5.7.2010

Teatro Colón, la puesta en valor de un monumento histórico

Después de muchos años de arduo trabajo, finalmente el Teatro Colón reabrió sus puertas en mayo. Su historia, detalles de la construcción y el plan de obra de esta magnífica restauración.

Teatro Colón: un siglo de historia
El proceso de construcción del edificio del Teatro Colón fue un arduo y duro camino que requirió dieciocho años para poder completarse, desde 1890 hasta 1908. Desde aquellos años hasta nuestros días, el teatro ha sufrido diversas intervenciones que reflejan la historia de nuestro país: interrupciones, reinicios, denuncias o pedidos de demolición entre otros. En la década del ’20, solo veinte años después de finalizada la obra, se decidió actualizar las herramientas tecnológicas del teatro, para ello se le incorporó al piso de escenario un disco giratorio para utilizar durante el cambio de actos. Algunos años más tarde, en los treinta, se le agregaron talleres de escenografía. Otros treinta años pasaron y, en los ‘60, el estudio M. R. Álvarez y Asociados emprendió una segunda ampliación, esta vez muy ambiciosa, el edificio ganó 20.000 m2. Se construyeron, bajo la calle Cerrito y bajo la plaza del teatro más salas de ensayo, talleres de producción, depósitos y oficinas administrativas. Sin embargo, el protagonista de esta reforma fue el aire acondicionado que agregó confort y calidad a la sala principal manteniendo su calidad acústica. A fines de los ‘80, una nueva incorporación tecnológica mejoró el escenario: el antiguo sistema de madera de suspensión de la maquinaria escénica, accionado mediante sogas de cáñamo, fue reemplazado por una maquinaria superior de estructura metálica, accionada por motores comandados desde una central tipo microcommander. Al llegar a su primer siglo de vida, el edificio está siendo objeto de la más importante puesta en valor y actualización tecnológica desde su apertura. El escenario cuenta ahora con un nuevo sistema de control de la maquinaria escénica, el equipamiento luminotécnico ha sido completamente renovado, se renovaron dimmers, consola y varas eléctricas, se modernizaron los mecanismos del disco giratorio y el telón cortafuego, se instalaron nuevos montacargas de escena, con tapas automáticas y se lo dotó de instalaciones de iluminación de emergencia y protecciones pasivas en toda la torre escénica. Este año el Teatro Colón reabrirá en condiciones infinitamente mejores a las que presentaba hacia fines del siglo XX. Habrá recuperado su esplendor y contará con instalaciones que nada tendrán que envidiarle a las de los mejores teatros del mundo. Pero por sobre todas las cosas, el nuevo teatro estará más acorde a la extraordinaria calidad de sus artistas.

Introducción por Sonia Terreno
La necesidad de una puesta en valor y una actualización tecnológica
En este 2010, bicentenario de la Nación, el Teatro Colón reabrirá finalmente sus puertas para la Argentina y para el mundo. En los años previos a esta reapertura fue indispensable tomar una decisión. El prestigio adquirido por el teatro a lo largo de un siglo, no se reflejaba en el edificio, por no mencionar las condiciones de inseguridad a las que estaban expuestos trabajadores, artistas y público. En noviembre de 2006 la sala principal cerró sus puertas para dar inicio a los trabajos de restauración y de renovación tecnológica que la prepararían para el nuevo siglo. Esa fecha articuló el Master Plan de puesta en valor y actualización tecnológica, una etapa inicial de estudios previos, diagnósticos y primeras obras realizadas con el teatro funcionando a pleno, con otra que tomó forma definitiva en 2008. Durante esta segunda parte, el Plan de Obras Teatro Colón, se desocupó temporariamente la totalidad del edificio, decidió realizar una intervención completa, más abarcativa, y un intenso trabajo para cumplir con la nueva fecha de reapertura establecida por el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires (GCBA). La primera fase contó con un financiamiento parcial del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), mientras que la fase actual fue financiada enteramente por el GCBA. El Teatro llegó a su primer centenario en condiciones difíciles, sobreviviendo de manera precaria, con una prevención de incendios casi inexistente y con intervenciones parciales e incoherentes entre sí. Se necesitaba organizar un nuevo espacio que se adecuara a las crecientes exigencias funcionales y tecnológicas. Las instalaciones y en especial la tecnología escénica obsoletas, estaban dejando al Colón fuera del circuito de los grandes teatros líricos. El Colón de 1908, metáfora de una Argentina posicionada entre los países más avanzados del mundo, se había transformado en símbolo de un país empobrecido y decadente. Si no se tomaba la decisión correcta se iría transformando, poco a poco, en un testimonio momificado de glorias pasadas. Buenos Aires no podía perder su Teatro Colón y así lo entendieron quienes, en estos años, han tenido y tienen en sus manos la conducción de la ciudad. Fue el Gobierno porteño quien reunió los recursos profesionales, técnicos, administrativos y financieros, imprimiendo a esta acción una continuidad en el tiempo, poco común en nuestras instituciones.

Cómo se organizó la obra
Era necesario restaurar el edificio, adecuarlo a normas, equiparlo con tecnología escénica de última generación, consolidar las estructuras dañadas, renovar las instalaciones obsoletas y hacerlo eficiente. El estudio necesario para individualizar todos y cada uno de los problemas, demandó la conformación de un equipo técnico interdisciplinario, y la realización de un diagnóstico integral, como paso previo imprescindible. Una metodología rigurosa para abordar la totalidad permitió el trazado de un plan de obras que comprende tres áreas particulares: el edificio monumental, el área escenotécnica y el entorno urbano del teatro. El proyecto ha previsto la restauración conservativa del monumento, la readecuación de las áreas de servicio, el escenario, talleres y salas de ensayo y, por sobre todo, la conservación rigurosa de la calidad acústica. La operación de restauración ha tomado, por supuesto, la totalidad del teatro, pero es en las áreas de gran valor patrimonial donde se pone de manifiesto la recuperación de espacios y del código expresivo de los autores. Pisos de teselas, ornamentos, dorados y pátinas, marouflage, marmorinos y estucos, bronces y cristales, rojos de sala, un listado enorme en manos de especialistas. En la torre escénica también se ha aplicado el criterio conservativo, se han mantenido rigurosamente sus características como la pendiente, el disco o los hombros escasos, y además se lo ha dotado de mejoras funcionales. En cuanto al uso del espacio, conviene recordar que tiene 58.000m2 que se han racionalizado para la asignación de áreas introductorias de importantes mejoras para artistas. Al concluir las obras, el teatro contará con tres grandes salas de ensayo: una exclusiva para ópera, otra exclusiva para ballet y una tercera para la orquesta filarmónica; aparte de las dos salas más pequeñas ya existentes, para coro, ballet, y la rotonda de ballet. Estas innovaciones son importantes e indispensables para un teatro como el Colón, que posee una orquesta estable y una orquesta filarmónica, un coro polifónico, un coro de niños, un cuerpo de ballet estable, cantantes de ópera, un Centro de Experimentación y un Instituto Superior de Arte que cuenta también con una orquesta académica. Por otra parte, el teatro tendrá, también, una sede adecuada para el Instituto Superior de Arte, para el nuevo Centro de Documentación del teatro y para su museo. En una sociedad que viene de una prolongada inestabilidad institucional, la gran exposición pública que esta obra ha tenido, desató pasiones, voces a favor y en contra que han sido, sin embargo, la mejor prueba de la vitalidad cultural que nos alienta. Es imposible ocultar la emoción y el empeño puesto en juego para afrontar este desafío. Sin duda nuestro Teatro Colón es un gran motivador, pero otro elemento ha jugado de manera determinante a lo largo de este tiempo: el privilegio de integrar un equipo de calidad profesional y personal excepcional.

El plan de obras
Presentaremos aquí un resumen del plan de obras Teatro Colón, que será desarrollado con mayor profundidad en números posteriores. La primera exigencia fue definir las intervenciones necesarias tanto para la conservación del monumento histórico como para la adecuación tecnológica del edificio. Por esto se trabajó permanentemente con la dirección del teatro, con los técnicos y con los artistas para formular un programa acorde a sus necesidades. Aunque las sucesivas conducciones del teatro manifestaron demandas que no siempre guardaron una continuidad y hasta obligaron a modificar algunos proyectos, se pudieron establecer una serie de objetivos: más salas de ensayo, mejora en los servicios para el público, actualización tecnológica escénica, puesta en valor y adecuación de instalaciones de las áreas de mayor valor patrimonial como la Sala Principal, el foyer, y el Salón Dorado, adecuación a normas de seguridad, jerarquización del entorno urbano del teatro y recuperación de la plaza del Vaticano, entre varios otros. Todo esto, además, bajo dos premisas fundamentales: la restauración conservativa y la conservación de la calidad acústica.

El estado inicial
Uno de los grandes problemas para el relevamiento exhaustivo necesario para comenzar fue que todos los documentos de relevaciones anteriores resultaban insuficientes y obsoletos. Por esto el relevamiento se fue completando a medida que se pudieron hacer estudios más intrusivos o que requirieron la interrupción completa de los servicios o la disponibilidad de medios de elevación que aportaron las empresas contratistas a medida que fueron licitándose las obras. El proceso se aceleró cuando se pudo acceder a la totalidad de los locales del edificio, a partir de la decisión de la flamante conducción política, en el año 2008, mismo año en que se estableció la reapertura del Colón para mayo de 2010. Para evitar, en un futuro, estos inconvenientes, toda la documentación que se generó, gráfica, fotográfica, fílmica y escrita, en formato digital, pasará a formar parte de la documentación de toda la obra, disponible en bibliotecas para su libre consulta.

Diagnóstico
La puesta en valor y actualización tecnológica pudo ser resuelta luego de un profundo análisis de la existencia, observaciones e indagaciones diversas que hicieron madurar la necesidad de una intervención integral, y formular un diagnóstico de estado inicial, con vistas a la recuperación funcional del edificio a través de una restauración científica, y la reorganización de áreas, especialmente las agregadas a lo largo del siglo XX al edificio original.

Las instalaciones
En materia eléctrica la potencia era insuficiente. Para la distribución de agua se contaba con el viejo tanque madre y dos tanques subsidiarios que contenía el agua de uso sanitario y una escasa porción para extinción de incendios. Las instalaciones de extinción de fuego estaban obsoletas, fuera de norma y no había instalaciones contra incendio en la torre escénica, el sector más expuesto. Por otra parte, la tecnología escénica presentaba gran deterioro. El riesgo al que se sometió el teatro y su gente fueron altísimos y el sin número de conexiones eléctricas, de agua o de gas impropias o clandestinas que debieron ser retiradas, hablan de una verdadera falta de conciencia sobre el valor del bien patrimonial.

El proceso
Una vez trazada la estrategia general, se elaboró el proyecto macro dentro del cual cada parte se desarrolló específicamente con miras a enlazar las etapas posteriormente. Las primeras obras apuntaron a lograr la estanqueidad de la envolvente, la problemática planteada desde el punto de vista de la conservación, enfrentó conflictos como el incremento de ruido exterior a lo largo de este siglo y el deterioro de las estructuras portantes. Las claraboyas debieron resolverse teniendo en cuenta que la luz natural atravesara los vitrales de colores, para lo cual se optó por la utilización de vidrios laminados con polivinilbutiral arenado; también debía facilitarse el acceso para mantenimiento de cada vitral, por lo cual se construyó en cada “caja”, una escalera rebatible y una a compás para el vitral cúpula y se adaptaron todas las hojas perimetrales a fin de que abrieran hacia afuera. Por último, había que reducir la corrosión, para esto utilizaron contravidrios tipo capuchones de acero inoxidable. Las losas bajo los techos planos y las interiores presentaban grave daño estructural, esto demandó acciones de reconstrucción muy importantes y sin duda deberá ser controlado en el futuro.

Algunas de las obras encaradas fueron:
La Reforma Escenotécnica

Había que completar la reforma hecha en los ’80, la intervención debía mejorar la conexión con los talleres, actualizar tecnológicamente al escenario, facilitar las operaciones de montaje y desmontaje, facilitar el desplazamiento y estibado de grandes instrumentos, reubicar la cabina de luminotecnia, nivelar el foso de orquesta, mejorar el aislamiento del ruido exterior y dotar a toda la torre escénica de instalaciones de seguridad.

La sala principal
El objetivo aquí fue recuperar el esplendor y magnificencia, reducir el riesgo de fuego, ordenar el tendido de instalaciones y adecuarla a normas. El resultado es una sala que ha conservado su calidad acústica, que ha recuperado su calidad estética y que cuenta con tecnología adecuada para funcionar en condiciones de seguridad. El proyecto, además, incorporó sanitarios para personas con movilidad reducida, en todos los niveles de fácil accesibilidad. Se renovaron íntegramente los textiles restaurando todo el mobiliario de sala. Este tema requirió años de estudio y la colaboración de importantes empresas textiles del país y del exterior, lo que permitió obtener textiles ignífugos con la misma apariencia y colores de los anteriores. Escaleras de salidas de emergencia presurizadas y un sistema de detección temprana con audioevacuación y sistemas de extinción adecuados son parte indivisible de este trabajo de conservación del monumento.

Foyer principal
Esta etapa de la obra presentó particulares desafíos. La tensión entre las exigencias tecnológicas, normativas y los criterios de actuación para la puesta en valor debieron resolverse en un minucioso trabajo interdisciplinario. La metodología planteada, la ejecución de cateos y pruebas piloto y el estudio minucioso de documentación histórica permitieron arribar a los resultados buscados.

Nota publicada en la revista Revista Hábitat Número 61

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