe una expresión popular italiana, il dolce far niente, que nombra un modo de vida vinculado al placer de no hacer nada, siendo posiblemente esta actitud desocupada y ociosa una de las formas de estar en el mundo que más activan la creatividad del ser humano. 

Con esta filosofía de vida, que renuncia a las prisas y apuesta por una existencia reposada, se proyecta la casa gialla, la reforma de un piso de 47 m2 situado en un edificio cerca de la muy céntrica y turística Puerta del Sol de Madrid.

Pragmática y para disfrutar fueron los dos requisitos de partida que nos plantea Ceci, la propietaria de la vivienda; una mujer italiana de una localidad del norte de Milán, Cassano Magnago, amante del diseño, la tecnología y la buena vida. 

Bajo las premisas de Ceci se transforma un espacio abuhardillado con vigas de madera, oscuro y compartimentado, en un lugar luminoso, diáfano y flexible a partir de dos acciones sencillas y precisas como son demoler y equipar.

 1) Se eliminan los tabiques existentes, que dividían en exceso la casa en distintas estancias, escasamente iluminadas y ventiladas, y que incluían un salón-cocina-comedor, dos habitaciones, un pequeño baño y una terraza destartalada.

 2) Se ocupa el perímetro de la casa con fragmentos de un sistema de almacenaje a distintas alturas, siendo el principal un mueble permeable y lineal de 5.60 metros de longitud, 60 centímetros de profundidad, 2.30 metros de altura y de color amarillo mostaza.

Esta operación de almacenamiento perimetral libera el centro de la vivienda, que se convierte en una gran habitación rectangular flexible y multifuncional de 7 x 2,5 metros, vinculada a una terraza orientada al sur-oeste. En este espacio central, que cuenta con pocos y ligeros muebles como una mesa circular, dos sillas, un sofá, una mesilla y una encimera con ruedas, tienen lugar la mayor parte de las acciones domésticas; en ella se cocina, se come, se trabaja, se lee, incluso se duerme gracias a una cama abatible que hay escondida en la pared del fondo.  

El programa del resto de la vivienda comprende la habitación con vistas a la sala multifuncional a través de una ventana, un baño -con la ducha separada del inodoro y el lavabo- con doble acceso, y una terraza vinculada con el espacio central a través de un escalón girado 30º donde se encuentran tres elementos característicos de una vida hedonista: una ducha, una bañera y plantas.

La casa gialla es un oasis de optimismo en medio de la ciudad diseñado para el disfrute de Ceci, sola o en compañía; es un refugio urbano que, frente a la casa-máquina exclusivamente funcional, se reivindica un espacio lúdico y sensual doméstico donde un tiempo no productivo dentro de ella es posible y los sentidos son un material más de construcción.

Dicho en otras palabras, el proyecto favorece lo inesperado y la vida contemplativa. Es posible que ahí, tumbada sobre la colchoneta que cubre la bañera de la terraza, una calurosa tarde de verano, Ceci puede llegar a pensar medio dormida, como dice Bioy Casares en La invención de Morel, que el mundo está constituido exclusivamente por sensaciones. 

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