16.9.2019

El Sucucho

Lo llamamos Sucucho, y es nuestra casa-estudio. Sucucho es una forma irónica de referirnos a lo que buscamos cuando lo ideamos.

´Sucucho: nombre masculino coloquial despectivo Habitación pequeña, sucia, precaria, mal iluminada y mal ventilada’.

El objetivo inicial radicó justamente en eso, diseñar y ejecutar una vivienda-sucucho, entendida como un espacio pequeño en el que resolver casa y espacio de trabajo. La ironía está en que, si un sucucho remite a algo precario, mal iluminado, mal ventilado, nuestro imperativo fue, desde el inicio, conseguir precisamente lo contrario, pero a su vez lograr esto en un espacio reducido que nos permitiera, por lo mismo, poder costearlo económicamente en las condiciones contextuales que precisábamos y deseábamos: una vivienda en un lote de Rosario, descartando en este sentido la perspectiva de migrar hacia el área metropolitana, de transición rural-urbana, tan recurrida en los últimos años como forma de adquirir lotes a costos accesibles.
A partir de allí, resolvemos esta vivienda en un lote urbano de 4×4 m, transitando una línea oscilante entre deseo/ideal/recursos concretos.

Entre las operaciones sobre la trama continua de ladrillos en sus distintas condiciones de opacidad, y las operaciones de substracción sobre la masa volumétrica, existe una búsqueda orientada a configurar los espacios como una pausa, un punto intermedio, en la transición entre lo material tangible y lo material intangible. Los planos de luz son borde, o la opacidad de la trama de ladrillos continua es borde, o una transición entre una y otra situación es borde. La percepción de los espacios a la altura del ojo se relativizan con la divergencia de las alturas, los contrastes, las oposiciones.
Los límites interior-exterior se desdibujan, las dimensiones también. Los valores absolutos se relativizan. No se trata de las dimensiones sino de las proporciones, no se trata tanto de la luz como presencia absoluta como de su aparición en distintas condiciones de filtro, de los reflejos y de sus miles de juegos de sombras.

En un sentido programático, pero en la misma línea, no se trata de la cualidad sustantiva de los locales de la vivienda, como de las acciones que posibilitan: no existe el local cocina, existe la acción de cocinar; no existe el local oficina, existe la acción de trabajar; no existe el local living, existe la acción de sentarnos cómodos y reunirnos; no existe el local patio, existe la acción de salir al exterior y tomar sol.

Existe en esto una siempre presente relativización, divergencia, entre lo que cada espacio es objetivamente –una reducida huella de 4×4 m- y lo que resulta subjetivamente –espacios de vida-. Nos interpelamos sobre hasta qué punto las cualidades de luz, de visual, de elocuencia espacial, de optimización de equipamiento y mobiliario, pueden enriquecer no sólo la percepción sino además el uso de espacios que en otras condiciones subjetivas, pero iguales objetivas, resultarían mucho menos deseables para permanecer, para vivir.

Entre una y otra reflexión, el sucucho nos significa una siempre presente experimentación. Transcurrió y transcurre como un ida y vuelta entre lo que creemos –idealmente- y lo que podemos –concretamente-, en una siempre constante interpelación a nuestros posicionamientos e ideales frente a lo que entendemos que debemos ser y hacer como arquitectos, frente al rol de la vivienda hoy y frente al interrogante sobre cuál es el ideal de ciudad contemporánea actual.

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