31.5.2011

Casa Vlady, reciclaje en Palermo

Se trataba de una vieja casa PH, típica del barrio de Palermo de la Ciudad de Buenos Aires. Si bien la obra original tenía unos 100 años de antiguedad, una salvaje intervención de sus propietarios en los años ’70 la había dejado al borde de lo irreconocible.

 

 

 

 

 

 

 

Los grandes ventanales con sus típicas celosías de madera habían sido curiosamente reemplazados por ventanas estandarizadas de chapa doblada. Los altos techos (4m) de bovedilla habían sido rebajados a medidas oficinescas por unos enigmáticos cielorrasos suspendidos. Los hoy en día inconseguibles pisos de pinotea, ocultados por unas alfombras moquetas del color más querido de la época: el beige… Ambos baños y la cocina habían sido totalmente “modernizados” y, otra vez, el querido color reaparecía en los enlozados de inodoros y en la fórmica de las alacenas. Por último, el patio había sido ultrajado por una precaria techumbre metálica y la terraza, condenada al ostracismo.

El panorama era alentador
La primera decisión fue mantener inalterada la fachada a la calle, ya que era de las pocas cosas que habían superado con éxito el tsunami setentista. De ahí para adentro, todo sería un intento por recuperar la esencia perdida y, a la vez, imprimirle un necesario nuevo sello de los tiempos. Se demolieron tabiques divisorios internos y cielorrasos, se desmontaron estructuras metálicas, baños y cocina; se apuntalaron los techos y se “vaciaron” las fachadas al patio. Así, la fundamental operación del proyecto había concluido en las primeras semanas de obra: la casa respiraba, estaba inundada de luz y los espacios no podían ser más amplios. A la vez, la vieja tradición constructiva aparecía ahora a nuestros ojos en el perfil antes oculto de las bovedillas, en el lujoso entablonado de pinotea y en el espesor faraónico de los muros. El resto de la obra consistió en “cerrar” correctamente la casa: se usaron grandes carpinterías de madera en las fachadas al patio, en un intento por interferir lo menos posible en el camino de la luz y de recuperar la antigua calidez de los cerramientos de madera. La planta baja se trató como un único gran espacio, que, con la interposición de un volumen bajo (el toilette) agrupa una zona de vivir y otra de dormir. La terraza fue el foco de las mayores intervenciones: se construyó un estudio con una pérgola, un gran cantero y una pileta que recorre la balaustrada de la fachada y “flota” sobre el techo de la vieja casa palermitana. El patio se conservó intacto, desde sus medidas y proporciones hasta la escalera y el revestimiento granítico (muy típico) del piso. De esta manera el pequeño claustro funciona hoy como una suerte de espacio neutro donde el resto de la casa se encuentra y se reconoce, histórica y a la vez atemporal.

También te puede interesar
Casa de Anguía | Finalista Premios FAD 2020

El detalle: el Toilette
El toilette es un buen ejemplo del problema que se vuelve solución. Resuelto en un volumen muy bajo la mitad exacta de la altura del espacio que lo envuelve—¬ el toilette separa y une al mismo tiempo las zonas de vivir y de dormir. Su escasa altura permite la continuidad espacial de los ambientes que delimita, a la vez que por su volumen resulta un mejor separador que un simple tabique divisorio. Por otro lado su propio techo se ha hecho en vidrio, permitiendo el ingreso de la luz solar durante el día y, a la inversa, funcionando como una misteriosa lámpara en la noche.

 

 

 

 

 

Para poder subir obras es necesario acceder con una cuenta ARQA

Para poder solicitar la creación de un grupo es necesario acceder con una cuenta ARQA

Para poder guardar en favoritos es necesario acceder con una cuenta ARQA

Para poder valorar obras es necesario acceder con una cuenta ARQA

Para poder agregar a este usuario a tu red de contactos es necesario que acceder con una cuenta ARQA

Para poder enviarle un mensaje a este usuario es necesario que acceder con una cuenta ARQA

Ir a la barra de herramientas