21.5.2013

Entrada principal a la National Gallery y nuevo acceso entre los Palacios Salm y Schwarzenberg, en Praga

En el Castillo de Praga, en el antiguo jardín entre varios palacios, actualmente reutilizados como sede de la Galería Nacional, debíamos construir un pequeño edificio que permitiera la entrada al conjunto museístico.

Dos superficies paralelas construyen el espacio otrora vacío sin sobrecargarlo: una forma el suelo y la otra la cubierta. El suelo se construye como una capa superficial de la propia tierra, se pliega sutilmente sobre sí mismo para adaptarse a los pequeños desniveles y facilitar el acceso a los edificios vecinos. Es duro, pero a la vez conserva parte de su naturaleza, orgánica, que se materializa en plantas, tierra y agua.

La cubierta, el límite que nos separa del cielo, una lámina continua que casi no llega a tocar los edificios de su alrededor, dando lugar a grandes lucernarios y generando un enigmático juego de reflejos. Una capa orgánica, cubierta de grava, que acoge los límites de un jardín secreto.

El espacio es el fluido gaseoso que se mueve entre estos dos límites.

El espacio interior, es abierto, flexible, múltiple y complejo, a la vez que luminoso. Sus límites verticales son las fachadas ya existentes, su única tectonicidad se expresa en la topografía del suelo. El resto son luz, reflejos, y el diálogo, casi sin tocarse, entre techo y paredes.

La precisión del hierro, en manos de los artesanos locales, da forma a esta historia.

Josep Lluís Mateo

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