13.7.2015

Casa Sister III, en San Antonio de Padua

El programa nos pedía una vivienda permanente para una pareja con dos hijos adolescentes en un lote recientemente heredado que contenía un precedente construido con el que había que trabajar; una vieja construcción de planta baja sin ningún valor arquitectónico pero que funcionaba como un hotel para viajantes de comercio.

La Casa SISTER III se ubica en un lote convencional del suburbio de Buenos Aires en una localidad pequeña llamada «San Antonio de Padua» a unos 30 km del centro de la ciudad. Caracterizada por sus veredas anchas y arboladas, Padua, como muchas otras ciudades suburbanas, mantiene aún hoy, y en contraste con el crecimiento de la megalópolis, el clima y la sensación de pertenecer a una pequeña comunidad. Además de la oportunidad de adquirir un espacio con tamaño considerable y posibilidades de garaje, parque y piscina, algo realmente imposible para los costos de la ciudad, y sin las restricciones e impuestos de los barrios cerrados.

En este contexto el programa nos pedía una vivienda permanente para una pareja con dos hijos adolescentes (uno de ellos conviviría durante la semana y el otro esporádicamente) en un lote recientemente heredado que contenía un precedente construido con el que había que trabajar; una vieja construcción de planta baja sin ningún valor arquitectónico pero que funcionaba como un hotel para viajantes de comercio. Un programa bastante atípico para una localidad de estas características.

Esta construcción que ocupaba toda la superficie del terreno, fue demolida en gran parte, y se decidió mantener, por su utilidad, el sector más antiguo y sólido. Al que se le realizaron una serie de operaciones sencillas de apertura hacia el exterior y demoliciones mínimas para ampliar algunos espacios.

Estas sustracciones, entre otras cosas, transformaban el pasillo de acceso en un pequeño patio central, eliminando su cubierta y logrando mutar una circulación oscura y sin ventilación, en un pequeño pulmón para la planta baja. Este espacio conforma el acceso, se alinea con la cocina y separa la zona de dormir del sector público.

Hacia un lado de este pasillo devenido en patio se mantuvieron dos habitaciones pequeñas más un baño, (componen el sector privado de los adolescentes) y hacia el otro lado solo se demolió un muro que dividía la recepción del hotel, logrando un gran estar comedor de vista y ventilaciones cruzadas hacia la calle y el parque.

Por encima de esta especie de pieza neutra, híbrido entre lo existente y una arquitectura muy depurada, se construyó y ubicó el cuarto principal, con un pequeño estar, baño y cambiador.

Esta construcción adosada, en contraste con la vieja, pesada y de muros gruesos, con ventanas enmarcadas por mampostería y neutra en su lenguaje: Debía sentirse nueva, liviana y transparente; nos interesaba su total disociación con lo existente. Por eso decidimos construir un artefacto metálico que se posase sobre lo viejo como una pieza atractiva que soporta la imagen del edificio y termina de componer al conjunto como un nuevo paisaje.

Desde el interior, solo el hueco de la escalera que introduce luz cenital en la planta baja cuenta de su existencia, desde el exterior este nuevo elemento es la imagen de la casa.

Seguimos, en línea con nuestros trabajos anteriores, sumando en esa serie de elementos adosados ya construidos, una nueva opinión sobre las cubiertas de la ciudad; adoptamos una estética de azotea, construyendo un objeto común al mundo de las cubiertas; de chapas galvanizadas, zinguerías y membranas brillantes, un artefacto eficiente que toma y expulsa el aire, que permite filtrar vistas con mecanismos de oscurecimiento y control de la privacidad, y que otorga, al que lo vive desde el interior, una visión distinta de la ciudad, acentuando elementos de la naturaleza como las distintas luminosidades del cielo, o los cambios en la vegetación según las estaciones.

Y al mismo tiempo queriendo construir un acento en la trama anodina y homogénea del suburbio, retomando el espíritu de la vanguardia, que en algunas décadas como la de los años 60 y  la de los 70, han marcado a ciertos lugares con construcciones domésticas osadas e inspiradoras, cuyos ciudadanos han sabido transformar en hitos y puntos de referencia para la memoria y la cultura de una localidad pequeña.

Serie Casas Sister
La SISTER III es parte de una serie, compuesta por otras dos casas, las SISTER I y II , que inicia en el 2001, año de la crisis económica y política en la Argentina. En conjunto y revisitadas cronológicamente parecen describir la historia de una pareja joven en el contexto socioeconómico local y sus dificultades para acceder a la vivienda. También cuentan el proceso de cambio que sufren las ciudades a partir de la economía y de las ofertas del mercado. Desde las subtramas en la ciudad; casas que crecen detrás de otras casas ocupando espacios casi ilegales; hasta la necesidad de alejarse del centro de la ciudad y de núcleos sociales y laborales ya conformados, por el solo hecho de obtener más espacio y comodidad en la vida doméstica.

En nuestra opinión, la historia que narran estas tres casas, es una historia latinoamericana común, en donde al parecer las oportunidades para las familias recién nacidas son escasas, sin apoyo de políticas de estado que contribuyan al crecimiento natural de estas pequeñas economías domésticas. También es la historia común de las familias y de lazos fuertes e irrompibles, de apoyos, asociaciones y afectos que superan cualquier legislación, estado o imposibilidad económica.

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