26.9.2011

Concurso Manzana de las Luces y su Entorno, Mención

La idea es construir un edificio contemporáneo que incorpore el pasado sin copiarlo. Tanto en su composición como en sus alturas tiene en cuenta el contexto histórico y el paisaje edificado existente. Prima el concepto de mantenerse ligado por una visión única. Una arquitectura con ambición de permanencia.

• Encuadre histórico
Como un palimpsesto, la Manzana de las Luces conserva hoy en día numerosas huellas de sus “escrituras” anteriores, que se remontan a la segunda mitad del 1600, con el Templo de las Luces y en el 1700 con el Colegio San Ignacio y continúa con la Procuraduría de las Misiones y las cinco Casas Redituantes. Posteriormente en los siglos XIX y XX comienza un período de cambio en los usos en la Manzana que albergan una amplia variedad de programas como la Biblioteca Pública, la Sala de Representantes y el Consejo Deliberante. Otras significativas instituciones representativas del quehacer cultural también han tenido su asiento en dicho solar como distintas facultades de la Universidad de Buenos Aires.
Ante un tejido urbano tan singular, el protagonismo de un sistema de patios, estructurado a través de toda la manzana, da vitalidad y fundamenta la individualidad de cada uno de los edificios históricos existentes que se asocian al nuevo, creando un recorrido natural y asociativo del conjunto. Un espacio de uso activo del patrimonio para la difusión de los recursos culturales, un espacio de contemplación, interpretación y resignificación del lugar. Frente al desafío de “escribir” otra nueva huella sobre la misma superficie, se hace necesario dejar claramente diferenciada que la propuesta consolide el pasado y lo enriquezca, haciendo legible la nueva traza, dejando al máximo el nivel de autenticidad de las trazas existentes y facilitando la relativa posibilidad de reversibilidad en la intervención.

• Propuesta
La nueva intervención debe aumentar la calidad de la preexistencia, pero sin condescendencias, en paralelo lo antiguo enriquece y da marco adecuado a lo nuevo. A partir de la intervención se trata de “contar” en clave arquitectónica el antecedente, su valor histórico a través de lo nuevo, revelando el pasado latente. La imagen y el carácter institucional del nuevo edificio se visualizan a partir de la relación entre el uso y su significado dentro del paisaje urbano, la relación entre lo público y lo privado.

• Ocupación, volumen, espacio, vacío patio
Surge la necesidad de adaptarse al contexto histórico, creando un amplio espacio vacío entre lo que aparecen, superficialmente, dos volúmenes prismáticos de gran racionalidad. Buscando la mayor flexibilidad de uso y la garantía de continuidad, se escogió una solución definida por dichos volúmenes de diferentes alturas que están conectados por un anillo perimetral al patio deudor de la forma tradicional de claustro. El volumen que da a la calle resuelve un plano de fachada que se enrasa con las edificaciones preexistentes y la vez construye el espacio de la calle y se vuelve permeable y transparente a nivel cero para hacerse cargo de la voluntad urbana del conjunto.
En las fachadas interiores se sostienen dos propósitos fundamentales: por un lado, la intención de trabajar con una imagen de transparencia como alternativa a la caja opaca de los edificios históricos y por otro, la creación de un orden de doble altura, recurso que aporta jerarquía y complejidad de lectura, en las fachadas enfrentadas que definen y enriquecen la espacialidad propia del patio. En este caso, el edificio no solo debe mediar formalmente entre distintas alturas, materialidades y lenguajes arquitectónicos sino que la funcionalidad propia que requiere hace necesario un encuadre acorde a escala del hombre y su uso. La unión de los diferentes espacios de manera orgánica enriquece su identidad y genera situaciones funcionales y visuales que complementan su particular implantación.

• Circulaciones, recorridos, conexiones nivel cero
Queda presente la idea de “unir” los puntos de interés del CNP y del CNM a través de recorridos orgánicos para fortalecer sus identidades y generar situaciones funcionales y visuales que complementen su identidad. Una trama de patios interconectados integra los recorridos existentes en cada uno de los edificios linderos haciéndolos confluir al gran espacio central del nuevo conjunto. Este patio equipado para el público, el “ágora” del conjunto, a la vez funciona como conector con el acceso y el espacio urbano de la calle Perú. Desde el punto de vista espacial se pretende conseguir un sistema claro, enmarcado por volúmenes que gravitan alrededor de un gran espacio central al aire libre y definidos por una estructura de gran expresión tectónica que registra la cambiante experiencia de la incidencia de la luz a lo largo del día. El ingreso al complejo, que combina funciones que son compatibles pero a la vez deben contar con la suficiente autonomía espacial y circulatoria, se constituye en un dispositivo espacial dinámico que permite la afluencia de público y de personal y su distribución entre los distintos sectores.

• Organización funcional, programa.
Dos grandes ámbitos componen el programa: la Comisión Nacional de Museos y de Monumentos y Lugares Históricos y el Centro Nacional del Patrimonio. La planta baja, con cafetería, el patio, los halles, exposiciones temporarias y los accesos a todo el conjunto, aporta al edificio un ingrediente de “urbanidad” adicional. El bloque sobre la calle alberga las dependencias de la CNM distribuidos en dos niveles. En el primer piso, el área directiva y el salón multiuso y salón de exposición con expansión hacia el patio. En el segundo, las áreas técnicas y administrativas. En el otro bloque, los organismos que conforman el CNP, se posicionan en distintos niveles para garantizar su independencia funcional, con usos de mayor afluencia de público como Auditorio y Escuela Nacional de Museología en el subsuelo y los primeros niveles. Los núcleos de servicio se organizan de manera tal que las distancias de recorridos en planta se equilibren y se distribuyan equitativamente.

• Materialidad
La importancia del programa exige que el edificio encarne los valores simbólicos de la institución y proyecte una imagen a la vez austera y contemporánea. La expresividad del nuevo edificio está inserta dentro de la realidad argentina y latinoamericana, desde esa óptica se apunta a consolidar un recurso y una tecnología que pueda ser factible y contemporánea a la vez. La cuestión de la escala resulta decisiva en todo el proyecto. El nuevo edificio debe ser discreto. Lo antiguo y lo moderno deben cohabitar en armonía conceptual.
Mientras el exterior se caracteriza por la solidez de materiales que resistirán el paso del tiempo, el interior se define por sus proporciones y la presencia de la luz natural. La intención es crear una serie de ámbitos proporcionados e iluminados para trabajar, reunirse, estudiar o recorrerlos dentro de una espacialidad dedicada al rescate de la historia y el patrimonio de la ciudad. La utilización de materiales nobles y de probada eficiencia lo une y lo diferencia a la vez en una convivencia entre el hoy y el ayer en clave contemporánea, mientras que la inserción de “bandas verticales” de cristal en el frente evita cualquier unión forzada con sus edificios vecinos. Frente a estas variadas demandas, el nuevo edificio mantiene por un lado la integridad volumétrica y por otro trata de responder con deferencia a las distintas sugerencias y solicitaciones del entorno.

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