16.9.2012

Recuperación de una vivienda porteña de los años ‘20

Galardonada recuperación y puesta en valor de una casa urbana de principios del siglo XX con tecnología actual que marca tendencias en un sector céntrico de la ciudad.

Durante las primeras dos décadas del siglo XX el arquitecto argentino, Augusto Plou, realizó obras en Buenos Aires y Santa Fe que aún perduran y que permiten reconocerlo como uno de los profesionales notables actuantes del país en ese tiempo. El egresado de la Escuela de Bellas Artes de París en 1882, además de su producción pública en la provincia de Santa Fe , dejó en Buenos Aires obras como el Hotel Metropole (luego Cecil) en Avenida de Mayo y Salta, junto con residencias de distintas escalas, entre las que se incluye la de Paraná 920.

La arquitectura ecléctica, de las obras de mayor escala de Plou, evolucionó en esta vivienda circunscripta a un lote de proporciones reducidas tanto en su frente como en su fondo, hacia un lenguaje tendiente al antiacademicismo: una imagen controlada por la simetría que al rematar en un frontis curvo, toma la totalidad del ancho y contiene un óculo en el eje de las aberturas principales; así juega con la percepción de la escala de la fachada.

Durante años fue utilizada como vivienda particular, consultorio para un médico deportólogo y gimnasio en el nivel del patio inglés, por eso la casa no ocultaba su creciente deterioro. Mantuvo una cierta dignidad debido a la nobleza de los materiales y a la calidad del proyecto para cuando fue adquirida y recuperada con el fin de ser habitada cumpliendo con esa regla de oro de los documentos sobre conservación del patrimonio que recomiendan como el mejor destino para un edificio, aquél que originalmente tuvieron.

Las tareas realizadas para la puesta en valor incluyeron el rescate de todos los materiales y elementos existentes, aunque también el reemplazo por nuevos cuando no fue posible hallar los originales; la restauración de molduras, yeserías y estucos a su estado original; la limpieza de frentes y de mármoles interiores, especialmente el de las escaleras; el tratamiento de pisos de pinotea recuperados; la puesta a punto de instalaciones, con nuevos núcleos sanitarios y adecuación de los existentes; y la creación del espacio cocina de última generación.

Así, Casaparaná, quedó lista para funcionar como lugar de residencia para extranjeros en viajes de intercambio cultural o bien vivienda permanente, para quienes valoren los beneficios de vivir la atmósfera de un Buenos Aires de 1920 con las comodidades y ventajas tecnológicas de 2010.

Los criterios de intervención
“Considerando el valor único de cualquier obra de arte, por su interés artístico e histórico, el concepto general de restauración implica que cualquier intervención debe conducir a la conservación de la obra sin transformarla”, expresa el Arquitecto Marcelo López sobre las premisas que guiaron la intervención de Arquitectónika en Paraná 920.

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Durante años, el mantenimiento había sido casi nulo; las únicas acciones tendían a evitar el avanzado deterioro y se habían ejecutado obras de reparación invasivas y sin criterio de restauro, alterando los usos con ampliaciones sin valor arquitectónico. Ante esta situación, los proyectistas se abocaron a la recuperación y conservación, con la selección de metodologías de restauración apropiadas.

Se realizó la limpieza correspondiente (eliminación de costras, pátinas y suciedad de distintas épocas) en muros interiores y fachada; pre-consolidación y consolidación de la piedra (impregnación del material con productos consolidantes) en el frente; estucado y reintegración de faltantes y partes fuertemente dañadas con morteros específicos de restauración; encolado de partes rotas en el caso de aberturas y pisos; protección superficial (aplicación de productos hidrófugos que impidan o dificulten el paso de la humedad hacia el interior de la piedra); sustitución de piezas irreparables por otras de características similares (de ser posible a partir de la cantera original); mantenimiento (seguimiento continuo del estado del edificio) para evitar el ingreso de humedad; sustitución de piezas irreparables estructurales, como los perfiles columnas de subsuelo donde debieron recalzarse las columnas centrales.

El proyecto debía restaurar, conservar y consolidar este edificio de valor patrimonial propiciando espacios aptos para un nuevo concepto de hotel cultural. El ideario que lo sustentó se basó en generar espacios que albergaran dormitorios, salas de estar, lectura y debate, biblioteca y zonas de trabajo. La premisa planteada por los comitentes fue pensar en “los escritores en interacción con la casa y con Buenos Aires”, para habitarla y producir en el contexto de la cultura porteña. La ubicación céntrica de la residencia, cercana a la Avenida Santa Fe, al circuito teatral, al medio cultural de la Recoleta y a su casco histórico, en un entorno con vida diurna y nocturna activa permite hacer de la casa una base de operaciones, junto a su carácter histórico que cierra naturalmente el proyecto planteado.

“Nuestro desafío era lograr refundar espacios aptos que promuevan o faciliten la creación intelectual escrita y la lectura creativa imbuida en una arquitectura que permita la contemplación, bajo el influjo del eclecticismo porteño de la década del ‘20 revisitada en la nueva década del Bicentenario”, dice la Arq. Mariana Yablon al comentar el trabajo. La intervención debió ser mínima, sutil, respetuosa, y audaz en los sectores renovables y en el equipamiento de líneas absolutamente contemporáneas.

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Una tarea minuciosa
Los ornamentos originales fueron rescatados y restaurados y, en algún caso, reconstruidos minuciosamente por los artesanos porteños sobrevivientes que desde pocas piezas enteras copiaron el original. En los colores se optó por neutralizar el ornato para resaltar la claridad de las proporciones. Sectores como la azotea presentaban un deterioro avanzado, con criterios constructivos y materiales de menor presencia, según respondían a las ideas de la época para las áreas de servicio, con habitaciones pequeñas de poca luminosidad y ventilación. La intervención las transformó en una gran sala de usos múltiples.

En la refuncionalización, se repensaron y materializaron varios elementos. El concepto de iluminación cenital se incorporó en varios momentos. Mediante la lucarna en el último piso (nivel del óculo en fachada), se dio vida a la sala de lectura, con salida a la terraza con parrilla tratada acorde a los conceptos del paisajismo y abierta al pulmón de manzana con edificios de época. Sobre la escalera, una preexistencia (grilla de hormigón con ladrillos de vidrio de planta circular) se recuperó para ayudar a la iluminación, y se la combinó con un ojo de buey con vitreaux.

Los cristales son un aspecto notable de esta casa. Más allá de los vitreaux de ventanas de diversas dimensiones, en fachada, aberturas interiores y lucarnas, sobre el atrio de la escalera principal y el primer piso, hay ventanas de toilettes hacia circulaciones interiores con vidrios esmerilados con motivos marinos, propios de la época. En la organización interna, los espacios se distribuyeron de modo tal de conformar ámbitos de vivienda, capaces de funcionar como una unidad o como espacios independientes con áreas comunes, salas de estar, dormitorios amplios con vestidores, todos con ventanas al exterior -a la calle o al patio de contrafrente-.

Las dos puertas de acceso desde la calle, que refuerzan la simetría de la fachada, conducen una, a la escalera principal que lleva al piano nobile, y la otra, a la que se recuesta sobre la medianera Este, que recorre la totalidad de la casa en altura, lleva hasta la terraza-parrilla con sus peldaños de mármol y baranda de herrería y madera, restaurada a su estado original. Los solados de teselas existentes en halles de pisos, provenientes de la misma fábrica que los del Teatro Colón, fueron restaurados; otros de madera y demás carpinterías no pudieron recuperarse por inexistentes, por ende fueron reemplazados por elementos contemporáneos.

Rasgos inteligentes y curiosos de la época, se han mantenido, por ejemplo, los frentes de herrería que cierran las caras de los peldaños de la escalera de acceso al nivel principal, que dejan pasar la luz hacia el semisótano y se cierra por debajo con un vidrio traslúcido. Ese espacio que hoy alberga otro dormitorio y un patio tratado paisajísticamente, tiene otros detalles inteligentes incorporados en 2009: molduras circulares indican, en dos sectores, el pasaje de conductos a fin de facilitar el acceso para reparaciones.

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Casaparaná fue una tarea de entusiasmo en conjunto entre propietarios, inversores y profesionales restauradores. Se conjugó la acertada valoración de un buen ejemplo de arquitectura de inicios del siglo XX, construido con materiales y criterios perdurables, sosteniendo un estado aún recuperable entrado el siglo XXI para hacer que esta obra resultara redituable no solo en la ecuación costo-beneficio sino en lo ambiental y cultural, contribuyendo con su permanencia a la consolidación y valorización de su entorno.

Casaparaná fue una tarea de entusiasmo en conjunto entre propietarios, inversores y profesionales restauradores. Se conjugó la acertada valoración de un buen ejemplo de arquitectura de inicios del siglo XX, construido con materiales y criterios perdurables, sosteniendo un estado aún recuperable entrado el siglo XXI para hacer que esta obra resultara redituable no solo en la ecuación costo-beneficio sino en lo ambiental y cultural, contribuyendo con su permanencia a la consolidación y valorización de su entorno. Es quizás gracias a esto que Casaparaná obtuvo el 2º puesto en su categoría B1- Recuperación y puesta en valor ( obras de menos de 1000m2) en el concurso por el Premio Iberoamericano a la Mejor Intervención en Obras que involucran el Patrimonio Edificado 2010 otorgado por la SCA y el CICOP.

Sobre Marta García Falcó
Arquitecta, FADU-UBA, 1985. Experta universitaria en Gestión Documental y Administración de Archivos (2008). Desarrolla actividad profesional independiente en proyecto de arquitectura, en el campo editorial y en investigación. Ha publicado libros de investigación histórica y periodística. Es colaboradora permanente del diario La Nación, directora del Archivo histórico de Arquitectura de la Sociedad Central de Arquitectos (SCA), editora de contenidos del sitio web de la misma entidad, e integra el Comité Ejecutivo del Museo de Arquitectura y Diseño de la SCA. Fue docente en el área de Diseño y Teoría de la Arquitectura en la FADU, UBA, y fue asesora en el área de vivienda en el ámbito nacional (ejecutivo y legislativo). Asesora del Premio SCA CPAU Categoría Ensayos desde 2009.

Nota publicada en Revista Habitat Nº 68 

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