16.12.2004

Centro Cultural de la Cooperación

Memoria Descriptiva:
Prólogo

No es posible describir este proyecto, sin considerar las características particulares de su promotor: el Instituto Movilizador de Fondos Cooperativos, una Institución que estaba por cumplir 40 años y que desde sus comienzos había desarrollado una intensa actividad de promoción de nuevos valores en todos los ámbitos de la cultura, contando por lo tanto con una gran experiencia en la organización de eventos y manejo de público.
Desde la convocatoria misma al concurso por invitación entre once estudios de arquitectos, el IMFC sugería un proyecto que sirviera para la difusión de esos valores, que invite a la integración y a la participación popular, capitalizando la privilegiada ubicación del proyecto sobre uno de los ejes culturales de Buenos Aires: la Avenida Corrientes, frente al teatro San Martín.
Los responsables del Centro Cultural de la Cooperación fueron parte del equipo de proyecto, aportando su determinación en la búsqueda de un lenguaje contemporáneo pero austero, sugiriendo el uso de materiales nobles y duraderos, que les permitiera lograr con los menores recursos posibles, las máximas prestaciones técnicas, dada la característica no comercial del emprendimiento.
El programa de necesidades básico para el concurso, luego fue pulido y rearmado en reuniones específicas con cada uno de los departamentos en que se dividía el Centro Cultural. Allí es de donde surgió luego de intensos debates el programa definitivo, y entre otras decisiones, la de crear salas de teatro multifunción, o la duda sobre nuestra idea de integrar en la planta baja cuatro actividades como librería, varieté, cafetería y exposiciones. Esto promovió la solución de crear para ciertos espectáculos, un sistema de paredes móviles, que permiten separar la varieté de las otras actividades.
Fue un proceso difícil donde hubo que alcanzar acuerdos entre muy distintas posiciones: técnicas, de funcionamiento, económicas y de diseño, sin embargo, el respeto demostrado por ellos sobre las decisiones de proyecto y nuestra obsesión por interpretar el solidario espíritu de participación popular de los hechos culturales que allí se realizarían (recordemos que el pequeño monto que se cobra en concepto de entradas se distribuye entre las compañías, que en la mayoría de los casos son cooperativas. En muchos casos el borderó surge de lo que se recolecta a la gorra) constituyeron una relación hasta ahora inédita en nuestra carrera profesional.

También te puede interesar
Utter Space cuando el diseño no es solo creación, sino explorar y elegir

Proyecto
La complejidad del proyecto para el Centro Cultural de la Cooperación, giraba alrededor de tres polos básicos:
a- La premisa del CCC sobre la integración e inserción urbana con la calle Corrientes.
b- La organización de un programa con mucho acceso de público y con grandes superficies de halles y foyers en un terreno angosto.
c- El lenguaje expresivo de «la caja» resultante del código, con el agregado de que no teníamos suficiente FOT para llegar a la altura máxima de la Avenida Corrientes.

La idea para la organización del programa consistió en agrupar las actividades públicas culturales en la parte baja del edificio, desde el 2do subsuelo hasta el 4to piso, el sector privado administrativo, de dirección, estación de radio y personal del CC en la parte superior y los sectores de máquinas y apoyo técnico en los extremos del mismo, es decir en el 8vo piso y el 3er subsuelo.

Esta idea de organización se envasa en un edificio de volumen compacto, con un «gran atrio», una «puerta» a escala urbana, que se abre sobre la calle Corrientes y pretende integrar esos sectores públicos como parte de su espacio urbano. En ese espacio se desarrolla toda la estructura circulatoria peatonal de halles y foyeres del edificio. En él se vive la dinámica de la gente moviéndose de un evento a otro, emparentándose con la dinámica de la calle Corrientes. Las barandas de escaleras y foyeres se resolvieron con vidrios serigrafiados para reforzar ese objetivo de transparencia e integración con la calle.
Por esta puerta de 16 metros de altura se accede a través de la planta baja al «medio» de las actividades públicas, a lo que llamamos Plaza Cultural, un espacio de doble altura en el basamento del edificio, con el acceso institucional, la librería, la cafetería, la sala de exposiciones y el teatro varieté para 120 personas. Este espacio articula las diferentes actividades culturales: hacia abajo, la sala principal y hacia arriba, sala de cámara, talleres, aulas y biblioteca.

También te puede interesar
Centro Cultural Rong, la aplicación de un sistema constructivo de adobe actualizado

La sala principal, en el subsuelo, y la de cámara, en el primer piso, están resueltas como salas multifunción las cuales, a diferencia de los teatros a la italiana, permiten puestas con diferentes tipos de organización de escenario / público, para esto se diseñaron plateas móviles y telescópicas. La velocidad en que se debían hacer cambios en las puestas, (hasta tres un mismo día) obligó a diseñar sistemas de guardado, de movimiento de paquetes de tribunas, y de encastres de barandas para optimizar los mismos.
La condición de no tener una escena fija complejizó las soluciones acústicas, de iluminación y maquinaria escénica, de apoyos técnicos de parrilla, etc., obligándonos a «universalizar» las soluciones para dotar de adecuados elementos técnicos a cada diferente puesta en escena. Es por eso que los puentes desde donde se provee la iluminación, el sonido y la maquinaria escénica ocupan toda la superficie de la sala.

A diferencia de los teatros convencionales donde se tratan de ocultar los elementos técnicos para recrear la «magia» del teatro, aquí estos se desnudan, se expresan y se ponen a disposición del director para que él tome la decisión final.
Este tipo de sala multifunción requiere también una mayor complejidad de sistemas de iluminación dimerizada, que permita asistir a la escena, (donde esta se encuentre) con una mayor demanda de carga lumínica, o a donde el director del espectáculo lo requiera, para el mismo fin se diseñaron cortinas acústicas motorizadas, equipamiento escénico con motores de izaje desplazables, y una red de cajas de piso para conectar en el lugar mas conveniente a la puesta, las consolas de iluminación y sonido.

También te puede interesar
Centro del Patrimonio de Montana

Una piel de hormigón visto sin pintar, carpinterías y vidrio gris en el mismo plano, sintetizan el lenguaje de la caja, por un lado y permite destacar sus accidentes, el atrio en la parte baja y la estructura transparente del remate por el otro.
En el mismo plano de la línea municipal, una estructura con la cartelera identificatoria del centro Cultural, funciona como marquesina y como cierre nocturno.

Con respecto al volumen edificado, la superficie total del edificio no permitía alcanzar la altura máxima de la Av. Corrientes, 38 m. Por esa razón se proyectó la biblioteca de doble altura y se escalonaron en el frente y contrafrente los niveles del 7° y 8° pisos.
Sin embargo, en ambas fachadas una piel de acero y aluminio conforma la línea municipal y de retiro de frente del edificio, generando un volumen compacto de 38 m de altura hacia el exterior y jardines interiores en los pisos 7° y 8°.
La piel de vidrio de la fachada está serigrafiada con textos alusivos al Centro Cultural para «filtrar» la transparencia directa desde el exterior

AQUILINO GUERRA – MARTIN MOLLER – JORGE VAHEDZIAN
Arquitectos

Para poder subir obras es necesario acceder con una cuenta ARQA

Para poder solicitar la creación de un grupo es necesario acceder con una cuenta ARQA

Para poder guardar en favoritos es necesario acceder con una cuenta ARQA

Para poder valorar obras es necesario acceder con una cuenta ARQA

Para poder agregar a este usuario a tu red de contactos es necesario que acceder con una cuenta ARQA

Para poder enviarle un mensaje a este usuario es necesario que acceder con una cuenta ARQA

Ir a la barra de herramientas