4.8.2015

Casa Tamborini

Buenos Aires. Barrio de Núñez. En una calle muy arbolada, un viejo PH al fondo. Los dos ambientes en planta baja son prácticamente inutilizables: humedad, encierro y penumbras incluso a las 12 del mediodía.

Una cocina diminuta y un baño muy precarios. El patio, minúsculo y cerrado por un techo de chapa. La terraza, por el contrario, es totalmente abierta y a la espera de ser colonizada.

Nuestra intervención decide conservar la caja muraria original intacta. Todos los tabiques internos y los agregados son demolidos. Con el interior vacío, la centenaria losa de bovedilla es descubierta y sostenida por dos nuevas vigas metálicas y una única columna que se dispone en el centro de la casa. La viga más próxima al borde del patio se materializa con un reticulado de herrería de 8,66m de largo, de sección suficiente para evitar columnas intermedias y así dejar sin interrupciones la comunicación del interior con el exterior.

Resuelta la estructura –una vez más, como forma de inundar de luz un viejo recinto– el resto de la casa prácticamente se diseña a sí misma. Un gran espacio de estar en planta baja, con una cocina incorporada y un toilette, un lavadero y mucho espacio de guardado. Una nueva escalera interior comunica con la vieja terraza que ahora tiene dos dormitorios y un baño, con la posibilidad de transformarse en un gran dormitorio en suite. La planta alta se retira del patio para permitir que a éste le llegue más luz y a su vez incorporar un balcón corrido. Una escalera exterior permite subir a la nueva terraza, un piso más arriba, desde la que se puede apreciar el fabuloso pulmón de manzana.

Como forma de mantener vivo el recuerdo de la vieja construcción, la bovedilla se deja a la vista, al igual que la totalidad de la caja muraria que envuelve la planta baja, con sus ladrillos vistos pintados de blanco. Una línea a los 2,10m de altura divide sutilmente en dos el gran espacio, y de ella se toma la pieza de madera que en un único gesto resuelve la cocina, los pequeños recintos del toilette y el lavadero, el arranque de la escalera y el espacio de guardado. De esta forma, incluso los locales cerrados reciben luz natural de forma cenital, mediante cielorrasos vidriados que dan al gran espacio.

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La importante carpintería que separa interior de exterior cuenta con tres hojas corredizas de madera que se apilan a un costado. En verano, la casa se abre por completo: interior y exterior se vuelven un solo gran espacio, con mucha luz, aire y la presencia inmediata del verde.

La casa Tamborini, mediante dos o tres gestos simples pero decisivos, transforma el material heredado en una espacialidad abierta y contemporánea, lista para recibir los nuevos modos de vida y durar, con algo de suerte, por lo menos otros cien años.

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